Dejé Berlín a mitad de Marzo pero antes de volar para Colombia pasé unos días con Natacha en Sevilla. Amiga que no veía desde hace mucho y ciudad que no visitaba en mucho tiempo. Las últimas veces había sido por trabajo. Disfruté del sol, de buena comida y de estupenda compañía y desde Sevilla fui a Madrid para embarcarme en un vuelo directo a Bogotá.

Llegué a Bogotá de noche y Sara estaba esperándome para recogerme.En su coche nos fuimos para su casa. Sólo podría estar con Sara un par de horas pues ella tenía que madrugar al día siguiente para ir de nuevo al aeropuerto y viajar por motivos de trabajo. Cuando estuve en su coche quedé impresionado de nuevo por lo grande que es la ciudad y las distancias entre un lugar a otro. Era de noche y apenas había tráfico  y conduciendo por carreteresa en línea recta sin apenas semáforos nos llevo más de media hora llegar a la ciudad. Y el aeropuerto no es que esté apartado para nada. Luego ya me acostumbraría de nuevo a las distancias y a calcular casi una hora de recorrido al aeropuerto moviéndome en taxi o en uber.

Después de habernos actualizado en nuestras vidas nos fuimos a la cama aunque yo prácticamente no dormí nada, pues a las cuatro de la mañana estaba ya despierto. Tenía un día para pasear por la ciudad, pues por la noche llegaba mi buena amiga Noelia desde Berlín, con quien iba a viajar durante las tres próximas semanas.

En mi primera mañana en Bogotá, cogí el transmilenio y me fui al centro, para pasear y buscar una tarjeta sim para el móvil. Al final escogería Movistar. Luego descubriría que en lugares remotos funcionaba solo una compañía, o Claro o Movistar. En la isla de Providencia Claro no funcionaba pero Movistar sí. En Leticia en el Amazonas era al revés. Volví a recorrer las calles que cinco años antes había paseado con Sara y Nicola, vi el restaurante en el que habíamos probado un ajiaco buenísimo y me tomé mi primer jugo de frutas y emapanada. ¡Qué rico sabían los jugos!

Después de pasearme por el centro fui a recoger a Noelia al aeropuerto y de allí de vuelta a Cedritos, el barrio donde vive Sara. Sara sin embaro ya no estaba y no se pudo ver con Noelia. Esa noche nos tocó comernos nuestras primeras arepas.

Al día siguiente salíamos por la noche en avión hacia San Andrés para ir después a la isla de Providencia. Pero todavía teníamos la mañana y la tarde para hacer algo. Queríamos empezar bien el día por lo que fuimos a desayunar a Usuquén al restaurante/ cafetería Abasto. Todo muy rico y muy bueno. Estupendo café, mermeladas caseras y tenían unos platos del día que no probé pero que sólo de leerlos se me caía la baba.

Paseamos por Usuquén, la plaza que estaba muy tranquila al ser entre semana y luego compramos unas cuantas cosas que necesitábamos en el centro comercial de Usuquén. Nosotros que no estamos acostumbrados a los centros comerciales grandes nos perdíamos literalmente allí y más de una vez.

El encuentro con Bogotá fue una mezcla de bonitos recuerdos y ganas de conocerla más. Desde el primer momento he sentido que la ciudad respira mucha vida y que ofrece muchas actividades y posibilidades. Llegaba a Colombia con ganas de conocer gente, lugares y conocer más de la cultura colombiana. Bogotá recibe con sus rascacielos del centro, bloques de apartamentos de ladrillo y un cielo gris, pero sabía que si rascaba un poco iba a descubrir cosas bien interesantes.