Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Month: noviembre 2011 (page 1 of 2)

En la carretera

En estos dos meses que llevo de viaje no sé cuantas horas habré pasado sentado en un bus. Cuando fui de Buenos Aires a Trelew y de allí a Punta Arenas, pase como unas 20 horas seguidas en cada trayecto. No fue tan mal como pensaba pues los asientos cama eran cómodos y pasaban muchas películas. Además estaba fascinado por el paisaje patagónico estepario.

De Punta Arenas a Ushuaia también pasé de nuevo todo un día en el bus contando que esperamos más de una hora por el ferry y luego perdimos mucho tiempo en el puesto fronterizo chileno. Además la isla de la Tierra de Fuego es inhóspita, no tiene nada. Solo pampa desértica con corderos magallánicos. Solamente hacia el final donde los Andes se levantan el paisaje cambia tomando este aspecto. Pero el peor viaje de todos fue desde Ushuaia a El Calafate. Había que pasar cuatro puestos fronterizos: el bus sale de Argentina, cruza un poco de Chile con ferry y su espera incluida, para volver a entrar en Argentina. La burocracia más inútil del mundo.

Al dirigirme a El Calafate estaba entrando en la legendaria ruta 40 argentina, casi tan legendaria como la estadounidense 🙂

Es una carretera que recorre Argentina de norte a sur al costado de la cordillera de los Andes. Por algunos tramos no está asfaltada, es sólo una pista de tierra, aunque poco a poco hay más tramos asfaltados y especialmente en verano, hay más circulación de buses. Igualmente uno tiene la sensación de estar en medio de ninguna parte. Son kilómetros y kilómetros sin poblados, con solamente pampas alrededor. Un paisaje realmente inhóspito.

(Para ir a El Chaltén había que desviarse, pero se podría decir que el paisaje es más o menos el mismo e igualmente se tenía sensación de estar muy lejos de la civilización)

 

Esquel

El sábado por la noche llegué a Esquel, después de haber estado viajando 20 horas por la ruta 40 desde El Chaltén. Había recorrido el tramo de la carretera que estaba sin asfaltar y que estaba más aislado, pues apenas pasamos por unos pocos pueblos en todo ese tiempo.

Esquel es una bonita localidad en la provincia de Chubut, todavía en la patagonia. Sin embargo en esta región se produce un punto de inflexión en el paisaje. Se pasa de la estepa patagónica al bosque andino propiamente dicho.

Aquí estoy haciendo una parada de un par de días para descansar y retomar fuerzas. Me alojo en un hostel en el que soy el único cliente, así que tengo la cocina y el ordenador sólo para mí. En la habitación estoy sólo por lo que es el lugar perfecto para descansar y retomar fuerzas. El martes me dirigiré al Parque Nacional de los Alerces, donde tengo intención de acampar algunos días y hacer varias excursiones, por lo que el parón está justificado.

 

El Chaltén

Después de haber podido descansar ocho horas en varios días, desayuné y me levanté de nuevo temprano para ir a la estación de buses de El Calafate. Había comprado un bus desde El Chaltén a Esquel (donde estoy ahora) para dentro de dos días, lo cual sólo me dejaba dos días en El Chaltén. Quería cambiar la fecha del billete pero no tenía la seguidad de poderlo hacer, por eso tenía que ir de todas maneras a El Chaltén cuanto antes. Por suerte pude cambiar la fecha, lo cual ya me dejaba tranquilo, iba a poder disfrutar de la capital del treking argentina unos cuatro días.

Llegué a El Chaltén por la tarde y me instalé en uno de los campings. Mis ganas e ilusión eran tales que no me importaba no estar tan cómodo como en un hostel y además es un pueblo caro, pues está bastante aislado de todo. Igualmente pensaba dormir en los campamentos de la montaña como una o dos noches y así me iba aclimatizando de nuevo.

El tiempo era estupendo y desde el pueblo se divisaban los picos Fitz Roy y Cerro. Dos montañas imponentes por sus paredes verticales rodeadas de glaciares que son uno de los mayores desafíos para los escaladores de todo el mundo. El Chaltén se encuentra también en el Parque Nacional de los Glaciares, pero en el otro extremo. Hay que decir que el parque es gigantesco pues cuenta con 7.240 kilómetros cuadrados.

