Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Month: enero 2012 (page 1 of 2)

Street art chileno

Ya en otras ocasiones había mostrado arte urbano y graffittis que me habían gustado. Con Valparaíso no podía ser menos, así que allí van. Esto es sólo una pequeña muestra de lo que se puede ver paseando por la ciudad.

Valparaíso, una ciudad de colores

El martes por fin moví un poco el culo y tomé un bus a Valparaíso, capital cultural de Chile y que queda tan solo a dos horas en bus de Santiago. Lo primero que pensé cuando salí de la estación es que Valparaíso es una ciudad mágica y que se mueve a un ritmo muy diferente a cualquier otra ciudad que he visto antes. Era lo más parecido a mi imaginario de lo que sería una ciudad sudamericana. Mucha gente en la calle, muchos puestos de comida, mercado de frutas y verduras al aire libre, cierta decadencia en los edificios antigüos, mercados abarrotados, olores fuertes a carne y a pescado, un ritmo pausado dado por el verano y mucho color.

En Valparaíso he tenido mi primera experiencia con el couchsurfing propiamente dicha. En Buenos Aires ya conocí a gente pero no me quedé en ninguna casa, y hasta ahora todos los contactos habían venido por las relaciones personales. Unos días antes empecé a contactar gente por la página web y tuve la suerte de que Lesly me respondiera. Así que tras mi primer paseo la tarde del martes fui a encontrarme con ella cuando salió de su trabajo en la plaza Victoria. Debo reconocer que estaba un poco nervioso pero enseguida fue bien y Leslie me llevó de bares por el centro y después de tomar varias cervezas en muy variopintos bares, acabamos matando el hambre con una inmensa chorillana. Y es que hay que apuntar que los chilenos son un poco brutos con la comida. La chorillana consiste en un plato gigante de patatas fritas, cebolla, trozos de ternera y chistorra.

No era nuestro caso pero también puede llevar huevo. Y esa tarde había comido un completo gigante (un pedazo de bocata con salchichas frankfurt, un picadillo de tomate, aguacate aplastado y mayonesa. Después de eso estábamos ya para el arrastre así que fuimos para su casa y enseguida caí rendido en la cama que me dejo. Por desgracia Lesly y yo no tuvimos mucho tiempo para pasar juntos, pues al final eran dos noches y ella tiene que trabajar para ganarse el pan. Pero el tiepo que pasé con ella fue muy agradable y me gustó mucho conversar con ella. Yo a cambio cociné para ella una cena y aún pudimos vernos mi último día durante su hora del almuerzo.

El resto del tiempo lo pasé paseando por las montañitas que tiene la ciudad y disfrutando de las vistas y de la gran cantidad de murales que decoran sus calles. Y es que uno percibe el espíritu artístico y bohemio de la ciudad en cada uno de sus rincones. Los tres días pasaron como si nada subiendo y bajando los cerros, tomando los ascensores, mirando a la gente pasar desde los bancos de las plazas y disfrutando de sus bares y cafés.

El último día a pocas horas antes de volver para Santiago conocí a Miguel, sevillano que trabaja en la producción de la compañía de danza Mopa que está de gira por Chile. Miguel se había escapado y dejado su compañía en Santiago para conocer la ciudad y verse con unos amigos que estaban actuando en un festival de teatro de Valparaíso. Fue una gran casualidad que nos conocieramos, pues Miguel había estado leyendo este blog pocos días antes de partir, en concreto la entrada sobre Tierra de Fuego. Al final acabamos comiendo juntos con Lesly y luego me llevó al teatro donde estaban sus amigos. Desde la terraza del teatro se veía la casa de Neruda, y contemplamos las vistas del puerto desde donde Neruda se tomaba los tragos con los amigos.

Pingüino XXXVI

Un apartamento en Las Condes, Santiago de Chile

Si tuviera un buen trabajo en Santiago de Chile en el que me pagaran bien, probablemente habría optado por vivir en otra zona de la ciudad, pero claro ni Chris ni Peter son yo, y ellos viven cerca de sus amistades y su trabajo, por lo que es el mejor lugar donde podrían vivir si quieren estar en la ciudad. Y aunque el barrio de Las Condes no me guste mucho, su casa me encanta y tengo que añadirla a la sección de casas en las que me gustaría vivir.

