Rurrenabaque

De La Paz a Rurrenabaque

Del frío altiplano nos fuimos al calor tropical de Rurrenabaque. El viaje a Rurrenabaque ya prometía ser toda una aventura pero no imaginamos que lo iba a ser tanto. El viaje en bus iban a ser unas dieciocho horas, pero estamos todavía en época de lluvias y la mayor parte del camino es carretera de tierra, por lo que los retrasos estaban asegurados.

Al final fueron 32 horas hasta llegar a Rurrenabaque. El bus tuvo que parar cuatro veces a cambiar la rueda. También paró dos o tres horas en la madrugada, esperando que se hiciera de día para poder subir una cuesta toda embarrada. El bus quemaba el motor y se inclinaba muchísimo porque el surco de las ruedas estaba ya muy hundido por el barrro, parecía que el bus iba a volcar. Tras tres intentos nos bajamos todos del bus para quitar peso.

También hubo otra parada porque un camión que tenía los neumáticos gastadísimos se quedó trabado en una cuesta y al final un grupo de hombres tuvo que tirar de él. Ni vialidad ni policía ni nada. En estas carreteras se tiene que sacar uno las castañas del fuego.

Tantos parones dio para hablar con los locales. En concreto una chica que vive en La Paz y que iba a visitar a su familia en un pueblo más lejano que Rurrenabaque, nos contó que cada vez que se subía al bus se sentía como la película Destino Final y se despedía de todos sus amigos y familiares en La Paz por si no los volvía a ver más. En concreto nuestra compañía había estado suspendida durante un tiempo porque demasiados buses habían volcado. También nos invitó a comer una papaya muy rica.

Pero la parada más gloriosa fue cuando se hundió la carretera, quedando un agujero bien grande de manera que ningún camión ni bus podía pasar. Había que construir un puente, por lo que al final entre los pasajeros de dos buses y varios camioneros empezamos a recoger piedras y llenar el agujero. Un grupo de ocho hombres lograron arrastrar un pedrolo gigante que ayudo bastante.

Había un joven alemán que ha vivido bastante tiempo en Bolivia, junto con un camionero que tenía un machete se dedicaron a talar un árbol y cortar luego el tronco para hacer postes que sujetaran las piedras que habíamos colocado entre todos. Cada situación más inverosímil.

Después de haberlo construido pasaron los camiones y los buses (vacíos) y menos mal que resistió.

En definitiva, habíamos salido el jueves por la mañana y llegamos el viernes a las 19 de la tarde. Nos teníamos que dar prisa en encontrar una agencia si queríamos salir al día siguiente. Con tantas horas y paradas ya habíamos hecho piña todos los turistas. Éramos un grupo formado por una pareja de Barcelona que lleva más de un año viajando, dos chicas suecas y una chica holandesa que viaja sóla. Todas muy jóvenes respecto a los catalanes y a nosotros, algo bastante común pues Sudamérica está llena de mochileros del norte de Europa entre los 18 y los 23 años.

Al final todos menos la holandesa fuimos a Flecha Tours y contratamos un tour de tres dias por las pampas. También se puede ir a la selva pero en las pampas se ven más animales.

El tour por las pampas

El tour consiste en lo siguiente. Llevan a un grupo de ocho personas (nos añadieron a dos suizas muy simpáticas) en jeep hasta el río Beni. Allí se carga todo el equipaje y comida en un bote y te llevan en él aguas arriba hasta un refugio que tiene la agencia en medio de las pampas. El refugio nuestro consistía en varias habitaciones, cada grupo duerme en una habitación pues hay varios grupos al mismo tiempo. Una cocina-comedor y un bar con billar donde sirven cerveza y batidos.

Alrededor del refugio tenían caimanes semidomesticados, pues los alimentan y están siempre merodeando.

Durante los tres días que estuvimos allí realizamos excursiones siempre en el barco alrededor del refugio, buscando ver distintos animales. Ahora estamos en la época de lluvias por lo que todas las pampas están anegadas de agua, no hay tierra firme, por lo que siempre en el barco.

No vimos anacondas, sólo pudimos ver una serpiente de cascabel enroscada de un árbol. Para ello fuimos a una mini islita y nos metimos en el agua pantanosa hasta la cintura.

Sí que vimos muchos pájaros, aunque a la mayoría no los pude fotografíar, sólo ver con los prismáticos.

Y también vimos monos. Monos chililos, capuchinos (mueven las cejas de manera muy divertida) y aulladores. Estos últimos más difíciles de fotografiar pero los primeros no tenían ningún miedo en acercarse a nosotros.


El amanecer y el atardecer eran espectaculares y pudimos disfrutar de ellos gracias a nuestro guía que se ofrecía a levantarnos a todos bien tempranito para que no nos lo perdiéramos.

Uno de los momentos más divertidos fue cuando nos bañamos con los delfines. El agua estaba bien calentita aunque muy turbia y se veía todo rojo. Los delfines no se quisieron acercar mucho pero los teníamos siempre cerquita. Al día siguiente resultó que fuimos a pescar pirañas justo al ladito.


Tras el tour por las pampas vimos un poco de la noche en Rurrenabaque y lo dimos todo en un karaoke. Resulta que Perales es bien famoso en Bolivia porque tenían allí toda su discografía. Y tras la noche cantante Nicola y yo nos fuimos a Coroico, a disfrutar unos días más del calor tropical.


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