Ingenuo de mi no les saqué muchas fotos. Mal hecho, al día siguiente amaneció nublado. Una gruesa capa de nubes formadas por los vientos húmedos del Pacífico ocultaban toda la vista. ¿Cómo era posible? Fui al centro de visitantes del parque a informarme de las excursiones y daban mal tiempo para los próximos días, y lluvia para ese. Así que me quedé en El Chaltén el primer día, viendo pasar las horas en el camping casi vacío.

Por suerte me encontré por la tarde a Or, un israelita que había conocido en el hostel de El Calafate. Queríamos hacer el mismo treking y decidimos hacerlo juntos al día siguiente. Amanecimos de nuevo con un cielo gris y nos dirigimos hacia la Laguna de los Tres, frente al pico Fitz Roy.

Evidentemente no veíamos la montaña que había que ver tras el lago, sólo vemíamos roca, agua y hielo. ¡Qué gran frustración!

El tiempo fue inclemente con nosotros y cuando llegamos al lago un viento helado nos venía de frente y mientras bajábamos al campamento donde íbamos a hacer noche, empezó a caer nieve.

Esta vez había alquilado un camping gas por lo que pudimos hacer té caliente y un arroz con legumbres que nos sentó estupendamente. A las 21 ya nos estábamos yendo a dormir, era imposible estar fuera, aunque el campamento estuviera en el bosque, al refugio de los árboles. Cuando nos despertamos el jueves, el segundo día del treking, seguía nevando y las montañas seguían cubiertas. No se podía ver absolutamente nada.

Así que tristes y resignados cambiamos de valle para dirigirnos a la Laguna Torre, a los pies del monte Cerro. Tampoco pude verlo ese día y volví a El Chaltén apesadumbrado, cansado y con frío.

Me cambié del camping a un hostel, era mi última noche y quería descansar. Además mi saco y mi tienda estaban mojados y quería secarlos. Coincidía que el jueves era el día de Acción de Gracias estadounidense, y había unas chicas californianas que cocinaron un montón de comida y me invitaron a su pequeño banquete. Hice un poco de vida social, que necesitaba tras la solitud en el camping y dormí como un bendito.

El último día en El Chaltén, el viernes, me lo tomé más tranquilo y junto con un compañero de habitación, un policía de Buenos Aires, hicimos una pequeña excursión a una cascada cercana y a una pequeña loma para tener una vista de la zona. ¡Además pudimos ver cóndores!

Y entonces por fin el cielo se abrió, de despejaron las nubes y las dos fabulosas montañas se mostraron. Las había tenido bien cerca y no las había podido ver, sólo entonces desde la lejanía que brindaba la posición del pueblo las podía mirar por última vez.

Esa noche no iba a dormir mucho, el bus a Esquel salía a las 3 de la madrugada, por lo que tenía que esperar en el hostel y en la estación hasta el momento de partir. El viaje iba a ser de nuevo muy largo.

El glaciar Perito Moreno

Tras pasar tres días en Ushuaia de nuevo me subí a un autobús para pasar un día entero viajando, pero esta vez no podía continuar hasta el sur. Era el momento de poner rumbo al norte, destino al mar Caribe en Colombia. ¡Tenía toda la cordillera de los Andes por delante!

Después de haber pasado cuatro puestos fronterizos, haber esperado tres horas en Río Gallegos de nuevo, llegué a El Calafate a las 3 de la madrugada (el autobús llegaba con retraso). Además acumulaba estrés porque me había dejado llevar por la simpática chica de la agencia de buses en Ushuaia y había comprado varios billetes de antemano, por lo que al día siguiente tenía que tomar un bus a las 8 de la mañana para ver el glaciar Perito Moreno. Así que apenas dormí nada, me duché y salí disparado a la estación de buses.

