Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Category: La vida en Berlín (page 1 of 2)

Rügen

Rügen es una isla donde impera una luz brillante y blanca como la arena de sus playas. El mar es azul y los bosques son de color verde intenso. En verano la brisa sopla suave y el mediodía es el mejor momento para tomar el sol y escuchar el sonido del mar.

Es la mayor isla de Alemania. Situada en la costa báltica muy próxima a Polonia. Dentro de Alemania es uno de los mejores destinos túristicos para el verano y uno de los favoritos para los alemanes. ¡Es raro estar en la playa y ser el guiri!

Aprovechando que tengo un mes de “vacaciones” en Berlín y que la primera semana de agosto pintaba buena en la costa báltica o en el Ostsee como lo llaman los alemanes, nos cogimos un tren a la costa aprovechando la oferta que hace la compañía de trenes alemana a los berlineses con el ostsee-ticket: ida y vuelta por sólo 40 €. Como ya he contado aquí, ya había estado en una isla del Báltico pero mucho más pequeña y realmente diferente.

Viendo el verano que estamos teniendo en Berlín que más que verano parece un otoño, unos días de playa y sol han venido bien para relajarse y tomar algo de color. Fuimos con la idea de hacer mucha bicicleta y paseo pero al final el tiempo fue mucho mejor de lo esperado y lo pasamos casi todo el tiempo en sus bonitas playas. Eso sí, siempre en bicicleta. Alquilarlas resultaba bastante barato, por menos de 10 € se tenía una bicicleta para todo un día.

Esta foto es haciendo el tonto en momento Nouvelle Vague: viento en la cara, jersey a rayas, pantalones cortos y pies descalzos en la arena blanca. Realmente la playa con esa luz tan blanca parecía una escena de película.

Si alguien va a la isla no se puede perder el Parque Nacional Jasmund o Jasmund Nationalpark. Está al noreste de la isla y sin minusvalorar el bosque que lo compone, lo que realmente destaca son sus acantilados de tiza. Nosotros por desgracia no tuvimos mucho tiempo para verlos pero merece la pena pasearse por debaje de ellos durante horas.

Y finalemente los famosos acantilados

En esta ocasión no he tomado yo las fotos. Fue la cámara de Nico la que captó todas estas instantáneas deRügen. Un lugar mágico, donde todo tiene distintos puntos de vista…

Lago secreto

Berlin està lleno de lagos. Y el estado de Brandenburgo que le rodea ya ni te digo, tiene miles. A falta de playa, aquí nos vamos al lago a bañarnos y a tomar el sol, aunque la temperatura no llegue a 30 grados. Por lo general, cuando uno llega a Berlín va a los lagos más populares que suelen estar a petar de gente los fines de semana si hace bueno. Pero con un poco de iniciativa o alguna recomendación uno puede encontrar lagos que no estén tan llenos y que igualmente sean agradables.

Hace poco he descubierto un lago secreto. Realmente no es secreto porque lo debe conocer mucha gente pero me resulta imposible de explicar a alguien como llegar. No aparece en Google maps, y no esta cerca de ninguna estaciòn de metro o tren.

El entorno es bonito y por fin encuentro un lago que no este rodeado de bosque frondoso que tape el sol en toda la orilla. Tiene una playa de arena además de que es en gran parte nudista, por lo que no van muchas familias con niños.

¿Alguien sabe de que lago se trata?

Último día de trabajo

Hoy es mi último día de trabajo. Ya he cerrado todo, ya he limpiado el ordenador, he recogido mi mesa… Ya sólo quedan unas horas para dar por cumplida una etapa que ha durado casi tres años. Este ha sido mi primer “trabajo de verdad” que ha durado casi tanto como podrían haber durado unos estudios universitarios básicos. Y ahora voy a sentir por primera vez cómo es estar en casa, en la calle, con los amigos sin pensar que tengo que madrugar al día siguiente o estudiar. ¡Todavía no sé si estaré como un rey el mes que me queda en Berlín o me estresará el no tener que hacer nada!

