Por suerte los alojamientos en Colombia estaban resultando mucho mejor que en Ecuador. El hostal de Popayán era muy agradable y en Medellín tuvimos la suerte de llegar al Palmtree Hostel, un hostal no muy grande, acogedor, con buena cocina y zonas comunes, y una gente muy pero que muy simpática. Tuve suerte de caer enfermo en un hostal así.

El primer día estaba cansado pero me encontraba con ganas de salir a visitar la ciudad, aunque al poco ya no daba para más y mi mente estaba fundida. Era fin de semana y se habla muy bien de la noche de Medellín pero mi cuerpo no daba para más. Lo sentí por Nicola porque él si que tenía ganas de salir un poco. Así que plan casero, a ver películas en el hostal mientras todo el mundo salía de rumba.

Al día siguiente me desperté con fiebre por lo que no me moví del alojamiento. Nicola fue buen enfermero y me preparo ricas sopitas. Conocimos a Manuel, un chico de Medellín que había trabajado en el hostal y que se sigue pasando mucho para estar con sus amigos. Justo el había dejado un trabajo para tomar otro y como estaba ocioso esos días se ofreció a llevarnos de paseo al día siguiente.

Por suerte amanecí el tercer día sin fiebre pero todavía no pude salir a la calle. Así que Nicola se fue de paseo con Manuel y éste le mostró el centro de la ciudad y vieron la parte más nueva. Yo me quede durmiendo y viendo películas. No es que me aburriera pero no podía salir a conocer una de las ciudades más modernas de Colombia, que fue también la ciudad de Botero. La ciudad de Medellín estuvo también estigmatizada durante mucho tiempo por el narcotráfico, especialmente en los 70 y 80, en los peores años de Colombia. El famosos Escobar, un capo del narcotráfico vivía en la ciudad hasta que lo tirotearon en la terraza de un edificio. En Colombia es ya un personaje mítico y de hecho, las últimas semanas se ha visto en la televisión una gran producción televisiva sobre su vida. En la que era su hacienda, hay también ahora un museo para que sirva de ejemplo.

El martes era nuestro día de partida, pero no salíamos hasta la noche en dirección a Cartagena por lo que el último día pude salir a pasear con Nicola y con Manuel. Subimos en el teleférico, un nuevo sistema de transporte conectado al sistema de metro que comunica el centro con los barrios más desfavorecidos. Con esta medida dicen que intentan integrar las partes más desfavorecidas de la ciudad. Es un sistema bastante novedoso y atractivo para el turista, pues ofrece nuevas perspectivas de un ciudad. De hecho lo estan contemplando en Brasil para ciudades como Río de Janeiro.

También vimos el centro norte, que nos gustó mucho. Especialmente el jardín botánico donde se puede pasear, relajarse y donde se organizan también diferentes eventos y conciertos. A mí me habría gustado ver el acuario que dicen ser uno de los más grandes de Sudamérica pero estaba cerrado, así que me tuve que quedar sin ver a los pececitos. Pero como compensación vimos iguanas y ardillas en el parque.

Y ya por la noche dijimos adiós a Medellín y a la gente del hostal que nos habían tratado así de bien y pusimos rumbo a Cartagena de Indias, en la costa caribeña de Colombia.