La ciudad perdida de los Tayronas

Tras Playa Blanca yo me fui a Santa Marta desde donde iba a organizar el trecking de cinco días a Teyuna, la ciudad perdida de los tayronas. Suponía una larga caminata en condiciones no muy cómodas por lo que Nicola prefirió quedarse unos días en Cartagena y venir un poco más tarde a Santa Marta a esperarme.

Llegué el martes al mediodía a la caliente Santa Marta aunque aquí el calor se lleva mucho mejor y acabe en el hostal El noctámbulo que me habían recomendado en el Mama Waldy, un pequeño hostal muy acogedor y cómodo donde ayudan mucho a los viajeros. No tuve mucho tiempo de ver la ciudad pues contrate la excursión para el día siguiente (no es posible hacerlo sin guía) y me tuve que pelear con los cajeros de la ciudad y comprar algunas cosas. Que susto me llevé, hasta el tercer cajero no pude sacar todo el dinero que necesitaba.

Los tayronas

Los tayronas eran un pueblo que vivían cerca de lo que es hoy la ciudad de Santa Marta y el Parque Tayrona. Eran un pueblo poco guerrero, más bien pacífico y cuando sus vecinos se hicieron hostiles se retiraron a las montañas, a la sierra de Santa Marta. Allí levantaron ciudades y desarrollaron una cultura particular en la que la astronomía era un punto clave. Las sociedades de sus asentamientos eran ciertamente complejas, disponían de buenos artesanos y les gustaba el comercio. Hacia el siglo XIV el entorno se hizo más pacífico y pudieron volver a la costa. Ya no faltaba mucho para que llegaran los españoles, lo cual cambiaría su evolución como pueblo al igual que para otros tantos pueblos nativos. El contacto con los españoles les proporcionó mucho mejores herramientas, así como ganado, mejores semillas para sembrar y en general otras facilidades que mejorarían su calidad de vida. Poco a poco fueron abandonando los asentamientos en las montañas dejando en el olvido los vestigios de una cultura de la que hoy muy poco se sabe y que a los ojos de los que hagan esta excursión resultará fascinante.

Actualmente todavía comunidades indígenas viven fieles en lo que pueden a su vida tradicional. Entre ellos están los Arsarios, los Kancuamos y los Koguis, que son los más cercanos a los tayronas. Se les puede conocer durante el trayecto de tres días que supone llegar a la ciudad perdida. No se acercan mucho a los turistas aunque ellos son una fuente de ingresos para sus comunidades, de allí que ellos tengan como parte de su actividad mantener los caminos y gestionar los refugios para los visitantes. Algunos niños son más atrevidos y se acercan para pedir alguna cosa o simplemente para saludar. Es muy difícil distinguir los niños de las niñas, pues todos visten túnica blanca y llevan el pelo largo. Cada vez es más complicado para estas comunidades pervivir en un mundo globalizado como el nuestro, y es difícil saber cuánto de bien hace la llegada del turismo, pero esto es un tema complicado con el que se podrían llenar muchos posts.

Teyuna, la ciudad perdida

En la década de los 70 unos buscadores de tesoro dieron con un muro en la vereda de un río que les llevo hasta unas escaleras en la montaña. Arriba en la montaña estaba la ciudad de Teyuna sepultada bajo la tierra, pero eso no impidió que no encontraran tesoros de gran valor arqueológico. Pudieron hacer dinero con ello pero al mismo tiempo atrajeron la atención de más gente en búsqueda de tesoros. Al final lo que es hoy el sitio arqueológico se convirtió en una película de acción en la que estaba implicado también el narcotráfico pues se cultivaba mucha marihuana en la región por ese entonces. La muerte de una persona provocó ya una denuncia y la aparición de la policía y del ejército. Desde entonces arqueólogos e investigadores han estado trabajando y en los años ochenta ya estaba abierto al público. Sin embargo hasta no hace muchos años no era un lugar muy seguro pues el último secuestro se produjo en el 2003. Desde entonces la presencia del ejército es constante y está allí para velar por la seguridad de los que visitan las ruinas.

