Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Category: Ecuador

La frontera entre Ecuador y Colombia, de Quito a Medellín

Dejamos Quito con muchas ganas de llegar a Colombia y empaparnos de la cultura de este nuevo país y conocer más de cerca a sus gentes que dicen con razón que son muy simpáticas, agradables y hospitalarias. Paramos brevemente en Otavalo para ir a su feria de artesanías. No pudimos ir el sábado que era el día grande pero llegamos el miercoles, que es el segundo día en importancia. Fue llegar, comprar algunos regalillos, cenar y salir al día siguiente a las cuatro de la mañana.

Aquí tuvimos un episodio desagradable con un empleado del hostal Samana. Teníamos que tomar un taxi a Ibarra, la ciudad más cercana para tomar el bus que nos llevaría a la frontera con Colombia. Un chico que trabajaba allá nos dijo que el iba con su amigo a Ibarra por la mañana bien temprano, de hecho más temprano de lo que planeábamos nosotros. Al final por la noche nos dijo que nos cobrarían un par de dólares por el trayecto, una práctica normal en Ecuador. Pero cuando llegamos a Ibarra y nos dejaron al lado del bus, nos quería cobrar doce dólares!!! lo mismo que costaba un taxi. O sea que favor ninguno, nos costó lo mismo que un taxi, pero en lugar de tener el taxi a nuestra conveniencia nosotros nos tuvimos que adaptar a ellos y esperarles por la madrugada.

No hay ningún autobús que vaya directamente a Colombia. Hay que ir hasta Tucán y allí tomar un taxi hasta la frontera. Mejor si se encuentran a más viajeros para compartirlo. En la frontera hicimos los trámites más o menos rápidamente, quizás porque era temprano por la mañana. Y de nuevo un taxi hasta la terminal de Ipiales donde allí hay conexiones para todo el páis. También a Bogotá, Medellín, Cartagena, Cali, Pasto, Popayán, etc. El problema es que la terminal no tiene cajeros automáticos, y aunque está mucho más extendido en Colombia que en los países anteriores, en algunas ocasiones se puede hacer complicado pagar con tarjegas, o que las tarjetas extranjeras funcionen en el país.

Nuestra idea era primero ir a Medellín, pero había dos inconvenientes. Nuestras guías de viaje comentaban que podía ser peligroso viajar de noche en esa área, pero no eran muy concretas. Habíamos oído de gente que decía que sí y gente que decía que no. Nosotros no sabíamos si ir directamente hasta allá lo que suponía viajar de noche o quedarnos en la colonial Popayán a hacer noche. Al final el problema de las tarjetas de crédito nos forzó a quedarnos en Popayán, pues el dinero no daba para más. Esa noche en Popayán, nos aclararían el tema de viajar de noche y nos comentaron que en efecto, entre Ipiales y Popayán podía ser un poco más inseguro viajar por el hecho de que muy poca gente toma esa ruta que va a la frontera de noche y por lo tanto hay menos presencia policial, por lo que podría haber bandidos. De Popayán para arriba ningún problema.

A Popayán llegamos por la tarde y fue toda una grata sorpresa descubrir que había perdido la tarjeta de crédito. Por suerte viajo con una de crédito y otra de débito, y además somos dos viajando, por lo que uno siempre puede sacar dinero para el otro en casos de emergencia. Era tarde por la noche para llamar a casa y anularan mi tarjeta así que tocaba salir a buscar un ciber y locutorio, todo en uno. Parecían todos cerrados y costó lo suyo dar con uno. Al final pude llamar y anularla, un estrés menos. Popayán es una simpática ciudad colonial que se ve enseguida, sus atractivos están por los alrededores y nosotros no teníamos tiempo para ello. Tras dar un par de vueltas dijimos, bueno ya es hora que vayamos a cenar, nos lo merecemos. Popayán está bastante muerta de noche y nos encontró encontrar algo en el centro. Vimos como un lugar de comida rápida donde servían arepas, especialidad colombiana. Probamos una completa, con chicharrones, pollo, queso y salsas. Una bomba indigesta que nos revolvió el estómago, y que probablemente fue la causante de que me pusiera enfermo.

Amanecíamos temprano por la mañana para continuar nuestro viaje a Medellín. Mientras, la arepa que estaba en mi interior gestaba lo que iba a venir los días siguientes. Y es que llegando ya a Cali me sentía mareado, y en la estación, que hacía un calor de mil horrores no me podía tener en pie. La idea de quedarnos en Cali no nos apetecía por lo que estuvimos unas buenas horas en el Dunkin Donuts, donde había espacio, un sofa para tumbarse y un buen baño en el que no había que pagar y estaba limpio. Al final me encontré mejor pero para entonces ya se habían agotado los billetes del bus por lo que tuvimos que pasar al final unas seis o siete horas en la estación hasta que salió nuestro bus y nos dejó en Medellín de madrugada.