No hay mucho que decir. Es muy grande y espaciosa. Es muy cómoda y la tienen decorada con gusto. Hay una gran terraza donde se puede cenar las noches de verano e incluso tienen un rincón donde plantar plantas. Y entre las bonitas flores crecen también plantas aromáticas para usar en la cocina.

La cocina es una super cocina. Es grande y permite a varias personas cocinar sin molestarse, o simplemente tener compañía mientras se prepara la comida. Y tiene su pequeño rinconcito donde relajarse mirando los rascacielos y el cielo azul del verano.

Dos semanas en Santiago

Chris y Peter viven en Las Condes, uno de los barrios más modernos de la ciudad. Su casa está muy cerca de la avenida Apoquindo, donde destacan los rascacielos y edificios de cristal. Durante la semana esta llena de yuppies que salen y entran en sus oficinas. Peter tiene la suerte de trabajar a diez minutos a pie de la casa por lo que lo veo al mediodía cuando viene a comer. A veces, cuando Chris no está haciendo deporte vamos a dar un paseo o nos hacemos compañía en la cocina. Y por las noches de esta última semana, vemos el Open de Australia, del que Chris es tan fan que no le supone ningún esfuerzo levantarse a las 5:30 de la mañana para ver los partidos des sus jugadores favoritos.

A parte de mis paseos por Santiago he ido a algunos conciertos. Entre ellos se incluye una actuación de Dënver, una de las pocas bandas chilenas que conozco, por no decir la única. ¡Y fue justo al lado de la casa de Chris y Peter! Me emocioné mucho cuando supe del concierto aunque luego resultó ser mucho más tranquilo de lo que esperaba y en ese aspecto me decepcionó un poco. Pero hay que decir que era a una hora temprana, como a las ocho de la tarde. Y estaba sponsorizado por Corona. Probablemente a otra hora como más tarde por la noche y en otro lugar, habría resultado más animado. También he salido a bailar y he escuchado un poco de música tecno, pues llevaba tres meses sin pisar ninguna pista de baile y debo reconocer que lo echaba un poco de menos. ¡Cuánto echo de menos a Berlín a veces!

También he probado la comida peruana (sólo había comido una vez en Buenos Aires) y me ha encantado. Los vinos que he probado estaban riquísimos, y he comprobado la gran afición que hay por los vinos aquí. También he ido al cine un par de veces a ver un documental chileno y una película que me ha parecido increíble, Enter the void, aunque no es para todos los gustos ni estómagos.

A parte de Chris y Peter, he conocido a Woody, el profesor de español de Chris. Con el he tenido muy agradables conversaciones, me ha llevado a cenar a buenos restaurantes y me ha hablado mucho de cómo es la vida en Santiago y en Chile. También he conocido a Hernán, en mi expedición nocturna por el barrio Bellavista. Hernán ha resultado ser una persona super simpática y agradable, que me ha causado muy buenas vibraciones. Me ha dado pena conocerlo hacia el final de mi estancia en la ciudad de Santiago, pero vive normalmente en Lima y espero que lo pueda volver a ver cuando pase por allí.

Por la gente que he conocido, he tenido la impresión y la misma gente me lo dice, que Santiago es una ciudad muy segregada. La gente que he conocido son de los barrios de Las Condes o Vitacura, y difícilmente salen de estos barrios. Como mucho Providencia, un barrio entre el centro y los barrios de clase más ricos donde abundan los buenos restaurantes y los cafés. Así que me ha resultado difícil encontrar a gente con la que explorar otras partes de la ciudad como Lastarria o Brasil. Estos barrios me han resultado más interesantes y cercanos a lo que a mi me interesa y me he quedado un poco con las ganas de haberlos conocido más a fondo, o de al menos haber investigado más sus bares. Este aspecto me ha chocado un poco, lo esperaba más de otras ciudades sudamericanas como Lima o Bogotá pero no de un país como Chile.

Huerto urbano en la calle

Santiago de Chile

Tras pasar un día muerto en Pucón en el que no paraba de llover, cogí un bus nocturno a Santiago de Chile. Los días de camping y montaña iban a dar paso a una nueva etapa urbana. Por fin iba a poder comer bien y dormir en una cama de verdad. Adiós a la mini tienda de campaña y a las sopas de sobre por unos cuantos días, venía por fin el “merecido” descanso.

