Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Month: diciembre 2011 (page 1 of 2)

Noticias de fin de año

No quería que acabara el año sin hacer pública una noticia, que muchos ya sabrán

Y es que el pingüino mochilero ¡va a tener compañero de viaje a partir de febrero! Así es. Tengo una cita en Salta, en el noroeste de Argentina para el 5 de febrero y a partir de entonces recorreré en compañía de Nicola el norte de Argentina, Bolivia, Perú y Ecuador. A partir de febrero, ¡el doble de aventuras!

Aprendiendo a viajar

El día siguiente a haber visitado el pueblo de Niebla, en Valdivia, me desperté sin ganas de hacer nada. Esta vez no había una gran razón, pues a excepción del paseo en bicicleta del día de Nochebuena, no había hecho grandes esfuerzos físicos y no tenía ningún motivo como para estar cansado. Me había ocurrido antes, que llegaban días en los que estaba muy cansado y lo único que quería era estar en el hostal sin hacer mucho, comprar comida rica y cocinarla tranquilamente como hice en Esquel, El bolsón y en Bariloche por ejemplo. En Chiloé cuando estuve en casa de Manolo también me sirvio de bendito descanso.

Estaba empezando a notar esta vez un cansancio psicológico que no sabía muy bien a qué era debido y me sentía en general muy confuso. Todo había empezado cuando me marchaba de Chiloé, donde una gran indecisión se había apoderado de mí. A diferencia de las semanas anteriores, en las que tenía muy claro dónde quería ir y las actividades qué quería hacer, estaba ya en un momento en que todo me daba igual. En Puerto Varas recuperé un poco las ganas, pero en cuanto supe que no valía la pena ir a Lago Ranco, me volví a sentir igual.

Había perdido el interés por hacer caminatas o acampar en parques nacionales pero si me quedaba más días en el hostal sin hacer nada temía sentir que estaba desaprovechando el tiempo. Al menos, mejor que estar en el hostel de Valdivia con el estupendo sol que estaba haciendo esos días podría estar vagueando en un bonito camping al lado de un lago donde pudiera bañarme y tomar el sol. Pero si pensaba a qué lago querría ir la indecisión se apoderaba de mí y las ganas de pensar se desvanecían.

 

Reflexionando sobre cómo me sentía me di cuenta de que había perdido un poco el norte. Este viaje es para mi disfrute y estoy de ¡vacaciones! Por unos días lo había olvidado y me había centrado en todo lo que quería visitar y que no quería perderme antes de mi programado paso por Santiago de Chile, donde los padres de mi amiga Julia me recibirán. No es que hasta ahora no me haya dado cuenta que es muy importante viajar despacio, con tranquilidad y que vale más la pena visitar menos sitios pero visitarlos bien y con el tiempo necesario, pero a veces uno se olvida de estas pequeñas cosas y el deseo de querer conocer muchas cosas pudo con el sentido común. Incluso a ratos se me pasaba por la cabeza que no estaba disfrutando del viaje todo lo que lo podría disfrutar, en cuanto a que podría hacer mías cosas emocionantes o que estaba dejando escapar oportunidades. También ha influido claro está, que llevo ya como dos meses de parque nacional en parque nacional, acampando en campings y en medio de la montaña y en ocasiones caminando más de un día seguido algo a lo que yo no estaba acostumbrado. Y aunque uno disfrute mucho de ello, si se hace en demasía llega a desbordar a uno.

Así que me dije, a la mierda con todo. Estoy de vacaciones, hace un calor y un sol que no lo hay en Alemania. Hay un montón de fruta fresca y buena, a buen precio que tampoco la hay en Alemania. Voy a ir a un sitio a relajarme donde pueda tomar el sol, leer y comer. Y si no veo tal pueblo o tal lago, o ese parque, pues no pasa nada.

 

Con todo este lío en mi cabeza había pasado mi día de descanso en Valdivia y amanecía una nueva mañana en en la ciudad. Yo todavía no tenía claro qué hacer. Me inclinaba por que quería pasar unos días en algún pueblecito a orillas de un lago como Panguipulli, Lican Ray o Villarrica, antes de irme a Pucón, desde donde se pueden visitar un parque nacional espectacular. Sin embargo el destino quiso que hablara con un chico holandés que venía de Liquiñe, un pueblecito cercano a la frontera con Argentina, muy tranquilo, barato y con aguas termales. Así que me dejé llevar y me fui a Liquiñe. ¿Qué me esperaba allá? Algo que me daría la paz interior que en ese momento necesitaba y que me renovaría las energías para continuar con el viaje.

