El des-Encanto de Pucón

Tras bajar del lago paré de nuevo en casa del señor Israel. Tenía allí mis cosas y pensé que podríamos disfrutar de compañía mutua una última tarde con una botella de vino. A la mañana siguiente, tenía mis cosas preparadas y cuando me despedía de Israel, su esposa María y un amigo apicultor pasaba el autobús que me tenía que llevar a Villarrica, por lo que tuve que salir corriendo y parar el bus en medio de la carretera. El bus paró y a eso del mediodía estaba en mi nuevo destino, tras haber hecho un alto en Villarrica: Pucón.

En el encuentro arco iris había conocido a una pareja que recién habían estado y me habían recomendado un camping que yo no voy a recomendar a nadie, se trata de el camping El bosque. Lo único bueno es que es barato, en un destino turístico muy popular, caro y que se peta en verano. Pero estaba apartado, el sitio no era una maravilla y no tenía muy buenos servicios. Se encargaba una chica frances muy simpática y que la pobre me contaría se sentía explotada por su jefe. Más que camping es una empresa de actividades de aventura, a lo cual no puedo decir nada, por lo que sólo recomendaría el camping a alguien que vaya a hacer actividades con ellos.

Pucón

El pueblo de Pucón no tiene ningú especial atractivo. Es una acumulación de operadores turísticos y restaurantes orientados al turista gringo, o sea hamburguesas, comidas mexicana, pizzas, etc. Tampoco se le puede pedir más, al fin y al cabo uno va a Pucón para explorar la zona.

Así que tras haberme instalado y conocido al único grupo de personas que había en el camping (un grupo formados por belgas, un francés, una inglesa y un español que me invitaron a cenar y con los que pase un par de noches muy agradables) decidí que mi primer día lo dedicaría a dar una vuelta en bici por la zona, en concreto la ruta de los Ojos del Caburgua.

La ruta consistía en seguir una pista de ripio cerca de un río, aunque el paisaje no era nada espectacular. Se podía ver el volcá Villarrica, aunque ya lo tenía algo visto.

Después de dos horas en la bicicleta, se llega a los ojos del Caburgua, unas pequeñas cascadas, que son bonitas pero nada espectaculares y que estaban rodeados de un ejército de domingueros.

Así que que decidí irme pronto y poner rumbo hacia la playa blanca en el lago Caburgua donde podría bañarme. Fue el  peor momento pues eran las horas del día en las que el sol pegaba más fuerte. Pero por suerte tendría la recompensa de poder bañarme en el lago. La playa era bonita, y el lago también. Y el agua además no estaba para nada fría. Lo único era de nuevo el gran volumen de gente que había y que hacía que el lugar no fuera tan apacible.

Asi que entre unas cosas y otras decidí que lo mejor sería que me detuviera en Pucón el menor tiempo posible y que visitara lo que quería visitar cuanto antes para poder irme a Santiago y descansar.

El Parque Nacional Huerquehue

Esta era la razón por la que había visitado Pucón y lo que haría que la visita mereciera la pena. Un parque en el que además de preciosos paisajes, guarda impresionantes bosques de araucarias. La araucaria es un árbol que se encuentra solamente en el hemisferio austral, principalmente en Argentina y Chile. Es un árbol de la era mesozoico, o como digo yo prehistórico y le da uno una imagen de cómo serían los árboles hace millones de años. Son árboles de una gran longevidad, por lo que además son testigos de todos los pueblos que han habitado estas tierras. Según me contó el guardaparques, en Huerquehue hay araucarias de hasta cuarenta mentros de alto, pero bien adentro del parque, y que pueden llegar a tener perfectamente unos dos mil años de antigüedad.

Mi visita al parque iba a ser para dos días, sábado y domingo, aunque el pronóstico daba lluvias para el domingo. Tras varias semanas de calor y buen tiempo, iba a llover finalmente y arruinarme uno de los parques estrella de la región de los lagos. El primer día lo dediqué a recorrer el sendero de los lagos. Tras subir una cuesta por un bosque y ver algunas cascadas:

 

Uno llegaba a al nivel de varios lagos, y en donde las araucarias empezaban a hacer aparición. A mayor altura más araucarias había y estas eran más imponentes. El paseo fue increible aunque se notaba que el tiempo iba a empeorar pronto y quizás me iban a regar las nubes por la noche mientras durmiera.

Llegué bastante cansado al camping Olga, al pie del parque nacional. Estaba tan cansado que no tenía fuerzas como para estar en la fogata que había ni en la orilla del fabuloso lago. A la mañana siguiente el cielo estaba muy muy gris, aunque no llovía todavía. El día lo dediqué a pasear por un bosque de araucarias que subía hacia una montaña, pero yo ya estaba cansado de la bicicleta y del día anterior, y el tiempo fue inclemente conmigo a eso del mediodía, y como no podía aguantar el viento y la lluvia, decidí volverme y llegar a Pucón más o menos pronto y comprar el billete para Santiago. Después de meses en la montaña, tenía ya ganas de ciudad.


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