Desde Salta Nicola y yo nos dirigimos a lo que iba a ser nuestra última parada en Argentina. Cruzamos a la provincia de Jujuy, ya en la frontera con Bolivia y pasamos un par de días en la famosa Quebrada de Humahuaca, patrimonio de la humanidad. El pueblo elegido fue la capital de la comarca, que tiene el mismo nombre que la quebrada.

El paisaje era bastante parecido a lo que habíamos visto en los valles cachalquíes pero el pueblo nos resultó muy pintoresco con sus casas de adobe y sus bonitas plazas. La gente resultó muy simpática y probamos una excelente comida andina en la que probamos la carne de llama. Un poco seca pero a mí me gusto mucho, me resultó muy similar a un solomillo de cerdo.

La Quebrada de Humahuaca da para muchos días, pero nosotros sólo queríamos gastar uno pues nuestro presupuesto nos pedía ya que llégaramos a Bolvia. Nos informamos de qué actividades hacer. El cerro de los siete colores era quizás lo más atractivo pero nos apetecía algo de turismo activo y optamos por alquilar unas bicis y dar un paseo por los alrededores del pueblo.

Los paisajes que encontramos fueron super bonitos pero ya no nos impresionaban tanto por todo lo que habíamos visto los días anteriores. Sufrimos mucho la altura, pues Humahuaca está a más de 3.000 metros de altitud y cuando empezamos a pedalear notamos la falta de oxígeno y tuvimos cierto dolor de cabeza. Nicola estuvo a punto de darse la vuelta pero al final nos acostumbramos y el sufrimiento del comienzo mereció la pena.