Soy un viajero con suerte, pues en Santiago de Chile viven los padres de mi amiga Julia. Julia es una gran amiga de Australia que conocí hace ya años en Copenhague y además ha vivido en España y en Berlín. Conocí a  sus padres Chris y Peter en agosto, justo antes de irme de Alemania y me dijeron que cuando pasara por Santiago podría quedarme en su casa y descansar cuanto necesitara antes de proseguir con el viaje al norte de Argentina.

Chris y Peter son maravillosos y me han mimado y cuidado como si fuera un hijo más. Me han hecho sentirme como en casa y tras casi dos semanas aquí me siento ya como nuevo y cargado de energías para ir a donde haga falta. Me han comprado calcetines, compran comida que saben que me gusta, me llevan de paseo y a comer fuera.  Y también me han pesado con el objetivo de que aumente de peso durante estos días pues según ellos estaba muy delgado.

Santiago es una ciudad muy diferente a Buenos Aires, y uno tiene que llegar a ella con esa idea en la cabeza, especialmente si ha estado en Buenos Aires antes, como es mi caso. Santiago da la sensación de ser una ciudad mucho más nueva y moderna. No solamente los edificios recuerdan a los de cualquier otra ciudad del mundo, las aceras están bien cuidadas y mucho más limpias. Los buses y el metro corresponden al tiempo en el que vivimos  mientras que en Buenos Aires parece haberse quedado en los años 70 por desgracia. Sin embargo a Santiago le falta el encanto que tiene la Manhattan de Sudamérica. Quizás le faltaría ser un poco más caótica, un poco más desorganizada y un poco más abierta para vibrar como lo hace Buenos Aires. Y no es que le falte fiesta, pues ahora enero es como julio para nosotros y hay muchísima gente en la calle todos los días y noches (también según el barrio), pero a mi gusto le falta el tinte bohemio que tienen muchas ciudades europeas y que a mi juicio Buenos Aires ha adquirido con su personalidad propia.

Durante estas dos semanas tengo que admitir que no he hecho mucho. He aprovechado para vaguear, estar en el ordenador, hablar por el skype, comer la comida riquísima que prepara Chris, cocinar un poco en compañia, estar en el ordenador, ver el open de Australia, comer comida riquísima, estar en el ordenador, pasear un poco y conocer la ciudad. Así que admito que podría haber estado más tiempo en la calle. Pero con el trote que me había pegado y sabiendo de antemano los meses que me esperan, necesitaba esto pues desde que estuve en Punta Arenas con Pepe y Oskarina no había tenido estas comodidades.

Pingüino XXXV

El des-Encanto de Pucón

Tras bajar del lago paré de nuevo en casa del señor Israel. Tenía allí mis cosas y pensé que podríamos disfrutar de compañía mutua una última tarde con una botella de vino. A la mañana siguiente, tenía mis cosas preparadas y cuando me despedía de Israel, su esposa María y un amigo apicultor pasaba el autobús que me tenía que llevar a Villarrica, por lo que tuve que salir corriendo y parar el bus en medio de la carretera. El bus paró y a eso del mediodía estaba en mi nuevo destino, tras haber hecho un alto en Villarrica: Pucón.

En el encuentro arco iris había conocido a una pareja que recién habían estado y me habían recomendado un camping que yo no voy a recomendar a nadie, se trata de el camping El bosque. Lo único bueno es que es barato, en un destino turístico muy popular, caro y que se peta en verano. Pero estaba apartado, el sitio no era una maravilla y no tenía muy buenos servicios. Se encargaba una chica frances muy simpática y que la pobre me contaría se sentía explotada por su jefe. Más que camping es una empresa de actividades de aventura, a lo cual no puedo decir nada, por lo que sólo recomendaría el camping a alguien que vaya a hacer actividades con ellos.

Pucón

El pueblo de Pucón no tiene ningú especial atractivo. Es una acumulación de operadores turísticos y restaurantes orientados al turista gringo, o sea hamburguesas, comidas mexicana, pizzas, etc. Tampoco se le puede pedir más, al fin y al cabo uno va a Pucón para explorar la zona.