El Parque Nacional de los Glaciares

El Calafate es una población en la patagonia andina argentina, que ha crecido turísticamente mucho en los últimos años. Algo bastante normal considerando que es la puerta para ver el glaciar Perito Moreno, una maravilla que se encuentra en uno de los mayores atractivos turísticos naturales de Argentina: El Parque Nacional de los Glaciares.

En las condicones de cansancio en las que me hallaba me agobiaba pensar que tendría que caminar ese día y que no podría disfrutar como el día lo merecía. Pero para mi sorpresa y suerte, lo mejor que uno puede hacer cuando va a ver el glaciar, es quedarse un buen rato en los balcones observándolo. Y es que lo que hace especial a este glaciar que es el único del mundo que sigue creciendo, es la posibilidad de estar tan cerca de él sin necesidad de hacer ningún treking y observar como pedazos gigantes de hielo se desprenden y caen al agua. Uno también puede hacer trekings sobre el hielo con una agencia, pero os podéis imaginar lo caro que es.

Así que eso hice, sentarme durante las horas que disponía y prestar atención al ruido de los desprendimientos que eran bastante espectaculares. Uno podría estar horas observando el intenso blanco y azul del hielo y las grietas y a los trozos de hielo flotando en el lago Argentino.

 

Tras haber disfrutado de la mañana en el Parque (y de haberme desprendido de mucho dinero) volví a El Calafate a descansar y tomar fuerzas para el día siguiente, pues me esperaba la otra gran atracción del parque, el cerro Fitz Roy.

Pingüino XXIX

La Tierra del Fuego

Así es el fin del mundo…

Así es el fin del mundo…

 

 

Todas las fotos están tomadas en el Parque Nacional de la Tierra del Fuego.

En La Tierra del Fuego, también viven pingüinos

Ya había visto pingüinos magallánicos en el Seno Otway, pero en la Isla Martillo había más.

Ushuaia, la ciudad más austral del mundo

El martes de la semana pasada, tras dejar la casa de Oskarina y Pepe, tomé un bus que tardó 20 horas en dejarme en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo. Aunque Puerto Williams es una población chilena en la isla Navarino que se encuentra más al sur, no se la considera ciudad, por lo que el título por el momento lo posee Ushuaia.

Tras el duro viaje me dirigí al camping La Pista del Andino, donde Fernando me recibió super bien y estuve bastante a gusto. El haber traído la tienda de campaña es una ventaja, pues una noche en el camping costaba menos de la mitad que una noche en un hostel, que no son baratos en esta parte de Argentina. Además al despertar tenía esta vista:

Ushuaia es además la única ciudad argentina y transandina. Los Andes, cuando llegan a la isla de La Tierra del Fuego tuercen hacia la derecha, dejando a la ciudad al otro lado de los Andes y en teoría en el lado del Pacífico. Sin embargo, realmente la ciudad da al Canal Beagle, que conecta el oceáno Pacífico con el Atlántico.

En la ciudad estuve tres días en los que di varios paseos e hice excursiones. Desde allí planeé mi siguiente etapa: El Calafate desde donde escribo esto, El Chaltén y Esquel, todo por la ruta 40, de la que ya hablaré. Sin embargo ahora que estoy en El Calafate me doy cuenta que no lo hice muy bien y no me he dado suficientes días en El Chaltén, capital argentina del senderismo. Estoy a la espera de poder retrasar mi bus a Esquel y poder quedarme más tiempo haciendo montaña, si es posible cambiarlo estaré unos cuatro días en El Chaltén, donde difícilmente tendré acceso a Internet.

 

No son pingüinos, son cormoranes, otra especie de ave, que aunque comparte el mismo camuflaje con los pingüinos (negro por detrás y blanco por delante) puede volar.

Pingüino XXVIII

Torres del Paine II

Los Andes son unas montañas bastatne jóvenes en comparación a los Alpes o a los Pirineos. De allí que unas montañas tan escarpadas como Las Torres del Paine estén en el extremo sur de la cordillera, tan cercanas al mar y a la llanura, y sean de tan fácil acceso.

El trecking que realicé era un “paseo” alrededor de estas montañas. Para explicarlo un poco mejor, era como hacer un semicírculo, y además uno se adentraba en dos valles para tener una mejor vista de las paredes rocosas. De allí que se le llame el circuito de la W. También es posible dar una vuelta completa, pero el nivel es ya más avanzado y se tarda entre siete y nueve días.

