Arequipa

Nuestra primera etapa en nuestro recorrido por Perú fue la ciudad de Arequipa, la segunda ciudad más grande del Perú. Cuando uno entra en Perú desde Bolivia ya percibe los distintos grados de progreso de cada país. Arequipa que en cierta manera nos ha recordado a Sucre, nos ha gustado muchísimo. Tiene un centro realmente bello y da gusto pasear por la su centro histórico.

 

Los peruanos que hemos encontrado hasta ahora nos han parecido sumamente amables. No es que no lo fueran en los otros países que hemos visitado, pero en Perú nos ha sorprendido. En parte porque muchas personas nos estaban avisando que en Perú le sacan a uno el dinero por todo. A diferencia con Bolivia, tienen muchos más años de turismo masivo y eso se nota en las gentes de los lugares turísticos que intenta sacar buena tajada del turista. A nosotros no nos ha parecido exactamente así. Sí en cambio el nivel de calidad del servicio nos parece algo deteriorado en cuanto a las agencias que ofrecen tours, no ofrenciendo un buen nivel de calidad y tampoco importándoles mucho ante la gran demanda siempre creciente.

Una de las cosas que más ganas teníamos era probar la comida peruana, pues con la boliviana estábamos un poco cansados. La gastronomía peruana goza de mucho prestigio en el resto de Sudamérica y espero que también entre pronto en España. Hasta el momento no nos ha decepcionado y además de haberla disfrutado mcuho las raciones son generosas.

Entre otras cosas nos ha gustado mucho la batida de quinoa, que quiero aprender a cocinar, los rocotos rellenos, el ceviche y los anticuchos. Una especialidad que llama la atención es el cuy, que nosotros conocemos como conejito de indias. La carne es sabrosa, se parece a la del conejo pero es más tierna y jugosa, y tampoco tiene grasa. Dicen que tiener un gran aporte nutritivo, pero hay que saber que lo sirven enterito, enterito, con su cabeza y todo. Lo hacen así para que uno compruebe que está realmente comiendo cuy y no una rata o cualquier otro roedor. Nicola no sabía esto y casi se cae para atrás cuando ve el animal entero en el plato.

El convento de Santa Catalina

Este convento es una de las grandes atracciones culturales de la ciudad. Abarca una gran extensión y dentro de sus muros se presenta como un pequeño pueblo dentro de la ciudad. En un principio este convento albergaba soalmente a monjas provenientes de familias muy ricas de España, que debían pagar una dote y destinaban una suma de dinero a construir la celda de su familiar (entiéndase celda como mini apartamento de la época). Así a más dinero invertido, mayor y mejor la celda. Cada monja contaba con una criada que vivía con ella en la celda o miniapartamento.

No soy muy fan de conventos pero este realmente merece la pena visitar. Cada año lo pintan con colores naturales, así el color rojo que se ve es de arcilla. El otro color predominante es el azul que sinceramente no sé de donde viene. La visita es larga y es literalmente como pasear por un pueblito.


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