Así que tras haberme instalado y conocido al único grupo de personas que había en el camping (un grupo formados por belgas, un francés, una inglesa y un español que me invitaron a cenar y con los que pase un par de noches muy agradables) decidí que mi primer día lo dedicaría a dar una vuelta en bici por la zona, en concreto la ruta de los Ojos del Caburgua.

La ruta consistía en seguir una pista de ripio cerca de un río, aunque el paisaje no era nada espectacular. Se podía ver el volcá Villarrica, aunque ya lo tenía algo visto.

Después de dos horas en la bicicleta, se llega a los ojos del Caburgua, unas pequeñas cascadas, que son bonitas pero nada espectaculares y que estaban rodeados de un ejército de domingueros.

Así que que decidí irme pronto y poner rumbo hacia la playa blanca en el lago Caburgua donde podría bañarme. Fue el  peor momento pues eran las horas del día en las que el sol pegaba más fuerte. Pero por suerte tendría la recompensa de poder bañarme en el lago. La playa era bonita, y el lago también. Y el agua además no estaba para nada fría. Lo único era de nuevo el gran volumen de gente que había y que hacía que el lugar no fuera tan apacible.

Asi que entre unas cosas y otras decidí que lo mejor sería que me detuviera en Pucón el menor tiempo posible y que visitara lo que quería visitar cuanto antes para poder irme a Santiago y descansar.

El Parque Nacional Huerquehue

Esta era la razón por la que había visitado Pucón y lo que haría que la visita mereciera la pena. Un parque en el que además de preciosos paisajes, guarda impresionantes bosques de araucarias. La araucaria es un árbol que se encuentra solamente en el hemisferio austral, principalmente en Argentina y Chile. Es un árbol de la era mesozoico, o como digo yo prehistórico y le da uno una imagen de cómo serían los árboles hace millones de años. Son árboles de una gran longevidad, por lo que además son testigos de todos los pueblos que han habitado estas tierras. Según me contó el guardaparques, en Huerquehue hay araucarias de hasta cuarenta mentros de alto, pero bien adentro del parque, y que pueden llegar a tener perfectamente unos dos mil años de antigüedad.

Mi visita al parque iba a ser para dos días, sábado y domingo, aunque el pronóstico daba lluvias para el domingo. Tras varias semanas de calor y buen tiempo, iba a llover finalmente y arruinarme uno de los parques estrella de la región de los lagos. El primer día lo dediqué a recorrer el sendero de los lagos. Tras subir una cuesta por un bosque y ver algunas cascadas:

 

Uno llegaba a al nivel de varios lagos, y en donde las araucarias empezaban a hacer aparición. A mayor altura más araucarias había y estas eran más imponentes. El paseo fue increible aunque se notaba que el tiempo iba a empeorar pronto y quizás me iban a regar las nubes por la noche mientras durmiera.

Llegué bastante cansado al camping Olga, al pie del parque nacional. Estaba tan cansado que no tenía fuerzas como para estar en la fogata que había ni en la orilla del fabuloso lago. A la mañana siguiente el cielo estaba muy muy gris, aunque no llovía todavía. El día lo dediqué a pasear por un bosque de araucarias que subía hacia una montaña, pero yo ya estaba cansado de la bicicleta y del día anterior, y el tiempo fue inclemente conmigo a eso del mediodía, y como no podía aguantar el viento y la lluvia, decidí volverme y llegar a Pucón más o menos pronto y comprar el billete para Santiago. Después de meses en la montaña, tenía ya ganas de ciudad.

La familia arco iris

La nochevieja me supo a poco. No esperaba ninguna gran celebración ni fiestorro, pero tampoco pensaba que me iría a dormir a eso de la una de la mañana. Pero yo no había ido a Liquiñe porque quisiera pasar una gran nochevieja, para eso me habríia quedado en Valdivia, si no que quería estar tranquilo en un lugar apartado.

