Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Torres del Paine I

Durante esta semana he estado en el Parque Nacional de Torres del Paine, en la cercanía de Punta Arenas. El lunes tomé el bus que me llevaba a Puerto Natales desde donde los visitantes al parque se preparan para sus excursiones. Allí compré todos los víveres que me hacian falta y me informé sobre la famosa ruta de la W, que se realiza normalmente en unos cinco días.

El martes bien temprano por la mañana nos recogía a mí y a unas chicas holandesas que estaban en mi mismo hostel un autobús que nos llevaba al parque que estaba al ladito (digamos unas dos horas de transporte) y nos dejó junto con una gran horda de europeos ávidos de jartarse a caminar por la montaña  en la Laguna Amarga, a la entrada del parque. Allí tomábamos un minibus que nos llevaba al Refugio Torres, desde donde empezábamos la gran mayoría nuestro ansiado trecking de cinco días. Y es que las vistas que nos esperaban iban a ser de infarto:

Día 1

Lleno de emoción uno empieza a caminar hacia el refugio chileno, donde yo iba a hacer noche. Cargaba con mi gran mochilón en el que se incluía mi tienda de campaña, saco y esterilla además de la comida para los próximos cinco días. Un camino bastante fácil se hacía harto pesado debido al peso. Pero las ganas y la expectación podían con todo.

Tras poder dejar mi mochila y montar mi tienda de campaña en el campamento podía subir sin dificultad hasta el mirador de las Torres del Paine. Primero había que caminar por un bonito bosque donde la luz se filtraba por las hojas y el verde relucía brillante.

Para llegar finalmente al mirador donde uno podía quedarse horas contemplando la magnificencia de estas paredes gigantescas.

Día 2

Tras haber bajado de nuevo al campamento chileno y haber descansado a la lumbre de la chimenea uno se despertaba con el día más duro de todos por delante. No tanto por la dificultad del camino sino porque había que cargar con todo el peso durante todo el día. Todavía quedaba bastante comida por consumir, por lo que el peso seguía siendo demasiado.

Durante todo el camino uno podía contemplar un maravilloso lago turquesa a la izquierda.

Y parte de las hermosas Torres del Paine a la derecha.

Día 3

El segundo día culminaba en el campamento italiano. Desde allí partía el tercer día con la mochila pequeña a recorrer el Valle del Francés.

El camino ya era más abrupto pero recompensaba poder ver las torres que se avistaron el primer día desde el otro lado.

Y a la izquierda nuevamente un impactante paisaje de nuevas paredes verticales colosales.

Tras comer en el mismo lugar donde uno había acampado, había que cargar de nuevo con todo el equipaje para llegar hasta el siguiente refugio, Paine Grande. Mientras caminaba lentamente debido al dolor que había aparecido en mi rodilla derecha, si uno echaba la mirada atrás podía ver lo siguiente.

Día 4

Partiendo ya desde el Refugio Paine Grande uno remontaba de nuevo para cumplimentar el final de la W, en dirección al Refugio Grey, que toma su nombre del glaciar que lo acompaña. La mochila pesaba ya mucho menos pues quedaba poca comida ya, el dolor en mi rodilla no era tan problemático si caminaba despacito y la vista inicial ya indicaba que el glaciar que se divisaba a lo lejos no era un trocito de hielo.

Si no un buen trozaco del que no se divisaba el fin. Subiendo más arriba del refugio Grey se puede llegar al Campamento Los Guardas, donde iba a pasar mi cuarta noche. Allí me quedé para contemplar el atardecer y el amanecer, que debido a las nubes no se pudo observar con toda la espectacularidad que merecía.

Este es el barco que acerca a los turistas para que puedan ver de cerca el glaciar. Yo me quedo con la vista que tenía desde la montaña, pero que sirva para apreciar las dimensiones que tienen las paredes de hielo.

Día 5

El último día amanecía y aunque todo era precioso y los bosques donde se acampa me encantaban, uno empezaba a tener ya ganas de comer un buen filetaco de carne. También tocaba la parte más ligera de todo el trecking, volver al Refugio Paine Grande para tomar un barco y luego el bus a Puerto Natales.

La vista igualmente era bonita pero nada en comparación a lo visto antes.

La verdad es que he acabado bastante cansado. Nunca había caminado tantos días seguidos ni con tanto peso a la espalda. Pero sin duda que merece la pena todo el esfuerzo. Eso sí, ¡me hacen falta días para recuperarme!

Desde el catamarán se tenía mejor perspectiva de todas las peñas. Un buen broche final para los cinco días de esfuerzo y goce en el parque. ¡Aunque nada como estar cerca de ellas!

Las cámaras siempre se quedan cortas para reflejar los paisajes que representan, especialmente cuando las hace un aficionado como yo con su camarita compacta, pero espero que se perciba en estas fotos lo espectacular del paisaje y la unicidad que caracteriza a esta joya de Chile.