El desnivel y la dificultad del camino era poca, pero se hacía complicado cargar con tanto peso, sobre todo los primeros días. Además yo no estoy acostumbrado a caminar tantos días eguidos, y eso mis piernas también lo notaron.

Había mucha gente realizando el trecking al mismo tiempo. Uno aunque fuera sólo siempre estaba acompañado. Además los caminos estaban perfectamente señalizados y es imposible perderse. Personalmente tenía la sensación de estar en los Alpes pues la gran mayoría eran suizos, alemanes, franceses, estadounidenses y holandeses. Todos hablaban alemán o inglés pero uno al cruzarse siempre se saludaba con un “hola”, “grasias” y “de nahda”.

Yo conocí a Sarah, de Suiza, e hice con ella el trecking y refresqué un poco mi alemán. Cuando íabamos con la mochila caminábamos al mismo ritmo pero cuando no ella era mucho más rápida que yo. Pero siempre me esperaba donde acordábamos y comíamos y cenábamos juntos. El útlimo día lo compartimos también con un japonés que lleva siente meses de viaje or el mundo y ha vistado ya como 20 países: Shin, o algo así.

En cuanto a la comida, mi idea inicial era comer todo frío y no llevé conmigo ningún camping gas. Así fue mi primera cena:

Luego por suerte, al adjuntarme con Sarah, me procuró comida caliente y agua para hacer té a la noche. Juntábamos su comida y la mía y hacíamos cenas mucho más sustanciosas. El té por la tarde, justo antes de ir a dormir es lo que más triunfaba, especialmente si se acompañaba de vistas como esta:

La mayoría de la gente había alquilado la mayor parte del equipo de montaña. Todo el mundo había conseguido su tienda de campaña o en el hostel o en sitios dedicados a alquilar el material. Yo sin embargo, cuando preparé mi mochila tomé la decisión de llevar mi tienda de campaña. No solamente para esta ocasión claro está, si no para hacer camping en Argentina y Chile y abaratar los costes de alojamiento. Era la primera vez que usaba la tienda de campaña, y justamente en una zona donde el tiempo puede ser muy agresivo, por lo que no podía quitarme cierto temor de encima de que iba a quedar más mojado que una sopa alguna noche. Por suerte todo fue bien, no pasé frío y tampoco me mojé (aún tiene que pasar la prueba de fuego de sobrevivir a un buen chaparrón). Mi tienda ultraligera y unipersonal, se ha comportado a la altura.

Además de disfrutar de los paisajes que subí en el anterior post disfruté mucho contemplando la vegetación formada principalmente por lengas, notros y calafates, totalmente nuevos para mí y algunos animales como zorros y águilas.

Tras descansar la primera noche de vuelta en Puerto Natales, volví el domingo a Punta Arenas con Oskarina y Pepe. La verdad es que me han tratado como a un rey, y depués de cinco días como los vividos, llegar a una casa y que te den tan bien de comer y una cama tan confortable es una bendición. Después de pasar un par de días de descanso, mañana martes parto hacia Ushuaia, en La Tierra del Fuego. Allí acaba el mundo, o como algunos dicen, allí empieza.

Torres del Paine I

Durante esta semana he estado en el Parque Nacional de Torres del Paine, en la cercanía de Punta Arenas. El lunes tomé el bus que me llevaba a Puerto Natales desde donde los visitantes al parque se preparan para sus excursiones. Allí compré todos los víveres que me hacian falta y me informé sobre la famosa ruta de la W, que se realiza normalmente en unos cinco días.

