Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Month: mayo 2012 (page 1 of 2)

Cartagena de Indias

Llegar a la costa caribeña supone empaparse de colores, de un ritmo de vida totalmente diferente al del interior  y sobre todo de muchísimo calor. La humedad en esta parte del Caribe es muy alta por lo que nosotros nos sentíamos totalmente anulados hasta el final de la tarde, cuando ya nos sentíamos capaces de salir del hostal e ir a pasear por la ciudad vieja.

Nosotros llegamos al hostal Mama Waldy, un hostal bastante nuevo en el barrio de Getsemaní llevado por Germán y su familia. Son muy simpáticos y muy hospitalarios, y a uno le entran ganas de quedarse más tiempo por el buen rollo y la familiaridad que se respira en el hostal. El barrio donde se situa forma parte del casco histórico de Cartagena, aunque está fuera de la zona restaurada. Hasta hace unos años era un barrio peligroso aunque ya ha dejado de serlo gracias a la gran presencia de hostales y pequeños restaurantes. Y todavía se puede ver vida de barrio en el lugar, algo que se ha perdido totalmente en la parte colonial restaurada.

La parte colonial no nos gustó mucho pues nos ha resultado bastante impersonal. Está llena de hoteles y restaurantes caros, las artesanías también están infladas de precios y las tiendas de marcas de lujo tienen una gran presencia. Es muy bonito pasear y perderse, especialmente al atardecer y principio de la noche, cuando la gente disfruta de sus plazas y las terrazas de los restaurantes están llenas. Sin embargo, a nuestro parecer esta joya colonial no ha dado tanto como esperábamos.

Cartagena tiene otro lado, la que nosotros bautizamos como Miami beach. Y es que cerca de la parte colonial, hay una península que da a la bahía llena de edificios horribles de apartamentos y hoteles de dudoso gusto arquitectónico. Y encima la playa allí no es que sea muy bonita y limpia. Nosotros lo visitamos de paso, pero vamos que no se nos había perdido nada allí.

Sin embargo, por estas palabras podría parecer que Cartagena no nos has gustado mucho, todo lo contrario. Lo que nos cautivó de Cartagena no han sido sus “atractivos turísticos” si no su gente, la simpatía, el ritmo de vida tropical que se respira. Hay una magia allí que te atrapa. A mí solamente me sacó las ganas de ir a la montaña en la sierra de Santa Marta pero Nicola se quedó unos días más para un proyecto artístico. La verdad es que el podría decir mucho más de la ciudad, a ver si lo convenzo para que escriba algo.

 

Medellín desde el hostal

Por suerte los alojamientos en Colombia estaban resultando mucho mejor que en Ecuador. El hostal de Popayán era muy agradable y en Medellín tuvimos la suerte de llegar al Palmtree Hostel, un hostal no muy grande, acogedor, con buena cocina y zonas comunes, y una gente muy pero que muy simpática. Tuve suerte de caer enfermo en un hostal así.

El primer día estaba cansado pero me encontraba con ganas de salir a visitar la ciudad, aunque al poco ya no daba para más y mi mente estaba fundida. Era fin de semana y se habla muy bien de la noche de Medellín pero mi cuerpo no daba para más. Lo sentí por Nicola porque él si que tenía ganas de salir un poco. Así que plan casero, a ver películas en el hostal mientras todo el mundo salía de rumba.

Al día siguiente me desperté con fiebre por lo que no me moví del alojamiento. Nicola fue buen enfermero y me preparo ricas sopitas. Conocimos a Manuel, un chico de Medellín que había trabajado en el hostal y que se sigue pasando mucho para estar con sus amigos. Justo el había dejado un trabajo para tomar otro y como estaba ocioso esos días se ofreció a llevarnos de paseo al día siguiente.

Por suerte amanecí el tercer día sin fiebre pero todavía no pude salir a la calle. Así que Nicola se fue de paseo con Manuel y éste le mostró el centro de la ciudad y vieron la parte más nueva. Yo me quede durmiendo y viendo películas. No es que me aburriera pero no podía salir a conocer una de las ciudades más modernas de Colombia, que fue también la ciudad de Botero. La ciudad de Medellín estuvo también estigmatizada durante mucho tiempo por el narcotráfico, especialmente en los 70 y 80, en los peores años de Colombia. El famosos Escobar, un capo del narcotráfico vivía en la ciudad hasta que lo tirotearon en la terraza de un edificio. En Colombia es ya un personaje mítico y de hecho, las últimas semanas se ha visto en la televisión una gran producción televisiva sobre su vida. En la que era su hacienda, hay también ahora un museo para que sirva de ejemplo.