Durante este tiempo he aprendido mucho en mi trabajo y he conocido a gente a la que quiero y aprecio un montón. Aunque tengo muchas ganas de empezar el viaje que me espera siento en parque un poco de pena por lo que dejo atrás. Pero es momento de probar cosas nuevas, ¡de no estar tanto tiempo delante del ordenador y de activar más el cuerpo!

Ahora me queda preparar mi discurso, comer tarta y ¡celebrarlo por todo lo alto!

¿Me he adaptado a Berlín?

Llevo ya casi tres años viviendo en Berlín y sin duda irme por tanto tiempo de la ciudad va a suponer un punto de inflexión en esta etapa de mi vida. Pienso en las cosas que este lugar me ha brindado y he aprovechado y otras tantas cosas que podría haber hecho y oportunidades que he dejado pasar. También me pregunto cuánto me he integrado en la ciudad en la que vivo y en Alemania en general.

Me acuerdo que cuando estuve de Erasmus  hace seis años en Dinamarca, para mí integrarme con los daneses era importante porque estaba allí un año y tenía que aprovechar la oportunidad de conocer ese país y sus gentes en ese periodo corto de tiempo. Además ese era el espíritu del Erasmus, estudiar un año en otro país europeo para conocerlo más a fondo. Igual de importante era practicar mi inglés, que necesitaba mejorar mucho.

Cuando me vine aquí a Berlín, mis prioridades eran diferentes. Desde el principio sabía que me quería quedar a vivir aquí por un tiempo y cuando estuve más o menos asentado quería aprovechar mi tiempo libre para hacer las cosas que me gustan. Actividades que haría igualmente si estuviera trabajando en Barcelona por ejemplo, quería hacer mi vida normal aquí. Así en lugar de continuar aprendiendo alemán iba a hacer deporte después del trabajo o empecé a ir a clases de baile, algo que había deseado durante mucho tiempo. Sí, podría haber estudiado más alemán, al fin y al cabo estoy en Alemania y no sé por cuánto tiempo más estaré. Tendría que haber hecho más esfuerzo en conocer a alemanes y haberme integrado más con ellos pues reconozco que en mi círculo de amigos la mayoría son españoles e italianos. Pero tras este sentimiento de aprovechar uno su tiempo para aprender el idioma e integrarse con los locales, se esconde una sensación de que voy a estar aquí sólo una temporada. Y esta vez no era así. Vivo en Berlín y he hecho la ciudad mía. Tengo aquí mi trabajo y es aquí donde practico mis aficiones y paso el tiempo libre como me gusta hacerlo normalmente. Las amistades surgen con las personas que conecto más, sin importarme si son alemanes o extranjeros como yo. Evidentemente no me cierro a conocer a alemanes, y si se da la oportunidad hago amistad con ellos. El idioma no lo estoy mejorando como lo podría haber hecho, pero me defiendo y puedo desenvolverme en las situaciones cotidianas y entablar amistad con un local.

Evidentemente la curiosidad por conocer el país que me acogía era un motivo importante por el que yo quería venir. Había estudiado alemán un par de años en España y tenía muchas ganas de de mejorar mi alemán y conocer más sobre un país que me interesa. Sin embargo debo confesar que el atractivo que desprende Berlín como ciudad es muy distinto al atractivo que despierta en mí Alemania como país en general. Así me encanta vivir en Berlín y puedo quedarme aquí varios años pero si tuviera que vivir en otra ciudad de Alemania me lo pensaría bien.

