Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Category: Organizando el viaje (page 1 of 2)

De nuevo con la mochila

Cinco años debían de pasar para que volviera a pisar América del Sur. Cinco años en Berlín trabajando y pasando por muchos cambios personales y profesionales. Cinco años sin grandes viajes, más que nada escapaditas por Europa, visitas a España  y con la única excepción de un viaje a México por tres semanas que me gustaría relatar también después del viaje que aquí se trata.

Durante este tiempo mis memorias del viaje siempre estuvieron vivas y las fotos han sido siempre mi salvapantallas del ordenador. La experiencia me ha dejado recuerdos de cuáles eran mis anhelos con veintiseis años, qué buscaba y qué esperaba encontrar viajando, qué es lo que encontré y lo que no encontré. Al final probablement me pasaba lo que les pasara a muchos, que necesitaba tomar distancia del lugar en el que estaba y de lo que estaba haciendo, para poder volver y apreciar de nuevo lo que tenía y lo que había dejado en Berlín.

Pasaron así los seis años y cuando me quedé sin trabajo a principios del 2017 sentí de nuevo las ganas de salir de aquí, de tomar distancia de todo, intentando encontrar un espacio que me permitiera reflexionar un poco. O más que reflexionar, que me limpiara por dentro para regresar y poder empezar a pensar que quiero hacer después. A parte de esto necesitaba también algo de aventura, ponerme las botas y la mochila y ponerme a caminar por paisajes que no hubiera visto antes, sentir de cerca el bosque y una  naturaleza mucho más salvaje que la que tenemos aquí, conocer otras personas, probar comidas diferentes y estar en un lugar donde haya más sol y calor.

Me salió de nuevo la oportunidad de coger la mochila y sacar a pasear el pingüino que llevo dentro. Y en mi mente tenía dos posibles destinos. México, donde estuve tres semanas a finales del 2016 o Colombia. El país que había sido la última etapa en el viaje se me había quedado dentro. Siempre pensé que era un país que tenía que volver a visitar, que tenía que conocer mejor. El verde del paisaje, el mar Caribe, los Andes, los patacones y los jugos y la buena onda de la gente eran las razones por las que nunca me había quitado el país de la cabeza. Así que decidí volver a Colombia. Uno porque México ya lo había visitado recientemente; segundo porque así me quitaba la espinita que había tenido durante los últimos años y tercero porque Colombia ofrecía todo lo que quería: Caribe, alta montaña y Amazonas.

Adiós Bogotá, adiós Sudamérica

 

El 13 de junio del 2012 Nicola y yo tomamos el avión de Bogotá a Madrid. Un recorrido por gran parte de Sudamérica que había empezado en Buenos Aires llegaba a su fin. Han sido cuatro meses para Nicola y ocho meses y medio para mí totalmente inolvidables. Y aunque aquí he escrito un poco lo que hemos vivido, ha sido imposible poner el palabras el alcance emocional que ha tenido esta experiencia para nosotros. Todo lo que hemos visto, olido, probado, sentido y experimenado sigue estando en nuestro recuerdo y será la razón por la que un día volveremos a este continente que a mi me ha fasciando y tiene tanto que enseñarnos. Muchas gracias de corazón a todos los que nos habéis ayudado y habéis hecho que nuestro viaje haya sido una experiencia inolvidable.

Y para terminar la crónica del viaje, una canción del grupo Calle 13 con un emotivo texto y un video espectacular.

 

Noticias de fin de año

No quería que acabara el año sin hacer pública una noticia, que muchos ya sabrán

Y es que el pingüino mochilero ¡va a tener compañero de viaje a partir de febrero! Así es. Tengo una cita en Salta, en el noroeste de Argentina para el 5 de febrero y a partir de entonces recorreré en compañía de Nicola el norte de Argentina, Bolivia, Perú y Ecuador. A partir de febrero, ¡el doble de aventuras!

¡Allá voy!

Ya faltan sólo unas horas para embarcarme en el avión. Por el momento, lo que me separa es un viaje en coche a Zaragoza, un trayecto en AVE hasta Madrid, unas horas de esparcimiento con algunos amigos y camino para el aeropuerto. Mi vuelo sale a la 1 de la madrugada y llegaré a Buenos Aires sobre las 8 de la mañana hora local. Lo primero que haré será ir a casa de Lucas, el amigo de una amiga de Berlín que me ha abierto las puertas de su casa. ¡Gracias a los dos y para allá vamos!