El martes era nuestro día de partida, pero no salíamos hasta la noche en dirección a Cartagena por lo que el último día pude salir a pasear con Nicola y con Manuel. Subimos en el teleférico, un nuevo sistema de transporte conectado al sistema de metro que comunica el centro con los barrios más desfavorecidos. Con esta medida dicen que intentan integrar las partes más desfavorecidas de la ciudad. Es un sistema bastante novedoso y atractivo para el turista, pues ofrece nuevas perspectivas de un ciudad. De hecho lo estan contemplando en Brasil para ciudades como Río de Janeiro.

También vimos el centro norte, que nos gustó mucho. Especialmente el jardín botánico donde se puede pasear, relajarse y donde se organizan también diferentes eventos y conciertos. A mí me habría gustado ver el acuario que dicen ser uno de los más grandes de Sudamérica pero estaba cerrado, así que me tuve que quedar sin ver a los pececitos. Pero como compensación vimos iguanas y ardillas en el parque.

Y ya por la noche dijimos adiós a Medellín y a la gente del hostal que nos habían tratado así de bien y pusimos rumbo a Cartagena de Indias, en la costa caribeña de Colombia.

La frontera entre Ecuador y Colombia, de Quito a Medellín

Dejamos Quito con muchas ganas de llegar a Colombia y empaparnos de la cultura de este nuevo país y conocer más de cerca a sus gentes que dicen con razón que son muy simpáticas, agradables y hospitalarias. Paramos brevemente en Otavalo para ir a su feria de artesanías. No pudimos ir el sábado que era el día grande pero llegamos el miercoles, que es el segundo día en importancia. Fue llegar, comprar algunos regalillos, cenar y salir al día siguiente a las cuatro de la mañana.

Aquí tuvimos un episodio desagradable con un empleado del hostal Samana. Teníamos que tomar un taxi a Ibarra, la ciudad más cercana para tomar el bus que nos llevaría a la frontera con Colombia. Un chico que trabajaba allá nos dijo que el iba con su amigo a Ibarra por la mañana bien temprano, de hecho más temprano de lo que planeábamos nosotros. Al final por la noche nos dijo que nos cobrarían un par de dólares por el trayecto, una práctica normal en Ecuador. Pero cuando llegamos a Ibarra y nos dejaron al lado del bus, nos quería cobrar doce dólares!!! lo mismo que costaba un taxi. O sea que favor ninguno, nos costó lo mismo que un taxi, pero en lugar de tener el taxi a nuestra conveniencia nosotros nos tuvimos que adaptar a ellos y esperarles por la madrugada.

No hay ningún autobús que vaya directamente a Colombia. Hay que ir hasta Tucán y allí tomar un taxi hasta la frontera. Mejor si se encuentran a más viajeros para compartirlo. En la frontera hicimos los trámites más o menos rápidamente, quizás porque era temprano por la mañana. Y de nuevo un taxi hasta la terminal de Ipiales donde allí hay conexiones para todo el páis. También a Bogotá, Medellín, Cartagena, Cali, Pasto, Popayán, etc. El problema es que la terminal no tiene cajeros automáticos, y aunque está mucho más extendido en Colombia que en los países anteriores, en algunas ocasiones se puede hacer complicado pagar con tarjegas, o que las tarjetas extranjeras funcionen en el país.

Nuestra idea era primero ir a Medellín, pero había dos inconvenientes. Nuestras guías de viaje comentaban que podía ser peligroso viajar de noche en esa área, pero no eran muy concretas. Habíamos oído de gente que decía que sí y gente que decía que no. Nosotros no sabíamos si ir directamente hasta allá lo que suponía viajar de noche o quedarnos en la colonial Popayán a hacer noche. Al final el problema de las tarjetas de crédito nos forzó a quedarnos en Popayán, pues el dinero no daba para más. Esa noche en Popayán, nos aclararían el tema de viajar de noche y nos comentaron que en efecto, entre Ipiales y Popayán podía ser un poco más inseguro viajar por el hecho de que muy poca gente toma esa ruta que va a la frontera de noche y por lo tanto hay menos presencia policial, por lo que podría haber bandidos. De Popayán para arriba ningún problema.