Con esto no quiero minusvalorar la cultura alemana o las otras ciudades, pero varios motivos por los que me gusta vivir en Berlín son sus características únicas  que la diferencian del resto de Alemania y de las otras ciudades europeas que conozco. Por citar algunos diría los pocos coches que hay, el tamaño de las viviendas, el gran número de espacios verdes, el ambiente cosmopólita y relajado, la tolerancia que se respira en la ciudad y la creatividad que se observa en el día a día de sus gentes. Al mismo tiempo pienso a veces que estoy en un burbuja ya que me relaciono principalmente con gente de muchas nacionalidades que no saben por cuánto tiempo van a estar en esta ciudad y son pocos los alemanes que conozco de cerca. Estoy más enterado de lo que pasa en España de lo que pasa en Alemania y sigo cenando a las nueve o a las diez de la noche.

¿Me he integrado bien en Berlín? Es una pregunta que no sabría contestar. A lo mejor para muchos, viendo el círculo internacional en el que me muevo dirían que no. Sin embargo tengo un trabajo en una empresa alemana, tengo amigos, he vivido en la misma casa por más de dos años con la que estoy contento, puedo ir al médico y al dentista sin problemas y puedo defenderme sólo ante la burocracia alemana. En definitiva, tengo una vida sencilla y cómoda aquí, ¿no es esto adaptarse?

 

Fusion 2011

Hace una semana que volví del Fusion y me he dado cuenta de que todavía no he actualizado el blog. Y es que el tiempo en Berlín se me va acabando y me veo siempre con una gran cantidad de cosas a hacer además de que quiero disfrutar del breve verano berlinés.

El tiempo fue una auténtica mierda ya que estuvo lloviendo casi todo el tiempo y mucho. Por suerte mi tienda no se mojó y yo siempre tuve ropa seca para ponerme al día siguiente pero al final el festival era un gran barrizal y sumando la continua lluvia que no se iba nunca se hizo un tanto incómodo. De hecho mucha gente se fue ya el sábado pero nosotros aguantamos hasta el lunes por la mañana como unos campeones.

Eso sí la música cómo era de esperar me pareció excelente y los organizadores han manteniendo la misma atmósfera en el aeropuerto de Lärz. Me sorprendieron muchas de las bandas que mezclaban tantos estilos musicales y si no hubiera llovido tanto probablemente habría visto unas cuantas más. Hubiera querido ver a Herman Dune y a Yelle pero en un caso la intensa lluvia y en otro que el sitio estaba abarrotado me impidieron llegar a verlos. Lo que hice fue lo mismo del año pasado, dejarme sorprender por aquello que iba encontrando y si no era de mi gusto o me aburría, a cambiar de escenario. He intentado recordar el nombre de una banda que me gustó mucho y he buscado en la programación del sitio web pero no he podido encontrarlo. Era una banda que cantaba hip hop con música compuesta por instrumentos de viento y percursión, llegando a imitar la música electrónica a la que estamos acostumbrados.

Igual por la presencia de la lluvia no saqué muchas fotos y en la mayoría de las que tengosalgo yo y mis amigos. Como prefiero mantener el anonimato facial para aquellos que no me conocen subo apenas un par de fotos. Y también un video 😉

cargando el coche para el festivala puñetazosUno de los escenarios principalesturmbühne fusionun escenario cubiertoy encima lloviendo

 

Esta semana toca Fusion Festival

Por fin ha llegado la semana del Fusion, el festival de música que he estado esperando durante tanto tiempo. Y no solamente por todo lo que ofrece el festival, si no por toda la preparación que conlleva, por todos los amigos que vamos (incluse viene un amigo desde Huesca para el festivla) y por el hecho de que en lugar de ir el fin de semana vamos a estar cinco días a partir de mañana. Llegaremos un día antes de que empiece el festival por lo que podremos disfrutar del lago, de la barbacoa y de la acampada antes de que empiecen el ritmo frenético musical.