Pingüino XXXIII

Valdivia

Tras parar en Puerto Varas tenía intención de ir hasta el Lago Ranco y explorar la zona. Mi amiga Marta lo había visitado hace un par de años cuando se fue de viaje por Chile y me lo había recomendado. Yo estaba super contento de poder ir a una zona que sabía que era bonita y que estaba fuera del gran circuito turístico mochilero pero justo antes de ir me avisaron de que era una zona muy afectada por la explosión del volcán Puyehue y que no podría hacer nada allí. Con la desilusión en el cuerpo por cómo había ido en el Parque Vicente Pérez Rosales y encima porque no podía ir a Lago Ranco, tomé un bus a Valdivia. Una ciudad que me habían recomendado visitar.

No podría decir exactamente qué tiene Valdivia, pero algo hay en esa ciudad que me encantó. Una ciudad de aspecto moderno (pues fue devastada por terremotos que acabaron con casi todos los edificios históricos) con muchos estudiantes y que abraza al río que la atraviesa. Tiene una gran actividad cultural y un mercado de pescado y verduras a orillas del río, que además de vender pescado a muy buen precio alimenta a unos lobos de mar que se echan a tomar el sol muy cerca de los puestos de mercado.

 

Durante mi tiempo en Valdivia estuve en un bonito hostal: Aires Buenos Hostel donde a uno lo reciben maravillosamente y donde uno puede relajarse en su bonito patio trasero, que tiene una mini huerta también. La jefa además le permite a uno usar las plantas aromáticas del jardín para cocinar. Eso sí si el pato Gardel no le persigue a uno como a mi me perseguía. Por eso la dueña tuvo que encerrerarlo un día, para que yo pudiera echarme la siesta en la hamaca.

Los alrededores de Valdivia son también muy bonitos. Yo salí de excursión a la localidad de Niebla, que da al mar. Justo en frente de Niebla, al otro lado de la bahía está el pueblo de Corral. Y entre los dos la isla Madeja. En todos estos lugares hay restos de los fuertes de los primeros españoles que se asentaron por estos lugares. Pero los terremotos dejaron las ruinas en casi nada.

A parte de esta excursión no hice mucho más en Valdivia, si no que descansar en el hostal, comer pescadito fresco y pasear por la margen del río de la ciudad.

Navidades volcánicas

Y la decisión fue ir a Puerto Varas, una localidad muy cercana a la ciudad portuaria de Puerto Montt. Puerto Varas es principalmente una ciudad turística en la orillas del lago Llanquihue, desde la cual se divisa el volcán Osorno. Estaba ya en la región de los lagos chilena y faltaban apenas dos días para las Navidades, por lo que todo apuntaba a que iba a pasar unas calurosas fiestas en ese idílico paisaje.

La ciudad, como muchas otras de esta parte de Chile, hace gala de su ascendencia germana, de la cerveza, los “kuchen” o pasteles y casitas de corte europeo. A mí claro, no me dice mucho, estando tan acostumbrado a los alemanes como estoy. El caso es que estaba claro que Puerto Varas era demasiado turístico y un poco impersonal para pasar las Navidades sólo. Así que decidí cargarme de provisiones (un tanto más selectas de costumbre por ser Navidad) y poner rumbo al pequeño pueblo de Ensenada, a orillas del mismo lago y buscar un apacible camping.

Pude encontrar un bonito camping a orillas de lago. Además el tiempo estuvo de mi parte y durante las Navidades el tiempo fue estupendo. A cinco metros de mi tienda de campaña tenía la playita desde la que se divisaba el volcán Osorno, especialmente bonito a la luz del atardecer.

El día de Nochebuena decidí hacer un tour en bici por la zona y conocer los Saltos de Petrohué, unos saltos de agua que discurren entre rocas volcánicas.

También pasee por la ladera del volcán Osorno.

Y por último bordeé el lago Llanquihue hasta llegar al pueblito Las Cascadas, donde uno puede visitar esta hermosa cascada.

 

Al llegar al camping estaba bastante cansado, pero al menos tenía una buena botella de vino chileno con la que celebrar la Nochebuena. Y tras pegarme una rica cena pude tenderme en el suelo y saborear un rico chocolate mientras miraba las estrellas del cielo austral.

***

A la mañana siguiente, el día de Navidad me levanté con ganas de cambiar de sitio y me subí en bus hasta el cercano Parque Nacional Vicente Pérez Rosales. Fui allí con ganas de acampar de nuevo y hacer alguna pequeña excursión por el parque. Sin embargo me encontré con un valle cubierto con las cenizas del volcán Puyehue de nuevo, con un montón de tábanos que hacían la vida imposible y unos campings prohibitavamente caros.