A Popayán llegamos por la tarde y fue toda una grata sorpresa descubrir que había perdido la tarjeta de crédito. Por suerte viajo con una de crédito y otra de débito, y además somos dos viajando, por lo que uno siempre puede sacar dinero para el otro en casos de emergencia. Era tarde por la noche para llamar a casa y anularan mi tarjeta así que tocaba salir a buscar un ciber y locutorio, todo en uno. Parecían todos cerrados y costó lo suyo dar con uno. Al final pude llamar y anularla, un estrés menos. Popayán es una simpática ciudad colonial que se ve enseguida, sus atractivos están por los alrededores y nosotros no teníamos tiempo para ello. Tras dar un par de vueltas dijimos, bueno ya es hora que vayamos a cenar, nos lo merecemos. Popayán está bastante muerta de noche y nos encontró encontrar algo en el centro. Vimos como un lugar de comida rápida donde servían arepas, especialidad colombiana. Probamos una completa, con chicharrones, pollo, queso y salsas. Una bomba indigesta que nos revolvió el estómago, y que probablemente fue la causante de que me pusiera enfermo.

Amanecíamos temprano por la mañana para continuar nuestro viaje a Medellín. Mientras, la arepa que estaba en mi interior gestaba lo que iba a venir los días siguientes. Y es que llegando ya a Cali me sentía mareado, y en la estación, que hacía un calor de mil horrores no me podía tener en pie. La idea de quedarnos en Cali no nos apetecía por lo que estuvimos unas buenas horas en el Dunkin Donuts, donde había espacio, un sofa para tumbarse y un buen baño en el que no había que pagar y estaba limpio. Al final me encontré mejor pero para entonces ya se habían agotado los billetes del bus por lo que tuvimos que pasar al final unas seis o siete horas en la estación hasta que salió nuestro bus y nos dejó en Medellín de madrugada.

Pingüino XLVII

Ecuador tiene piel de orquídea

Ecuador es uno de los países con la mayor biodiversidad, tanto en fauna como en flora. En cuanto a la flora, el mayor número de especias lo comprenden las orquídeas. Ecuador alberga miles de diferentes especies por lo que es justo decir que Ecuador es un país de orquídeas.

Si uno visita la ciudad de Quito puede acercarse al modesto pero interesante jardín botánico. Allí hay una gran colección de orquídeas, y si uno va con la calma suficiente se quedará entusiasmado con la belleza que alcanzan algunos ejemplares.

Quito

Después de Puerto López, hicimos una breve visita a Canoa para dirigirnos a la capital del país, Quito. En Canoa estuvimos poco tiempo como para hablar mucho. Pero resulta un pueblo bastante encantador, tranquilo y con una playa bien bonita también. De aquí a unos años será ya como Montañita.

Quito nos ha conquistado con su arquitectura colonial. La verdad es que no lo espérabamos y nos ha sorprendido mucho su belleza y la actividad que transpira. No sé si es porque nuestra llegada ha coincidido con el día de la madre, un día que se vive con mucha intensidad aquí en Ecuador y en el que se le rinde un verdadero homenaje a las madres. Pero el caso es que tiene una magia que atrae.

Nos hemos acercado también a la zona de Mariscal, que no nos ha gustado mucho pues lo hemos encontrado bastante idéntico a otras ciudades. Nos quedamos sin duda alguna con su centro histórico, sus calles empinadas y los volcanes cubiertos de niebla como fondo. La calidez de los quiteños tampoco hace sombra al resto de los ecuatorianos, y siempre hay nuevos platos que descubrir. Nicola se derrite por las humitas y a mí me ha gustado mucho comer lengua de vaca en salsa de cacahuete.

Hemos visitado también La mitad del mundo, un lugar al norte de la ciudad donde se hicieron las mediciones para establecer por donde pasaba la latitud 0º. Allí han erigido un monumento y alrededor de él han surgido unos pavellones y un museo y muchas tiendas de artesanía. No es gran cosa, pero resulta curioso pensar que uno esta justo en el medio de los dos hemisferios.

Explorando el Parque Nacional Machalilla

El Parque incluye desde costa como la Playa de los Frailes, islas como la de Salango y la Isla de la Plata, pero también bosque seco tropical y bosque húmedo. Además de visitar las islas, nos adentramos también en el bosque húmedo en Río Blanco, pues nuestro viaje por Ecuador estaba siendo solamente por la costa y teníamos ganas de ver animales y jungla.

Isla de la Plata

Una de las joyas del Parque Nacional de Machalilla es la Isla de la Plata. Su principal atracción es el avistaje de ballenas, que yo ya hice en la Península de Valdés. Sin embargo, en esta época no hay ballenas. Pero igualmente es interesante ir para ver aves tan extrañas como picudos de patas azules, picudos de nazca, pájaros tropicales y fragatas. Los ejemplares macho de las fragatas, en época de apareamiento cortejan a las hembras inflando una membrana roja de aire que tienen en la gargante, dando la apariencia de un globo rojo.