El martes bien temprano por la mañana nos recogía a mí y a unas chicas holandesas que estaban en mi mismo hostel un autobús que nos llevaba al parque que estaba al ladito (digamos unas dos horas de transporte) y nos dejó junto con una gran horda de europeos ávidos de jartarse a caminar por la montaña  en la Laguna Amarga, a la entrada del parque. Allí tomábamos un minibus que nos llevaba al Refugio Torres, desde donde empezábamos la gran mayoría nuestro ansiado trecking de cinco días. Y es que las vistas que nos esperaban iban a ser de infarto:

Día 1

Lleno de emoción uno empieza a caminar hacia el refugio chileno, donde yo iba a hacer noche. Cargaba con mi gran mochilón en el que se incluía mi tienda de campaña, saco y esterilla además de la comida para los próximos cinco días. Un camino bastante fácil se hacía harto pesado debido al peso. Pero las ganas y la expectación podían con todo.

Tras poder dejar mi mochila y montar mi tienda de campaña en el campamento podía subir sin dificultad hasta el mirador de las Torres del Paine. Primero había que caminar por un bonito bosque donde la luz se filtraba por las hojas y el verde relucía brillante.

Para llegar finalmente al mirador donde uno podía quedarse horas contemplando la magnificencia de estas paredes gigantescas.

Día 2

Tras haber bajado de nuevo al campamento chileno y haber descansado a la lumbre de la chimenea uno se despertaba con el día más duro de todos por delante. No tanto por la dificultad del camino sino porque había que cargar con todo el peso durante todo el día. Todavía quedaba bastante comida por consumir, por lo que el peso seguía siendo demasiado.

Durante todo el camino uno podía contemplar un maravilloso lago turquesa a la izquierda.

Y parte de las hermosas Torres del Paine a la derecha.

Día 3

El segundo día culminaba en el campamento italiano. Desde allí partía el tercer día con la mochila pequeña a recorrer el Valle del Francés.

El camino ya era más abrupto pero recompensaba poder ver las torres que se avistaron el primer día desde el otro lado.

Y a la izquierda nuevamente un impactante paisaje de nuevas paredes verticales colosales.

Tras comer en el mismo lugar donde uno había acampado, había que cargar de nuevo con todo el equipaje para llegar hasta el siguiente refugio, Paine Grande. Mientras caminaba lentamente debido al dolor que había aparecido en mi rodilla derecha, si uno echaba la mirada atrás podía ver lo siguiente.

Día 4

Partiendo ya desde el Refugio Paine Grande uno remontaba de nuevo para cumplimentar el final de la W, en dirección al Refugio Grey, que toma su nombre del glaciar que lo acompaña. La mochila pesaba ya mucho menos pues quedaba poca comida ya, el dolor en mi rodilla no era tan problemático si caminaba despacito y la vista inicial ya indicaba que el glaciar que se divisaba a lo lejos no era un trocito de hielo.

Si no un buen trozaco del que no se divisaba el fin. Subiendo más arriba del refugio Grey se puede llegar al Campamento Los Guardas, donde iba a pasar mi cuarta noche. Allí me quedé para contemplar el atardecer y el amanecer, que debido a las nubes no se pudo observar con toda la espectacularidad que merecía.

Este es el barco que acerca a los turistas para que puedan ver de cerca el glaciar. Yo me quedo con la vista que tenía desde la montaña, pero que sirva para apreciar las dimensiones que tienen las paredes de hielo.

Día 5

El último día amanecía y aunque todo era precioso y los bosques donde se acampa me encantaban, uno empezaba a tener ya ganas de comer un buen filetaco de carne. También tocaba la parte más ligera de todo el trecking, volver al Refugio Paine Grande para tomar un barco y luego el bus a Puerto Natales.

La vista igualmente era bonita pero nada en comparación a lo visto antes.

La verdad es que he acabado bastante cansado. Nunca había caminado tantos días seguidos ni con tanto peso a la espalda. Pero sin duda que merece la pena todo el esfuerzo. Eso sí, ¡me hacen falta días para recuperarme!

Desde el catamarán se tenía mejor perspectiva de todas las peñas. Un buen broche final para los cinco días de esfuerzo y goce en el parque. ¡Aunque nada como estar cerca de ellas!

Las cámaras siempre se quedan cortas para reflejar los paisajes que representan, especialmente cuando las hace un aficionado como yo con su camarita compacta, pero espero que se perciba en estas fotos lo espectacular del paisaje y la unicidad que caracteriza a esta joya de Chile.