Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Machu Picchu

Es imposible saber cuantas veces se ha visto las imágenes de Machu Picchu, uno las ha visto innumerables veces. Pero cuando uno llega allí se da cuenta de lo magnífico que es el lugar y la grandeza que desprende es incaptable por ninguna cámara. Así que las fotos que subo no tienen nada que ver. Quizás es por la mezcla de la belleza de las ruinas en combinación con la belleza del entorno o por la energía que dicen desprende ese lugar.

Todavía no se sabe qué era Machu Picchu. Hay teorías que dicen que era un control administrativo por su lugar estratégico entre el altiplano y la amazonia, o un palacio o residencia de nobles o una ciudad en construcción. Al final las ruinas se encuentran en un lugar recóndito, escondido entre montañas y rodeado de un caudaloso río.

Para llegar a él hay que dirigirse a Aguas Calientes y para ello hay dos formas. En tren directo pero a precios muy altos, o en  bus hasta la hidroeléctrica cerca de Santa Marta y desde allí caminar dos horas al lado de las vías del tren. El viaje hasta Santa Marta es bien largo, son como unas ocho horas en bus. Pero esta es la única manera barata de llegar al diminuto Aguas Calientes. Un pueblecito muy pequeño y evidentemente muy turístico, que se esconde en la vegetación de las montañas.

Desde allí lo mejor para visitar Machu Picchu es levantarse muy temprano y subir bien en bus o bien subiendo unas escaleras durante dos horas. Es una cuesta quita el aliento pero uno ve como poco a poco la niebla va despenjándose y deja ver las cimas redondeadas.

Y luego viene la recompensa. Si uno ha salido a las cinco de la mañana, llega a Machu Picchu prácticamente vacío, lo cual es perfecto para las fotografías.

Las ruinas de Machu Picchu están rodeadas de las terrazas incaicas, donde los incas cultivaban quinoa, patatas, maiz, hierbas medicinales, etc. No solamente tenía como función proveer a las gentes de alimento, las terrazas, que fueros escarvadas y rellenadas por ellos, protegen a la montaña de la erosión y de los deslizamientos de la tierra.

Fuimos con Albert e Inma, con los que ya estábamos pasando varios días juntos en Cuzco. Pasamos todo el día allá y nos echamos incluso una siesta con la vista de Machu Picchu. Pero al bajar, Nicola y yo nos empezamos a encontrar mal del estomágo. Nos vino una gran urgencia y tuvimos que bajar por patas hasta llegar al hostal. Resultado, viarios días de diarrea y un día entero sin salir del hostal de Aguas Calientes. Todo el día siguiente lo pasamos echados en la cama. Por suerte nos habían dejado una televisión y no se hizo tan aburrido.