Foto de Oliver Hiltbrunner, encontrada en Flickr

Al festival fui por primera vez el año pasado y quedé totalmente encantado por no decir fasciando. Es el mejor festival en el que he estado hasta ahora sin duda alguna aunque no tenga mucha experiencia de festivales pero estuvo por ejemplo hace dos años en el Melt, y este le da mil vueltas. Como yo habrá mucha gente que piensa igual, pues tras 15 ediciones del festival las 55.000 entradas se agotan a la semana de sacarlas a la venta (¡en diciembre!). Y es un festival que no hace nada de publicidad, se ha ido popularizando gracias al boca oreja. Las razones por las que me quedé prendado son muchas y podría hacer una lista larga, pero aquí van algunas por las que recomiendo a todo el munod venir a este festival al menos alguna vez:

  • Precio de la entrada: 60 € por cuatro días de festival. Además la acampada está abierta desde antes y hasta varios días después. Por lo que es posible quedarse mucho más tiempo y asistir a las prefiestas y postfiestas espontáneas que se dan en el campamento.
  • Esta localizado en un antiguo aeropuerto soviético, con pistas de aterrizaje y hangares. El recinto es enorme y hay numerosos escenarios y distintas zonas de entretenimiento. Por ello, aunque asista tanta gente no da la sensación de que está a petar y solamente para los grandes conciertos se ve que uno está en un gran festival.
  • Tiene lago en el que bañarse si hace buen tiempo.
  • Aunque la música es principalmente tecno la variedad es grande y hay muchas bandas de otros estilos musicales que a lo mejor incluyen algo de electrónica en sus composiciones.
  • La zona de acampada está dentro del recinto. Quiere decir que si entras no tienes la necesidad de salir como ocurre en la mayoría de los festivales. Uno puede por tanto entrar con toda la comida y bebida que quiera, por lo que no estás obligado a comer y beber siempre a precios prohibitivos como ocurre en muchos otros macrofestivales.
  • Hay agua potable gratis, la comida tiene precios aceptables y es variada además de que sólo hay comida vegetariana. De esto ya tendrían que aprender muchos festivales en España.
  • El festival no para por la mañana, siempre hay música y actividades por lo que uno puede seguir de fiesta todo el tiempo que quiera ni tampoco restringe la fiesta a la tarde noche.
  • La música, las instalaciones de luz, el ambiente, la escenografía… hacen un todo que crea una atmósfera diferente a cualquier otro festival. Pero esto es difícil de describir, hay que vivirlo o verlo. Aquí un video que puede servir de ayuda.

Aún podría citar alguna más pero sería una lista demasiado larga. Cuando vuelva ya podré contar cómo ha ido y subir alguna foto del festival. ¡Hasta entonces a pasarlo muy bien!

Pfings Open Air, festival de música en Baviera

Uno de los grandes momentos de cuando fui a Baviera hace dos semanas fue el festival Pfings Open Air. Es un pequeño festival al lado de Passau de música rock y hip hop principalmente. Se celebra en concreto en el pueblo de Hauzenberg y asisten alrededor de unas 5.000 personas. La gran mayoría son jóvenes alemanes y austriacos que viven por la zona. Como Passau tiene muchos estudiantes y el semestre no acaba hasta julio, pues son bastantes los que se apuntan al festival que marca el inicio del verano.

El festival empezaba el viernes por la tarde, pero antes de salir de Passau pusimos en práctica una tradición bávara, tomar el Weisswurstfrühstück o “desayuno de salchica blanca”. Al parecer es típico en Baviera o al menos en algunas partes desayunar los viernes Weisswurts o salchicha blanca, con mostaza dulce, bretzel y cerveza. Como el desayuno de huevos fritos con longaniza, pero en versión bávara.

desayuno típico bávaro de los viernes

(Así de paso veis más fotos de la maravillosa terraza)

Y el plato blanco y azul, como los colores de la bandera bávara.

Aunque la música del festival no era mi fuerte y tampoco conocía a casi nadie excepto a mi amiga y a mi anfitriona, me lo he pasado en grande. No tanto por los conciertos si no por el ambiente y la gente. En un principio mi amiga y yo teníamos que acampar solos, pues todos los alemanes que conocíamos trabajaban para el festival y tenían su propia zona de acampada. Sin embargo, el estar sólos entre tanto bávaro nos permitió hacer bastantes amigos y conocer a mucha gente. La mayoría se sorprendía de ver extranjeros en el festival y se mostraban muy amables y amigables en un nivel al que no estoy acostumbrado por aquí. El público era bastante variado, aunque la mayoría era gente muy joven hay que decirlo.

