El martes de la semana pasada, tras dejar la casa de Oskarina y Pepe, tomé un bus que tardó 20 horas en dejarme en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo. Aunque Puerto Williams es una población chilena en la isla Navarino que se encuentra más al sur, no se la considera ciudad, por lo que el título por el momento lo posee Ushuaia.

Tras el duro viaje me dirigí al camping La Pista del Andino, donde Fernando me recibió super bien y estuve bastante a gusto. El haber traído la tienda de campaña es una ventaja, pues una noche en el camping costaba menos de la mitad que una noche en un hostel, que no son baratos en esta parte de Argentina. Además al despertar tenía esta vista:

Ushuaia es además la única ciudad argentina y transandina. Los Andes, cuando llegan a la isla de La Tierra del Fuego tuercen hacia la derecha, dejando a la ciudad al otro lado de los Andes y en teoría en el lado del Pacífico. Sin embargo, realmente la ciudad da al Canal Beagle, que conecta el oceáno Pacífico con el Atlántico.

En la ciudad estuve tres días en los que di varios paseos e hice excursiones. Desde allí planeé mi siguiente etapa: El Calafate desde donde escribo esto, El Chaltén y Esquel, todo por la ruta 40, de la que ya hablaré. Sin embargo ahora que estoy en El Calafate me doy cuenta que no lo hice muy bien y no me he dado suficientes días en El Chaltén, capital argentina del senderismo. Estoy a la espera de poder retrasar mi bus a Esquel y poder quedarme más tiempo haciendo montaña, si es posible cambiarlo estaré unos cuatro días en El Chaltén, donde difícilmente tendré acceso a Internet.

 

No son pingüinos, son cormoranes, otra especie de ave, que aunque comparte el mismo camuflaje con los pingüinos (negro por detrás y blanco por delante) puede volar.