Así que dije: Aquí yo no me quedo. Y me volví para Puerto Varas. A todo esto ya era tarde como para seguir mi viaje, así que paseé un poco por la playa del lago y por la noche terminé el delicioso vino en el hostal mientras comía frambuesas y leía mi libro. Una imagen un tanto bohemia, pero Navidad es sólo un día al año.

Chiloé

La bucólica isla de Chiloé está situada al sur de la región de los lagos chilenos. Aquí el tiempo discurre despacio. La gente no tiene prisa por llegar a los sitios y uno siente que la noción del tiempo es otra. Además, con el verano bien próximo los días son largos y dan para mucho.

El tiempo es variable y puede cambiar de lluvioso a soleado bastante rápido. También puede ser ventoso, sobre todo si uno se acerca a la costa del Pacífico, pero en general el clima es agradable en esta época del año. El paisaje está formado por verdes colinas en las que se cultivan principalmente cereales y papas. También hay muchas ovejas y vacas y los chilotas viven en casitas de madera que recuerdan un estilo norte europeo que salpican las carreteras y caminos que salen de Castro, la atractiva capital de la isla.

En mi recorrido por la isla, he tenido la suerte de poder alojarme en la casa de Manolo y su familia, el tío de Pepe de Punta Arenas. Manolo, además de poseer algunas tierras y animales es un buen esquilador de ovejas. Cabe decir que entre las artesanías hay muchos productos de lana a precios muy buenos si los comparamos con los europeos. Gracias a ellos he probado comidas típicas de Chiloé y Chile, y me han dado de comer sabrosa carne y muy buen pescado.

He podido ver un poco de su día día y cuánto tienen que trabajar. Por suerte viven en un entorno hermoso y tienen muy cerca la playa, que aunque es mar de océano Pacífico uno aún puede bañarse. También disponen de mucho marisco que en algunas ocasiones lo cocinan con carne, en un plato típico que se llama curanto y que tradicionalmente se cocinaba en hoyos en la tierra. Yo lo probé en Ancud, la segunda ciudad de la isla. A algunos les parecerá interesante, a otros no tanto. Juzgad vostros mismos:

Durante los días que pasé en la isla pude desconectar de lo que había estado haciendo anteriormente. Tanta montaña me estaba fatigando las piernas y necesitaba cambiar de actividad. Pude comer pescado y dormir en una buena cama. Tras pasar unos cuatro días en la casa de Manolo puse rumbo norte unos días antes de Navidad. En mi mente estaba pasar la Navidad en Lago Ranco par ir después a Valdivia y Pucón antes de llegar a Santiago. Sin embargo no tenía nada claro dónde ir. Puerto Varas era también una opción y ante tantas opciones me dejé llevar y tomé la decisión justo en el último minuto. ¿A dónde fui finalmente?

La playa de Cole-Cole

Tras un día de viaje acabé en una isla del Pacífico. En esta isla hay un parque nacional que da a la costa, y en la que viven comunidades de mapuches, los indios indígenas de esta zona de los Andes. En medio del parque esta la playa de Cole-Cole, entre colinas repletas de frondosa vegetación.

La playa estaba bastante apartada y allí sólo había un refugio y camping que estaban cerrados y unas cinco familias mapuches que viven del turismo y de unas algas raras que venden en los mercados. Había que caminar como unas cuatro horas desde el pueblo más cercano, caminando recto por un playa kilométrica directa al oceáno y donde el mar estaba muy picado. Por suerte encontré unas camionetas que me ahorraron el camino más tedioso así que caminé sólo la zona montañosa y más bonita tanto a la ida como a la vuelta.

La playa era realmente preciosa. Lástima que el tiempo no acompañara, pues llovió muchísimo por la noche. Por suerte hubo unos minutos de atardecer, en los que el sol se coló entre las nubes y tuvimos las cinco personas que habíamos llegado hasta allá una vista espectacular.

Al día siguiente tocaba partir. El tiempo mejoraba pero como en este lugar esbastante cambiante y no tenía suficiente comida conmigo no apetecía mucho quedarse más.

 

¿Dónde está la playa de Cole-Cole? Lo contaré en la próxima entrada.

Pingüino XXXII

Cenizas y truchas

El primer día en Bariloche fue glorioso. Pero el segundo día, que era mi día de descanso se levantó con ceniza. Una nieblina cubría toda la vista más allá del lago Nahuel Huapí. Decidí darle a Bariloche otra oportunidad y planeé para el miercoles de la semana pasada una excursión a una montaña cercana. Pero me levanté al día siguiente todavía cansado. El viento estaba peor y traía toda la ceniza hacia la ciudad, la visibilidad estaba muy mal. No tenía ganas de ir de excursión, no tenía ganas de pensar ni de planear nada. Pero tampoco me quería quedar en el hostel con los brazos cruzados.