Había gente muy divertida con disfraces y hablaban un alemán bastante difícil de entender, pero derrochaban simpatía y daba igual que no pudiera seguir su conversación. Yo asentía y sonreía, y contestaba a lo que creía haber entendido.

También he visto cuánto se preparan los alemanes para un festival. Que si mini carpas, neveras, disfraces, litros y litros de cerveza… He aprendido ya para el Fusion que empezará la semana que viene.

Y también algún que otro juego y entretenimiento. Como este de apilar cajas de cerveza para hacer una torre y mantenerse subido a ella.

En definitiva, más que recomendar este festival, recomendaría que si se tiene la oportunidad, se visite algún pequeño festival en Alemania, que los hay muchos, de esos que van poca gente y que se conocen solamente en la zona. Es una manera de conocer alemanes que no viven en las grandes ciudades. A lo mejor no tienen tanto glamour como los alemanes de una gran ciudad, pero creo que son mucho más simpáticos y amables, y están mucho más dispuestos a hablar contigo y echarse unas risas. En parte me recordó mucho al Pirineos Sur aunque en el fondo son bastante distintos.

Y la semana que viene tocar ir al Fusion Festival, pero de este ya hablaré cuando vuelva.

¿Qué ha pasado en Passau?

Pues ha ocurrido que la semana pasada estuve de vacaciones en esta ciudad bávara en la frontera con Austria. Quería ver a una amiga que estaba viviendo en Bonn, pero como ya conocía esa ciudad buscamos  encontrarnos en otros puntos del país que no conociéramos. Una amiga suya alemana nos invitaba a los dos a la ciudad en la que estudia, donde además podríamos ir a un festival de música con ella. No nos lo pensamos mucho y preparamos todo para irnos. La verdad es que ha sido una gozada. Nos han tratado maravillosamente y he podido tener ese descanso de la ciudad que tanto necesitaba y disfrutar bastante de la naturaleza.

Duom de Passau

Altstadt Passau

Passau es una pequeña ciudad al sudeste de Alemania. Es pequeña en tamaño pero hay que decir que es una ciudad preciosa y que se encuentra en un paraje natural muy bello. En la ciudad confluyen tres ríos: el Danubio, el Eno y el Ilz. En su tiempo fue importante por los yacimientos de grafito aunque esa época boyante se acabó hace ya bastante. Passau era una localidad bastante tranquila hasta que abrieron una universidad nueva a finales de los años 70. Desde entonces la ciudad está llena de estudiantes de toda Alemania, debido a la especialización de algunos estudios que sólo se pueden cursar allí (hablando dentro de Alemania, claro está).

Vista desde el Café Blaas

 

Paseando por la calle uno se encuentra continuamente con gente joven y aunque el estado alemán de Baviera no sea famoso por su festividad nocturna y permisividad hay cierto moviento entre alguna discoteca y las residencias de estudiantes. Pero aunque caté vagamente las fiestas universitarias (eran mejor de lo que esperaba) lo mejor fue disfrutar de los alrededores de la ciudad. Tuvimos la suerte de que gente super amable nos prestara bicicletas y pudimos hacer excursiones en el lado alemán y el lado austriaco.

Así siguiendo el río Eno llegamos  pasamos por pueblos muy pintorescos hasta el pueblo austriaco de Schäding en camino hacia Salzburgo (la segunda foto).

De camino a Schäding

 

Siguiendo el río Ilz

Cercanías de Passau

Igualmente paseamos a pie por las afueras de la ciudad. Es todo casitas con pequeños jardines, campos y de vez en cuando alguna otra fortaleza que recuerda momentos medievales.