Y el primer día del año iba a subir con los hippies, lo cual era todo una novedad en mi rutina viajera. Después de un desayuno copioso me puse en camino. Según me habían dicho Emilio y Lolo, tendría como unas dos horas de camino. Seguí sus indicaciones, y a pesar del fuerte sol del mediodía llegué a la casa del señor Noé. El encuentro era en el lago Ankacoigue que estaba en su propiedad. Así que tenía que ir a su casa para preguntar por las indicaciones finales. Tras una hora de confusión en la que estuve delante de una casa abandonada gritando Holaaaaaaaaaaaaaaa! varias veces, gracias a unos turistas vi de nuevo las señales que indicaban el camino y llegué a la bendita casa. Allí me recibió Tere, la esposa del señor Noé, que entre otros quehaceres vende quesos artesanos, huevos y panecillos riquísimos a turistas y a gente del pueblo que sube de propio hasta su casa. Así que tras un último descanso, me encaminé hacia la cuesta final y tras diez minutos más, llegué por fin al encuentro arco iris.

La familia arco iris

¿Qué era un encuentro arco iris? Yo realmente no tenía ni idea. No sabía si estaba llegando a un fiestón o a una reunión espiritual. Los encuentros arco iris se iniciaron en EEUU como hace 30 o 40 años y suelen tener lugar en verano y un encuentro dura el ciclo de una luna, desde que nace hasta que llega la luna nueva, casi un mes. En EEUU es algo más grande y más masivo. En Europa también hay varios y hay encuentros europeos. También los hay mundiales, de hecho ahora en febrero habrá uno en Brasil. Este en concreto era chileno y no se había publicitado mucho porque uno que hubo hace dos años atrajo a mucha gente que sólo quería hacer fiestón.

En el encuentro había un lago como ya he dicho, aunque nadie acampaba cerca de él. Hay también un fuego sagrado, lugar perfecto para reunirse o hacer actividades como bio danza. También había una cocina, pues la comida se comparte y se hacen dos comidas al día para todo el mundo. Un baño seco, un lugar para limpiar los platos, un lugar de reciclaje, un lugar para el compost, etc. Para ser un número tan grande, cuando yo estuve eramos cerca de cincuenta y después iban a venir más, el lugar estaba muy limpio y recogido. La organización funcionaba bastante bien, contando con que no había organización. La máxima era: Si ves una tarea, es tuya.

Pero lo que más destaca de un encuentro así, es que todo el mundo es fantástico. Todas las personas allí eran generosas, calurosas y muy cariñosas. Todos compartían además un gran respeto por la naturaleza y el lugar que había sido prestado para el encuentro. Uno al llegar, se encontraba rodeado de abrazos de bienvenida y personas dispuestas a ayudar. Los momentos de reunión estaban plagados de canciones, bailes, abrazos. Y los brotes espontáneos de amor y cariño eran bastante comunes.

La gente tenía además muchas ganas de compartir y aprender. Así que no era todo el tiempo estar tumbando, bañarse y tomar el té. Se organizaban talleres de permacultura, activiades de circo y teatro, yoga, terapias espirituales, etc

Cuatro días en el arco iris

Mi idea inicial era pasar una noche o dos, pero al final me gustó tanto que me quedé más tiempo, cuatro días. Me habría quedado más pero por un lado había dejado mis cosas en la casa de Israel y por otro lado estaba pasando un poco de hambre. No es que la comida fuera escasa, pero llevaba semanas en los que estaba comiendo mucha más comida de la que acostumbro debido a que estoy haciendo mucho deporte últimamene. Pero amaba el lugar y a la gente, y me sentía muy a gusto con la gente que conocí allí. De hecho cuando me despedí de todos ellos, me dio mucha penita.

Además de disfrutar con el fabuloso tiempo, el lago que tenía un agua fantástica por la noche y de la luz de las estrellas y de la luna creciente a la noche junto al fuego, participé en un taller de permacultura, en el que aprendimos la técnica de cómo diseñar un huerto circular con cama alta. Y lo que más disfruté fue una sesió de bio-danza, con música en vivo en torno al fuego sagrado bajo la luz de las estrellas. Fue un momento realmente mágico.

Durante todo este tiempo no estuve pendiente nunca ni del teléfono (pues no había cobertura), ni del reloj ni usé la cámara fotográfica, pues estar usando la cámara habría estado un poco en contra del espíritu arco iris. Así que solo tomé una foto del paisaje en la casa de Noé, desde donde se veía el volcán Villarrica y el volcán Lanín.

ñ í é ú ó á ¿

Pingüino XXXIV