La Paz

Desde Sucre tomamos un bus nocturno que nos llevó a La Paz. Cuando llegamos por la mañana nos impacto la masa ingente de edificios grises y gente agetreada que iba a trabajar o a la universidad, mientras nosotros tomábamos nuestro tradicional batido de fruta fresca en el mercado.

Aquí en La Paz hemos conocido a Ainhoa, amiga de una amiga nuestra que nos ha presentado por el Facebook. Ainhoa lleva ya viviendo varios años en La Paz trabajando en temas de cooperación y está casada con un boliviano. Nos ha dado consejos y nos ha hablado de su vida en La Paz.

Nuestra actividad en La Paz no ha sido mucho. Tenemos el alojamiento en el centro y la mayor parte del tiempo la hemos destinado a tomar batidos y hacer muchas muchas compras. Y es que nos hemos vuelto locos por los jerseis de lana que tanta falta nos van a hacer en el invierno de Berlín. Hemos acumulado ya muchos textiles que hemos mandado en un paquete hacia Italia. Y también tomando cervezas con Ainhoa.

¿Cómo llevamos el tema del estómago?

Ya había recibido muchas alertas de que la comida en Bolivia nos iba a sentar mal o que en un momento u otro sufriríamos la diarrea del viajero. Por el momento no hemos tenido ningún problema con las evacuaciones, y eso que hemos comido en lugares no muy higiénicos y yo he comido ensalada fresca. Lo que si hemos sufrido es una hinchazón de la tripa producida por grandes acumulaciones de gases. En definitiva, que desde que estamos en Bolivia, y más aquí en La Paz, nos hemos vuelto unos flatulentos. ¡Y resulta que se debe a la altura! O así nos lo ha explicado Ainhoa, ya nos sentimos más tranquilos.

Nuestro próximo destino: el calor tropical

Aquí en La Paz hace frío, y es que estamos a 3.800 metros de altitud. En todos los lugares de Bolivia que hemos estado hacía mucho frío porque eran altos. Solamente Sucre se salvaba, donde podíamos ir en camiseta por el día. Así que vamos a tomar un descanso antes de irnos a Perú y nos dirigimos hacia los llanos, al norte de Bolivia donde hace 35º y hay un clima tropical. Ya contaré más en la próxima entrada, pero para el que tenga envidia le digo que nos espera un viaje en un bus bastante viejo de 20 horas por lo menos. ¡Toda una aventura!


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