Pero una de las mejores cosas era sin duda la terraza. La terraza de nuestras anfitrionas era enorme y podíamos pegarnos allí perfectamente toda la mañana desayunando tranquilamente, mientras no lloviera. Disponía de mesas, sillas, colgadores, plantas y mini huerto urbano de rúcula.

 

El último día, después de haber vuelto del festival buscamos esta residencia de estudiantes que se ve a continuación. Sí, es como un antiguo palacio que se encontraba en el lado austriaco. Pues allí nos colamos y nos usamos la sauna, y nadie nos controló y nos dijo nada. Fue el broche de oro a las vacaciones.

hay una sauna en la que no se puede colar

De mi bicicleta, lagos y más hospitales abandonados

Una de las cosas que me gustan de Berlín y por las que considero que la ciudad es bastante agradable es por la poca cantidad de coches que hay (es la ciudad con menos coches por habitantes de toda Alemania), y por la gran cantidad de bicicletas que se ven y lo fácil que es desplazarse por la ciudad con una (alrededor de unas 500.000 personas la utilizan).

El transporte público es algo carillo, el abono mensual cuesta unos 70 € si no se puede tener ningún descuento. Por eso a partir de marzo y hasta octubre o así prescindo de utilizarlo y me desplazo siempre que puedo con mi bici, que se puede ver a continuación.

No es una gran bici, de hecho me va pequeña. En Berlín es muy fácil conseguir una bici por muy poco dinero en los mercados. Había pensado en comprarme una mejor pero en mi patio estaría a la intemperie todo el tiempo y la puerta del edificio no está cerrada siempre, por lo que no es muy buena idea tener una bici carilla. Por el momento, con una así me las apaño.

Aunque Berlín no tiene ni playa ni montaña (algo que echo mucho de menos) al menos es una ciudad muy verde y está rodeada del estado de Brandenburgo, un Bundesland salpicado por cientos de lagos y bosques. Al ser prácticamente todo el terreno plano ir de paseo con la bici es una de las mejores opciones para conocerlo, y todo está mucho más cerca de Berlín de lo que uno se imagina. Con desplazarse hasta el final de las líneas de trenes uno ya puede empezar a recorrer carreteras y caminitos como este:

Sin duda alguna, mi sitio preferido de todos los alrededores de Berlín es el Liepnitzsee, el lago con el agua más clara del estado de Brandenburgo. Cogiendo la línea S2 hasta Bernau uno pedalea una media hora y llega hasta este lugar:

En verano el agua no está fría en absoluto y se puede nadar con facilidad hasta la isla del centro donde hay un camping y un columpio colgado de un árbol para saltar al agua.

Desde el jueves pasado estoy de vacaciones y he podido acercarme otra vez hasta Liepnitzsee. Esta vez además decidimos hacer algo más de bicicleta y nos acercamos hasta Oranienburg. En los alrededores de Oranienburg está el hospital abandonado de Heilstätte Grabowsee que descubrimos gracias al blog de www.abandonedberlin.com. No es tan impresionante como el de Beelitz pero igualmente merece la pena acercarse. No solamente para los amantes de los edificios abandonados pero también los que disfrutan del street art.

Este es el aspecto que tenía el hospital. Las fotos están en pequeño pero pinchándolas se pueden ver más grandes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y estos son los graffittis que más me gustaron. En el momento de visitarlo había varios trabajando e igualmente nos encontramos a todo un equipo grabando un videoclip.

Atardecer en Berlín

Algo que hago mucho en primavera y verano es ver los atardeceres desde el tejado de mi edificio. Hay que subir hasta el último piso para llegar a a la buardilla y allí subir una escalera de madera que se romperá cualquier día, mover la tapa y acceder al paísaje de tejas y antenas. Y a un bonito skyline que se tiñe de naranja y rojo cuando cae la noche. Además no hay mucha gente que suba por lo que uno puede verlos prácticamente en soledad.