Ecuador tiene piel de orquídea

Ecuador es uno de los países con la mayor biodiversidad, tanto en fauna como en flora. En cuanto a la flora, el mayor número de especias lo comprenden las orquídeas. Ecuador alberga miles de diferentes especies por lo que es justo decir que Ecuador es un país de orquídeas.

Si uno visita la ciudad de Quito puede acercarse al modesto pero interesante jardín botánico. Allí hay una gran colección de orquídeas, y si uno va con la calma suficiente se quedará entusiasmado con la belleza que alcanzan algunos ejemplares.

Quito

Después de Puerto López, hicimos una breve visita a Canoa para dirigirnos a la capital del país, Quito. En Canoa estuvimos poco tiempo como para hablar mucho. Pero resulta un pueblo bastante encantador, tranquilo y con una playa bien bonita también. De aquí a unos años será ya como Montañita.

Quito nos ha conquistado con su arquitectura colonial. La verdad es que no lo espérabamos y nos ha sorprendido mucho su belleza y la actividad que transpira. No sé si es porque nuestra llegada ha coincidido con el día de la madre, un día que se vive con mucha intensidad aquí en Ecuador y en el que se le rinde un verdadero homenaje a las madres. Pero el caso es que tiene una magia que atrae.

Nos hemos acercado también a la zona de Mariscal, que no nos ha gustado mucho pues lo hemos encontrado bastante idéntico a otras ciudades. Nos quedamos sin duda alguna con su centro histórico, sus calles empinadas y los volcanes cubiertos de niebla como fondo. La calidez de los quiteños tampoco hace sombra al resto de los ecuatorianos, y siempre hay nuevos platos que descubrir. Nicola se derrite por las humitas y a mí me ha gustado mucho comer lengua de vaca en salsa de cacahuete.

Hemos visitado también La mitad del mundo, un lugar al norte de la ciudad donde se hicieron las mediciones para establecer por donde pasaba la latitud 0º. Allí han erigido un monumento y alrededor de él han surgido unos pavellones y un museo y muchas tiendas de artesanía. No es gran cosa, pero resulta curioso pensar que uno esta justo en el medio de los dos hemisferios.

Explorando el Parque Nacional Machalilla

El Parque incluye desde costa como la Playa de los Frailes, islas como la de Salango y la Isla de la Plata, pero también bosque seco tropical y bosque húmedo. Además de visitar las islas, nos adentramos también en el bosque húmedo en Río Blanco, pues nuestro viaje por Ecuador estaba siendo solamente por la costa y teníamos ganas de ver animales y jungla.

Isla de la Plata

Una de las joyas del Parque Nacional de Machalilla es la Isla de la Plata. Su principal atracción es el avistaje de ballenas, que yo ya hice en la Península de Valdés. Sin embargo, en esta época no hay ballenas. Pero igualmente es interesante ir para ver aves tan extrañas como picudos de patas azules, picudos de nazca, pájaros tropicales y fragatas. Los ejemplares macho de las fragatas, en época de apareamiento cortejan a las hembras inflando una membrana roja de aire que tienen en la gargante, dando la apariencia de un globo rojo.

Nuestra actividad contratada con la agencia comprendía snorkling por la tarde. Este prometía ser mucho mejor que el de Salango. Pero por desgracia no pudimos hacerlo debido al gran número de ¡medusas! Fue todo una decepción pues el otro nos había sabido a poco y con este esperábamos disfrutar mucho.

Como recompensa pudismo avistar delfines de vuelta a Puerto López. Un momento mágico que nos dejo boquiabiertos y nos quitó todas las penas.

Río Blanco

Para contrarrestar con los otros días decidimos hacer una excursión a la comunidad de El Pital, en la comuna de Río Blanco. Aquí nos recibió Gastón, que lleva las actividades turísticas de la comunidad. Junto con el, montamos en unas mulas y recorrimos 21 kilómetros por la selva o el bosque húmedo en busca de monos aulladores, que ya habíamos visto en Rurrenabaque. No es un bosque tropical primario, pues toda esa zona fue una zona cafetera hasta finales de los setenta. A partir de entonces se ha empezado a recuperar pero todavía falta hasta que sea como el bosque amazónico. Aquí había jaguar pero ha desaparecido al igual que los árboles más grandes y viejos. Aún con todo, se parece al bosque amazónico y resulto un paseo bien lindo.

