Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Navidades volcánicas

Y la decisión fue ir a Puerto Varas, una localidad muy cercana a la ciudad portuaria de Puerto Montt. Puerto Varas es principalmente una ciudad turística en la orillas del lago Llanquihue, desde la cual se divisa el volcán Osorno. Estaba ya en la región de los lagos chilena y faltaban apenas dos días para las Navidades, por lo que todo apuntaba a que iba a pasar unas calurosas fiestas en ese idílico paisaje.

La ciudad, como muchas otras de esta parte de Chile, hace gala de su ascendencia germana, de la cerveza, los “kuchen” o pasteles y casitas de corte europeo. A mí claro, no me dice mucho, estando tan acostumbrado a los alemanes como estoy. El caso es que estaba claro que Puerto Varas era demasiado turístico y un poco impersonal para pasar las Navidades sólo. Así que decidí cargarme de provisiones (un tanto más selectas de costumbre por ser Navidad) y poner rumbo al pequeño pueblo de Ensenada, a orillas del mismo lago y buscar un apacible camping.

Pude encontrar un bonito camping a orillas de lago. Además el tiempo estuvo de mi parte y durante las Navidades el tiempo fue estupendo. A cinco metros de mi tienda de campaña tenía la playita desde la que se divisaba el volcán Osorno, especialmente bonito a la luz del atardecer.

El día de Nochebuena decidí hacer un tour en bici por la zona y conocer los Saltos de Petrohué, unos saltos de agua que discurren entre rocas volcánicas.

También pasee por la ladera del volcán Osorno.

Y por último bordeé el lago Llanquihue hasta llegar al pueblito Las Cascadas, donde uno puede visitar esta hermosa cascada.

 

Al llegar al camping estaba bastante cansado, pero al menos tenía una buena botella de vino chileno con la que celebrar la Nochebuena. Y tras pegarme una rica cena pude tenderme en el suelo y saborear un rico chocolate mientras miraba las estrellas del cielo austral.

***

A la mañana siguiente, el día de Navidad me levanté con ganas de cambiar de sitio y me subí en bus hasta el cercano Parque Nacional Vicente Pérez Rosales. Fui allí con ganas de acampar de nuevo y hacer alguna pequeña excursión por el parque. Sin embargo me encontré con un valle cubierto con las cenizas del volcán Puyehue de nuevo, con un montón de tábanos que hacían la vida imposible y unos campings prohibitavamente caros.

Así que dije: Aquí yo no me quedo. Y me volví para Puerto Varas. A todo esto ya era tarde como para seguir mi viaje, así que paseé un poco por la playa del lago y por la noche terminé el delicioso vino en el hostal mientras comía frambuesas y leía mi libro. Una imagen un tanto bohemia, pero Navidad es sólo un día al año.