(camiseta made by Avanthard! especial para Pinguinomochilero.com)

¿Qué he puesto en la mochila? (+ lo puesto)

MOCHILA GRANDE
  • Cuatro camisetas: una camiseta de manga larga térmica; dos camisetas de deporte, para que transpiren y se sequen rápido después de lavarla y una de algodón.
  • Tres pantalones: unos largos de montaña desmontables, unos largos de montaña más recios y unos chinos que si hace calor los podré convertir en cortos.
  • Mallas térmicas.
  • Bañador.
  • Dos jerseys polares, de distinto grosor y que me puedo poner uno encima del otro.
  • Chubasquero bueno y cortavientos.
  • Seis pares de calcetines y seis calzoncillos.
  • Botas de trecking.
  • Zapatillas viejas.
  • Chanclas.
  • Neceser con lo mínimo: cepillo, pasta de dientes, champú diminuto y pastilla jabón para el cuerpo y ropa.
  • Toalla de microfibras.
  • Botiquín con mogollón de cosas, dese tiritas y Vetadine a antidiarreicos, antibióticos, antihistamínicos, etc.
  • Saco de dormir.
  • Tiena ultraligera y unipersonal.
  • Bastón de trecking.
  • Frontal.
  • Navaja suiza multiusos.
  • Aguja e hilo.
  • Candados e imperdibles.
  • Cuerda y pinzas.

MOCHILA PEQUEÑA

  • Gafas de sol.
  • Gafas de ver.
  • 2 libretas para apuntar.
  • Guía de viajes.
  • Libro de lectura.
  • Reproductor mp3.
  • Cámara digital compacta.
  • Móvil.
  • Carpetita con papeles y fotocopias.

RIÑONERA

  • Tarjetas de crédito, pesos argentinos y dólares estadounidenses.
  • Pasaporte y libro de vacunas.

 

¡Un montón de cosas! La mochila no está finalizada, todo está encima de la cama y no lo he metido dentro. Realmente no parece mucho lo veré en el útlimo momento así que todavía estoy a tiempo de poner/quitar cosas.

¿Alguna sugerencia?

Couch surfing y granjas ecológicas

Últimamente me han preguntado con frecuencia un par de cosas. Primero que qué voy hacer allí además de visitar lugares y también dónde me voy a alojar. Pues además de visitar lugares nuevos, conocer gente y adentrarme en culturas nuevas, voy a hacer wwoofing. Y a parte de alojamientos clásicos como camping (sí, llevo una tienda pequeñita) y hostales, voy a practicar Couch Surfing. Y para los que no sepan de lo que estoy hablando, he aquí una explicación.

WWOOF

La organización WWOOF es una organización que aglutina principalmente granjas ecológicas de un país. Cada país opera independientemente por lo que hay un WWOOF Argentina, un WWOOF Chile, un WWOOF Canadá, etc. Pagando una pequeña cuota se accede por un año al listado de granjas del país y sus datos de contacto. La organización ya no hace más,es papel del wwoofer ponerse en contacto con la granja, informarse de las condiciones y desplazarse hasta allá. Normalmente la granja ofrece alojamiento y comida por unas horas de trabajo a la semana, pero es algo que hay que acordar con los encargados de cada granja. Yo me he adscrito a WWOOF Argentina, pues había oído que era uno de los países sudamericano en los que mejor funciona.

Couch Surfing

Couch Surfing es otra organización que se sirve de su página web. A través de esta página cualquiera puede ofrecer su casa a viajeros. Igualmente cualquiera puede pedir alojamiento en casas de los demás, sin ser obligatorio ofrecer tu casa. Lleva ya muchos años en funcionamiento por lo que tiene una gran comunidad de usuarios repartidos por todo el mundo. Además la red se sirve de un sistema de confianza para dar seguridad a la comunidad. Así si te ha ido bien alojando o siendo hospedado, uno deja comentarios positivos en el perfil del otro miembro de manera que sirven como votos de confianza a la hora de elegir a quien alojar o a quien pedir alojamiento. Hay que decir que tampoco es como irse a un hostel, la gracia de la cosa es pasar tiempo con la persona que te abre su casa y compartir buenos momentos. Yo llevaba tiempo con ganas de probarlo, iba a hacerlo en mi viaje a Amsterdam pero al final no fue necesario, los contactos personales fueron suficientes.

