Liquiñe y sus aguas termales

Llevado entonces por las indicaciones de un holandés que conocí en el hostal de Valdivia y por mi intuición (en Panguipulli, pueblo donde debía cambiar de bus estuve a punto de irme a otro lugar) acabé en el pequeño pueblecito de Liquiñe, cuyo principal atractivo son sus aguas termales.

La primera noche di con las termas de Trafipán. Había por el pueblo otras termas muy turísticas y por lo tanto más caras, y yo quería buscar unas más rudimentarias. Estas termas consistían básicamente en una piscina al aire libre rellenada por medio de una manguera con agua caliente que brotaba de la montaña. También había unas tinas en una caseta, pero no tenían muy buen aspecto y no parecía muy limpio, así que quedaba sólo la piscina. No parecía gran cosa pero el señor me dejaba acampar al lado y disfrutar de la piscina por muy poco dinero. Y al atardecer, cuando se fue todo el mundo, la piscina estaría sólo para mí. Desde allí tenía vistas al valle, con un aspecto mágico debido a la nube de cenizas que inundaba el valle y por la noche uno podía estar mirando las estrellas mientras se nada en el agua bien calentita.

Después tuve la suerte de conocer al señor Israel, que lleva los circuitos turísticos en Liquiñe. Su casa está al comienzo del pueblo y permite a los viajeros acampar en su terreno por un precio muy economico. Esa noche iba a estar en Trafipan pero acordamos que al dia siguiente iria para su casa.

Y el dia me traería una ultima revelación. También conocí a Emilio y Lolo, dos estudiantes de Santiago que venían de un encuentro arco iris. Algo de lo que creía no haber escuchado antes todavía (luego verificaria que si me habían hablado de ellos). Al parecer la familia rainbow chilena se había reunido en un lago en lo alto de la montaña allí mismo en Liquiñe. Así que me dije, tengo que ir allá arriba a ver qué es eso. Ellos se volvían a Santiago el 30 de diciembre y yo pensé que el sábado podría ser un buen día y celebrar con ese grupo de personas la nochevieja.

En casa de don Israel

Al día siguiente, me fui de las termas de Trafipan a casa del señor Israel. El me llamaba a mí don Jesus, y nos tratamos de usted en todo momento. Me habló de su vida en el valle, de la cultura mapuche (pues el y su esposa son mapuches) y me invitaron a cenar un estupendo asado la tarde del 30 de diciembre. El tiempo fue estupendo y al anochecer nos sentamos alrededor del fuego a contemplar las estrellas mientras terminábamos el vino 120 que tanto le gusta.

Durante un día más disfruté de las aguas termales que brotan de las montañas de ese valle, esta vez sin tener que pagar por ello. Muy cerca de la casa de Israel una corriente de agua caliente desciende por la ladera. Muy al principio el agua salía ardiendo.

Pero un poco más abajo el agua estaba estupenda. Y en esta pocilla que se ve yo cabía perfectamente tumbado y mi cuerpo podía absorver todos los minerales que lleva el agua.

El señor Israel insistió en que me quedara la noche de fin de año con él y su esposa. Iban a celebrarlo con un asado de cordero. Los que me conocen saben que la comida es mi debilidad, así que no pude decir que no y retrasé la salida al encuentro arco iris un día. Los hippies podrían esperar ¿no? La noche de fin de año transcurrió con bastante tranquilidad. Hay que decir que a don Israel le gusta el vino y ya por la tarde empezamos a hincar el codo en compañia de lugarenos a los que me costaba entender. Nos acabamos el vino demasiado pronto y tuvimos que ir a por más antes de empezar con la cena. Israel estaba bastante afectado cuando empezo a preparar el fuego donde se cocinaría la carne y su esposa estaba ya dudando si íbamos a comer asado o no. La carne estaba lista a eso de las once (con la excecpcion del trozo que se quemó y el que no se cocinó) y después de la suculenta cena la modorra se adueñó de mi anfitrión y se quedo traspuesto mientras veíamos DVDs de cumbia chilena. Hablé un poco con su esposa, la senora Maria y me fui a dormir bastante temprano y con ganas de subir al lago y ver lo que me esperaba allí el primer día del año.

Israel y María

Uno pensaría que Israel lleva toda su vida en Liquiñe, pero de hecho no es así. Segun el me contó ya de joven ingreso en el ejército, y lo mandaron al sur, donde se construyó la carretera austral, en la época de Pinochet. Estando en el ejército Israel se formó en varios campos, entre otros tomó un curso de paracaidismo. Mas o menos con mi edad dejaría el ejército y se iría a Argentina a trabajar, a Bahía Blanca. Era la epoca Médem, cuando un peso argentino equivalía a un dolar. Pudo hacer mucho dinero y por suerte lo guardó en pesos chilenos, así que no se vió afectado por el corralito. Volvio a Liquiñe, donde vive en el terreno que ha heredado de la familia, al lado de su hermana y sus padres.  Por cierto, la hermana vende panes caseros, masitas y sopaipillas riquísimas. Y viendo que el futuro de la comarca esta en el turismo, ha dejado en segundo lugar su trabajo con la madera (aunque se sigue dedicando a ella en invierno) y en verano se dedica a realizar circuitos turísticos por la zona, a instalar turistas en su pequeño camping o terreno y a realizar pequeñas obras de artesanía.

María, esposa de Israel no desde hace muchos años, aunque se deberían conocer desde hace mucho tiempo, ha tenido que dejar Liquiñe como muchas otras mujeres del pueblo para ir a trabajar a la gran ciudad pues en el pueblo no se puede hacer nada en invierno. Ella en concreto a Santiago. Así pues ella pasa gran parte del año en Santiago trabajando, lejos de su casa y su marido. Y solo por las vacaciones, cuando la nieve se retira del valle vuelve a casa junto a su esposo. Cada año debe acostumbrarse a dejar su hogar y estar lejos de los que quiere.


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