Nuestra actividad contratada con la agencia comprendía snorkling por la tarde. Este prometía ser mucho mejor que el de Salango. Pero por desgracia no pudimos hacerlo debido al gran número de ¡medusas! Fue todo una decepción pues el otro nos había sabido a poco y con este esperábamos disfrutar mucho.

Como recompensa pudismo avistar delfines de vuelta a Puerto López. Un momento mágico que nos dejo boquiabiertos y nos quitó todas las penas.

Río Blanco

Para contrarrestar con los otros días decidimos hacer una excursión a la comunidad de El Pital, en la comuna de Río Blanco. Aquí nos recibió Gastón, que lleva las actividades turísticas de la comunidad. Junto con el, montamos en unas mulas y recorrimos 21 kilómetros por la selva o el bosque húmedo en busca de monos aulladores, que ya habíamos visto en Rurrenabaque. No es un bosque tropical primario, pues toda esa zona fue una zona cafetera hasta finales de los setenta. A partir de entonces se ha empezado a recuperar pero todavía falta hasta que sea como el bosque amazónico. Aquí había jaguar pero ha desaparecido al igual que los árboles más grandes y viejos. Aún con todo, se parece al bosque amazónico y resulto un paseo bien lindo.

Tras mucho buscar pudimos encontrar los monos aulladores, aunque mi cámara no es tan buena como para haberlos captado bien. Durante el paseo Gastón nos habló mucho de su pueblo, de él y de su familia, lo que resultó bastante interesante. Al final comimos en su casa, donde conocimos a sus simpáticos padres que nos invitaron además a dulces caseros hechos en el pueblo. Es una pena que el mototaxi nos viniera a buscar tan pronto pues nos habría gustado quedarnos a charlar con Gastón.

Puerto López

Nos habría gustado quedarnos en Ayampe mucho más tiempo pero ahora tampoco es que tengamos todo el tiempo del mundo. Apenas queda poco más de un mes para nuestra vuelta. Así que continuamos hasta Puerto López, puerta al Parque Nacional Machalilla, el único parque nacional de Ecuador, pues el resto son Reservas.

Puerto López es un pueblecito con más vida, pero un tanto decadente. A mí me resultó sucio y poco cómodo, y cuando llueve mucho el pueblo se colapsa. Aunque resulta de interés acercarse a la playa temprano por la mañana, cuando llegan los pescadores de faenar. Además de muchas cantidades de marisco se pueden ver tiburones, tiburones martillo y peces espada.

Lo que salva al pueblo es su proximidad a la Playa de los Frailes, dentro del parque nacional. Es una playa increible, preciosa. Un lugar paradisiaco. Y si uno tiene ganas de caminar puede subir hasta unos miradores y bajar hasta dos playas impresionantes.

 

Este es el mirador a la Playa de los Frailes.

Esta es la playa de las tortugas, donde ellas entierran sus huevos bajo la arena. El lugar es impresionante, el problema es que es peligroso bañarse.

Y la playa prieta, donde uno puede retirarse si quiere estar solo.

 

Pingüino XLVI

Siguiendo la Ruta del Sol

Tras Montañita nos dirigimos a uno de los pueblos en lo que dicen es el trozo de costa más bello en Ecuador, aquella que se encuentra entre Montañita y Puerto López. Así al azar elegimos el tranquilo y rústico pueblo de Ayampe, en el que queríamos pasar sólo un par de días y al final estuvimos toda una semana.

 

Tras dar una pequeña vuelta nos inclinamos por quedarnos en las cabañas de La Iguana (¡y vimos iguanas en el jardín además de colibrís!). No solamente la habitación estaba muy bien, tienen cocina en el bonito jardín y el trato es estupendo. Nos traían además las papayas y maracuyás de los árboles del jardín.

El alojamiento junto con otros pocos que se encuentran contiguos se situa muy cerquita de la playa. Y Ayampe disfruta de una playa increible. Agreste pero apta para el baño. El agua está como no, calentita y no hay basura en la playa. Un paraíso al que nos gustaría volver algún día.

No hay mucho más que decir. El viaje ha adquirido un ritmo mucho más tranquilo y placentero. Todos los días pescado y marisco (gambas o calamares), siestecita en la hamaca, baño y paseito por la playa. Sólo un día nos escapamos al pueblo de Salango y cruzamos hasta la isla con el mismo nombre, e hicimos un poco de snorkle, aunque este no fue nada espectacular.