Juan, un chico argentino de Cañuelas, que había viajado a Bariloche con su moto quería ir a pescar y me invitó a ir con él. Al principio la idea de ir a pescar no me atraía nada y deseché el plan. Pero luego pensé que me vendría bien cambiar de actividad y pasar el día con alguien con quien charlar. Le podría hacer compañía en el lago y también podría leer mi libro. Así que fuimos a la península de Llao Llao, donde había estado el día anterior y que me había parecido muy bonito. Allí Juan empezó a poner práctica sus conocimientos de pesca, que según él no eran muchos. Conforme avanzaba la tarde cada vez teníamos más ceniza y la visibilidad era ya prácticamente nula. Igualmente el agua del lago se cubrió con una fina capa de tierrilla grisacea.

Aún así esto no era un problema para la pesca y Juan sacó sus primeras truchas. Una fue bien grande y entre las dos había comida para cuatro personas.

Después las cocinamos en el hostel junto con unas patatas al horno. Estaban deliciosas, la carne era muy parecida a la del salmón. Juan y otra chica del hostel a la que había invitado se retiraron dejando mucho pescado, y yo no me pude resisitir a acabar con las truchas. Además desde que estoy de viaje por la Patagonia tengo un apetito voraz y como en grandes cantidades.

Tras el día de lago con ceniza y super cena salía de Argentina para ¡Chile! Allí sí que pude ver los efectos de la explosión del Volcan Puyehué y cómo había dejado la zona de Villa la Angostura y la frontera con Chile.

San Carlos de Bariloche

Tras el super asado del sábado, el domingo me levanté temprano por la mañana, recogi mi carpa y tras parar en el mercado tomé un bus a Bariloche.

San Carlos de Bariloche y la región se ha visto afectado por una explosión de un volcán que tuvo lugar en junio, y que desde entonces está expulsando ceniza. Los vientos van del Pacífico hacia Argentina por lo que es este país quien sufre las consecuencias. El suelo está lleno de una arenilla gris que es ceniza y según como de el viento la ciudad o el lago Nahuel Huapi se llena de una neblina que tapa el paisaje. Lo normal es que esto no ocurra pero sí que es cierto que si uno mira al norte, hay un manto blanquecino que tapa las montañas.

Ya desde el principio del viaje había oído lo mal que estaba Bariloche y si me paré tanto en El parque de los Alerces y en El Bolsón fue pensando en la posiblidad de que no pararía mucho por aquí. De hecho, los últimos días estaba pensando en pasar de largo e irme directamente a Chile. Pero hice caso a Abdel y Geraldine y probé a quedarme un día. Acabé en el hostel Patanuk que me recomendó Geraldine y quedé encantado con la chica que atendía y la vista al lago Nahuel Huapi. Está a primera línea y se ve el lago y las montañas cuando no hay ceniza desde la sala de estar y el dormitorio.

Me desperté el lunes y hacia calor, sol y no había cenizas. Así que me decidí por hacer el circuito chico en bicicleta, una de las actividades estrella de Bariloche. Se trata de un pequeño circuito por el que se van teniendo diferentes vistas de brazos del lago y algunos cerros de alrededor.

Una foto de la ceniza caída

Después de haber dado la vuelta en bicicleta estuve hablando con el señor de la agencia y me explicó cómo poder hacer la ruta de los siete lagos en bici. En bus es muy caro y no se ve mucho, otra opción es alquilar un coche, para lo cual hay que buscar compañeros.

Volvía al hostel bastatne decidido a empezar la ruta de los siete lagos el miercoles. Estaba un poco indeciso por el tema de la ceniza. Pero hoy martes se ha levantado muchísima ceniza y mientras que ayer se podía ver un precioso paisaje hoy no se prácticamente nada. Es como si el lago estuviera lleno de bruma, pero con 26 grados de temperatura. Otras fuentes me han comentado que no es una gran idea hacerlo en bicicleta, no sólo por si tengo que andar en medio de la nube de ceniza pero que además me voy a tragar toda la que está acumulada en el camino y que levantan los coches. Sin contar con la que habrá en los campings.

Así que al final nada. Tenía ganas de hacer un trecking en bicicleta, pues nunca he hecho uno. Pero habrás más oportunidades en Chile. Así que si al final no hay cambio de planes, mi último día en Bariloche lo emplearé para subir una montaña, qué gran novedad. ¡Y el jueves pondré rumbo Chile!