Tras mucho buscar pudimos encontrar los monos aulladores, aunque mi cámara no es tan buena como para haberlos captado bien. Durante el paseo Gastón nos habló mucho de su pueblo, de él y de su familia, lo que resultó bastante interesante. Al final comimos en su casa, donde conocimos a sus simpáticos padres que nos invitaron además a dulces caseros hechos en el pueblo. Es una pena que el mototaxi nos viniera a buscar tan pronto pues nos habría gustado quedarnos a charlar con Gastón.

Puerto López

Nos habría gustado quedarnos en Ayampe mucho más tiempo pero ahora tampoco es que tengamos todo el tiempo del mundo. Apenas queda poco más de un mes para nuestra vuelta. Así que continuamos hasta Puerto López, puerta al Parque Nacional Machalilla, el único parque nacional de Ecuador, pues el resto son Reservas.

Puerto López es un pueblecito con más vida, pero un tanto decadente. A mí me resultó sucio y poco cómodo, y cuando llueve mucho el pueblo se colapsa. Aunque resulta de interés acercarse a la playa temprano por la mañana, cuando llegan los pescadores de faenar. Además de muchas cantidades de marisco se pueden ver tiburones, tiburones martillo y peces espada.

Lo que salva al pueblo es su proximidad a la Playa de los Frailes, dentro del parque nacional. Es una playa increible, preciosa. Un lugar paradisiaco. Y si uno tiene ganas de caminar puede subir hasta unos miradores y bajar hasta dos playas impresionantes.

 

Este es el mirador a la Playa de los Frailes.

Esta es la playa de las tortugas, donde ellas entierran sus huevos bajo la arena. El lugar es impresionante, el problema es que es peligroso bañarse.

Y la playa prieta, donde uno puede retirarse si quiere estar solo.

 

Siguiendo la Ruta del Sol

Tras Montañita nos dirigimos a uno de los pueblos en lo que dicen es el trozo de costa más bello en Ecuador, aquella que se encuentra entre Montañita y Puerto López. Así al azar elegimos el tranquilo y rústico pueblo de Ayampe, en el que queríamos pasar sólo un par de días y al final estuvimos toda una semana.

 

Tras dar una pequeña vuelta nos inclinamos por quedarnos en las cabañas de La Iguana (¡y vimos iguanas en el jardín además de colibrís!). No solamente la habitación estaba muy bien, tienen cocina en el bonito jardín y el trato es estupendo. Nos traían además las papayas y maracuyás de los árboles del jardín.

El alojamiento junto con otros pocos que se encuentran contiguos se situa muy cerquita de la playa. Y Ayampe disfruta de una playa increible. Agreste pero apta para el baño. El agua está como no, calentita y no hay basura en la playa. Un paraíso al que nos gustaría volver algún día.

No hay mucho más que decir. El viaje ha adquirido un ritmo mucho más tranquilo y placentero. Todos los días pescado y marisco (gambas o calamares), siestecita en la hamaca, baño y paseito por la playa. Sólo un día nos escapamos al pueblo de Salango y cruzamos hasta la isla con el mismo nombre, e hicimos un poco de snorkle, aunque este no fue nada espectacular.

Clases de surf en Montañita

Máncora nos quedaba ya muy cerca de Ecuador y era momento de cambiar de país. Llevábamos casi un mes en Perú y contando el tiempo que nos queda, sólo podemos dedicar un mes a cada uno. Lo que sí teníamos claro es que queríamos playa. Ecuador es un país pequeño en comparación a sus vecinos y disfruta de costa, montaña y amazonia pero es imposible ver todo. Nosotros para compensar con los meses anteriores en el altiplano y en los Andes, nos decidimos por la costa.

Nuestra primera parada decidimos que fuera Montañita. Un pueblo particular por la gran cantidad de extranjeros que atrae gracias a su playa, sus olas y sus bares. Dicen que no es realmente Ecuador por el ambiente que se respira y quizás hay algo de razón en ello. Durante la semana pocos ecuatorianos vimos y sí muchísimos argentinos. También vimos muchos argentinos regentando o trabajando en locales.

A nosotros nos cautivó la hermosa playa que tiene, lo caliente que estaba el agua, la amabilidad de los ecuatorianos y el marisco barato. Además nos animamos a probar clases de surf. Todavía estamos en un nivel muy bajo y tenemos que aprender todavía a ponernos de pie en la tabla, pero resultó muy divertido y si aprendemos, ¡algo que tenemos para futuros viajes!