 

Parte de estos días lo he destinado a buscar granjas cerca de Buenos Aires y gente que estuviera dispuesta a alojarme. He estado buscando en concreto en la provincia de Buenos Aires, para parar unas semanas antes de irme al sur ya que octubre será todavía muy frío allí abajo me parece. He recibido respuestas positivas por lo que todo irá bien creo. Y en cuando al Couch Surfing también ha ido bien y parece que ¡tendré mi primera experiencia en la capital bonaerense!

Cuenta atrás

Ya falta poco menos de una semana para que coja el avión a Buenos Aires. Los nervios empiezan a aparecer y ya me cuesta dormirme un poco por las noches. Son producidos por una mezcla de la incertidumbre ante cómo me voy a desenvolver durante los primeros días en Argentina junto con un poco de estrés ante todos los pequeños detalles que tengo que preparar antes de irme y el hecho de que todavía no sé dónde me alojaré con seguridad y en qué granja me aceptarán como voluntario.Durante estas tres semanas que he pasado en Huesca he estado bastante ocupado con los preparativos y con la compra del material que necesito y si que es cierto que conforme avanzo con los preparativos y veo que acabaré todo a tiempo me relajo también un poco más.

Cuando estaba en Berlín no lo había pensado pero cosas básicas como elegir el seguro de viaje o la tienda de campaña me han consumido mucho más tiempo del esperado y he mi tiempo lo he ido dedicando a asuntos  como pensar en si llevaré bolsillos secretos en los pantalones, hacerme la cuenta del banco, cambiarme de compañía de teléfono, darme las vacunas, hacerme con el botiquín de viaje, hacerme los análisis para comprobar que estoy bien, buscar gente en couch surfing que quiera alojarme en su casa de Buenos Aires, buscar granjas en las que pueda trabajar como voluntario (de esto tengo que hablar en otra entrada) entre otras cosas.

También he tenido que comprar ropa y equipamiento que no tenía, como un buen chubasquero y  jerséis polares ya que pasaré mucho tiempo en zonas de montaña, unas botas de trecking puesto que las mías son muy grandes y pesadas, un saco de dormir que no ocupe mucho espacio, la tienda unipersonal y ultraligera que comentaba, unas gafas de sol nuevas que no se me caigan de la cara, un frontal, ropa térmica, etc.

Evidentemente no me voy a comparar a cuando estaba trabajando, entonces sí que estaba ocupado, pero estas tres semanas han pasado rapidísimas y todavía tengo varios preparativos pendientes en esta última. Al final no he tenido tiempo este verano para relajarme, leer y ver películas que es lo que pensaba que podría hacer al dejar de trabajar. Sin embargo con estas distracciones mantengo mi mente ocupada hasta el último día y no voy a negar que son un elemento más del viaje que estoy disfrutando como un niño.

¡Ya quedan 6 días!

Las vacunas para Sudamérica

El lunes fui a ponerme las vacunas. No tenía mucha idea de qué tenía que hacerme pero mi padre se había pasado cuando todavía estaba en Berlín por el centro de salud de aquí de Huesca y le habían dicho que ya me informarían de todo y que ya verían ellos cuáles necesito por lo que no me preocupé del tema hasta que llegó el día de mi cita.

Al final estuve como dos horas en el centro de salud. A la enfermera y a la médico les pareció que mi viaje era muy complicado, cuando para mí todo lo contrario: ya haré lo que me de la gana cuando quiera. Pero resulta que según hemos estado mirando los mapas, voy a estar continuamente entrando en zonas sin malaria a zonas de bajo riesgo. Pero claro, yo no sé dónde voy a estar exactamente ni cuanto tiempo, por lo que se estaban poniendo nerviosas. Al final han visto que era imposible hacerme un tratamiento de prevención del paludismo ya que este no se puede tomar durante meses y me han dicho algo así como: “Te hago la receta y si cuando estés en zona de riesgo te sientes mal y no puedes acceder a un médico, ¡tómatelas!”.

Otra cosa que sí me ha preocupado un poco es que no me han podido hacer la vacuna de la rabia por falta de un par de días. Como se da en tres dosis en un perido de 21 días y yo me iba ya en 19 días no me la pueden administrar. Y al parecer es posible que por el altiplano haya unos cuantos perros sueltos. Pero bueno, tiene que ocurrir que me muerda un perro, y que además coincida que tenga la rabia.