Se presume que al igual que Teyuna, hay muchísimos más asentamientos tayronas enterrados en las montañas de Santa Marta y probablemente más grandes e importantes. Sin embargo estos lugares son sagrados para los indígenas que viven en la sierra, pues son también cementerios, ya que los tayronas enterraban a su familiares bajo las casas. Cada vez que se sucedía un entierro, elevaban un nivel la casa, de manera que cada nivel sobre el que se asentaba la casa era un tumba. Por esa razón no se buscan más asentamientos por el momento.

Cómo llegar a la Ciudad Perdida

Como comentaba al principio no es posible hacerlo por cuenta propia y uno no tiene más remedio que dirigirse a una de las agencias que hay en Santa Marta o en Taganga. La actividad consiste en cinco días de trecking a través de la sierra. Se va con un guía y cocineros, en nuestro caso eramos sólo tres por lo que no hacía falta cocinero para tan poca gente. Hay varios campamentos a lo largo del camino donde se está bastante cómodo. Se duerme en algunos en hamaca y en otros en cama, siempre con mosquitera. Excepto el primero, ninguno tiene electricidad pero todos están al lado del río y uno puede ducharse o bañarse directamente en algunas de las múltiples pozas.

Los guías son muy simpáticos y agradables, saben de lo que hablan y se les puede hacer muchas preguntas, además la comida que se prepara en los campamentos está muy rica. Igualmente se coincide con otros grupos por la noche con los que se puede socializar y echar unos juegos de cartas.

El camino no entraña muchas dificultades. Nosotros tuvimos suerte y como no llovió por las mañanas (¡por las tardes siempre llueve!) el camino no estaba embarrado. Además han hecho muchos trabajos y han cementado tramos complicados y han construido un puente donde antes había que cruzar el río por la cintura. Había conocido gente que lo había hecho tiempo atrás y me habían dicho que era una verdadera aventura. Ahora realmente ha perdido esa noción de aventura pues es todo bastante seguro y no entraña ninguna dificultad cuando estoy seguro que unos años atrás podría llegar a ser realmente peligroso con mucha lluvia.

El clima es siempre de mucho calor y de estar sudando desde el primer segundo que te colocas la mochila al hombro. Puede llover y te empapas todo, pero sigue haciendo calor, especialmente el primer día antes de llegar al bosque húmedo. Por suerte no hay que llevar mucho peso pues la comida te la preparan allí e igualmente te dan agua purificada con pastillas. Hay quien dice haber visto monos, yo no vi ningunos aunque sí que vi muchos pájaros y otros animalillos comunes del bosque como nutrias, ardillas y escorpiones.

Tras tres días caminando por la selva se llega al último refugio . Desde allí se divisa ya la montaña que esconde la Ciudad Perdida.

Al cuarto día se levanta uno bien temprano para poder visitar las ruinas antes de que caigan las lluvias de la tarde. Se suben los más de 1.000 escalones que llevan hasta ella y se obtiene la recompensa a tres días de esfuerzo. Las ruinas de Teyuna.

Cuando uno llega allí siente lo especial que es el lugar, lo mágico del hecho de que allí hubiera una cultura totalmente ajena a nosotros, que no podremos entender y de la que apenas nada sabremos. Y allí está su vestigio, en medio de la selva y de las montañas, para nuestra contemplación.

Y toca volverse a casa. El cuarto y el quinto día son para volver por el mismo camino al calor asfixiante de Santa Marta, pero esta vez con mucho cansancio encima, la ropa hecha una mierda y una mochila apestosa de sudor al hombro.

 


Comentarios

  1. alessandro martinez dice:

    muy interesante, podrias darme un numero telefonico o algun lugar especifico a donde dirigirme para que me den la informacion sobre los costos y demas… bacana tu experiencia, contactame y hacemos grupos mochileros… un abrazo

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