Total que me han puesto la vacuna de la fiebre amarilla, la fiebre tifoidea y la hepatitis A. Durante dos días me dolía el brazo izquierdo que no veas y tengo que prepararme por si me dan fiebres estos días. Además tengo que tomarte otra vía oral porque me ha preguntado que si voy a estar expuesto a aguas no embotelladas. Y yo le he dicho, que yo por supuesto voy a intentar evitarlas pero quien sabe lo que va a pasar, a lo mejor compras un zumo y te han puesto agua y ni lo notas o al final uno se cansa de tanta tentación y sucumbe a los puestos de comida callejeros. Así que toma Edukoral para enfermedades que se pasan por la comida y el agua. Chutazo al cuerpo.

Pero también tengo que decir que aunque pueda parecer otra cosa la médico y la enfermera fueron super majas y se portaron muy bien conmigo. Me han informado de varias cosas que no sabía y me han recordado cuándo y dónde debo estar alerta y a darle más importancia de la que yo me pensaba a ciertas prevenciones como a la mosquitera y al repelente de mosquitos. También me han recomendado que cuando me levante mire primero en la zapatillas antes de ponérmelas, ¡no sea que se haya alojado un pequeño roedor y encima tenga la rabia!

De vuelta en Huesca… y el Balcón de Pineta

Tras una breve estancia en Madrid el miercoles pasado llegaba a Huesca. Y desde entonces ha sido todo un no parar: elegir seguro de viaje, ropa que me falta por comprar, pasar el tiempo con la familia, ver a los amigos, etc. Por el momento he visitado poco el sofá porque estoy fuera casi todo el tiempo y prefiero tener todo listo y poder disfrutar de los últimos días aquí con calma, si los nervios me lo permiten.

El fin de semana, después de un viernes de fiesta subí al Pirineo, algo a lo que le tenía muchas ganas y que no dejo de hacer cada vez que vengo a Huesca. Fui con unos amigos a Ainsa, donde pude comprar unos quesos y embutidos de muerte, y el domingo subimos al Balcón de Pineta. Una bonita excursión en el Valle de Pineta, por detrás del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y casi tocando con Francia. Para los de Huesca ya os lo conocéis pero para aquellos que no habéis subido mucho al Pirineo oscense, aquí tenéis algunas fotillos.

Este es la vista del Valle de Pineta desde el aparador, donde termina la carretera y se comienzan las exursiones. Al collado entre las montañas es donde teníamos que subir y que recibe el nombre de El balcón de Pineta.

Y una vez empiezas a subir, si echas la vista atrás esto es lo que ves.

La excursión supone un gran desnivel. En tres horas subimos 1.300 m. La pared era bien vertical en algunos puntos.

Y desde el Balcón de Pineta, todavía se puede caminar unos 20 minutos más para llegar al Ibón de Marboré. Justo al otro lado de esos picos está ya Francia.

Con esta excursión ya he saciado mis ansias de excursionismo. Quizás la semana que viene cae otra y es que debería entrenarme un poco para lo que me espera en Sudamérica ¿no?

 

Aufwiedersehen Berlin!

La última semana la he dedicado a hacer cajas, empaquetar cosas, pensar que hacía con todas mis pertenencias. El fin de semana he celebrado una barbacoa multitudinaria de despedida en el día más caluroso de todo el verano y he ido a una macrofiesta en una impresionante vieja fábrica. He pasado el último tiempo con mis amigos y he comido mi última hamburguesa en el Burgeramt de Boxi.

Mi habitación está totalmente vacía y parece totalmente otra. Los posters y las fotos que tenía colgadas ya no están. Quedán poco más de horas para que vaya al aeropuerto de Tegel y coja el avión a Madrid y no puedo ocultar que estoy nervioso, contento, triste y preocupado al mismo tiempo. Además siempre me estreso cuando voy a volar porque pienso que algo va a ir mal en el aeropuerto y no podré embarcar o que llegaré tarde.

No es un adiós, es un hasta luego. El año que viene volveré a Berlín y volveré a mi habitación con todos mis muebles y libros. Y volverá a ser verano de nuevo.

Aufwiedersehen Berlin, ich werde dich vermissen!