Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Category: Perú

Máncora


El altiplano ha quedado atrás. Tantas horas en bus nos ha dejado exhaustos y no queremos ya más bulliciosas ciudades. El tiempo de viaje restante es una cuenta atrás y tenemos ganas de descansar, sol y playa. Máncora, al norte de Perú, muy cerquita de Ecuador es un lugar perfecto para ello. Recomendamos el hostal La Casa Naranja y no recomendamos para viajar la compañía Cifa.

Imagino que no hace falta explicar qué hemos estado haciendo en Máncora. La foto lo sugiere todo.


Lima

De nuevo un día entero para volver a Cuzco y allí nos quedamos una noche más, con Inma y Albert que se habían adelantado. Aprovechamos la última mañana para hacer alguna compra, correos y comer un poco de caldo y arroz, pues todavía andábamos finos del estomágo, y de nuevo a un autobús por unas veinte horas dirección a Lima.

Lima nos recibió con un golpe de calor y con mucho sol. Algo bastante inusual pues la ciudad suele estar cubierta siempre de una niebla que encapota todo el cielo aunque eso no significa que haga fresco. El uniforme era camiseta y pantalones cortos todo el tiempo. Nos instalamos en el barrio de Barranco, el barrio más bohemio de la ciudad, lleno de restaurantes y bares.

Durante los cuatro días que hemos pasado en la ciudad no solamente hemos paseado por Miraflores y el centro, hemos comido también de las mejores comidas hasta ahora. La comida peruana tiene fama de ser una de las mejores comidas de Sudamérica. Junto con la mexicana, es la gastronomía latinoamericana más rica y con técnicas propias. La gastronomía peruana, tal como es hoy día es un producto que proviene de la mezcla de la comida precolombina con la española, añadiendo una fuerte influencia asiatica (del Cantón chino y de Japón) con toques franceses e italianos.

El ceviche y el tiradito, pescado fresco cocinado en limón ha resultado ser toda una delicia. Hemos probado la comida china peruana, el chifa y resultó ser excelente. Y lo que me ha sorprendido mucho fue probar el sushi a la peruana, hasta el momento el mejor sushi que he probado nunca.

Los días en Lima fueron mucho más especiales porque pude reencontrarme con Micaela y Hernán. Micaela es una amiga de Barcelona, con la que perdí el contacto al irme al extranjero. Después de haber vivido mucho tiempo en España se ha vuelto con su marido y su hija a su ciudad natal. Aunque ha sido breve me ha alegrado mucho volverla a ver y haber conocido a su hermana. También he vuelto a ver a Hernán, a quien conocí en Santiago de Chile. El nos llevó al japonés que estaba de muerte y espero que podamos verlo de nuevo en Bogotá, antes de volvernos a Europa.

El último día, antes de irnos dimos un paseo por el barrio de Rimac. Fuimos por el día y me sorprendió mucho. De hecho fue uno de los barrios que más me gusto. No teníamos mucho tiempo para explorarlo por lo que me quedé un poco con las ganas de conocerlo mejor. Es un barrio que se encuentra al norte del centro, un poco descuidado pero con mucha vida y mucho color en sus casas.

Machu Picchu

Es imposible saber cuantas veces se ha visto las imágenes de Machu Picchu, uno las ha visto innumerables veces. Pero cuando uno llega allí se da cuenta de lo magnífico que es el lugar y la grandeza que desprende es incaptable por ninguna cámara. Así que las fotos que subo no tienen nada que ver. Quizás es por la mezcla de la belleza de las ruinas en combinación con la belleza del entorno o por la energía que dicen desprende ese lugar.

Todavía no se sabe qué era Machu Picchu. Hay teorías que dicen que era un control administrativo por su lugar estratégico entre el altiplano y la amazonia, o un palacio o residencia de nobles o una ciudad en construcción. Al final las ruinas se encuentran en un lugar recóndito, escondido entre montañas y rodeado de un caudaloso río.

Para llegar a él hay que dirigirse a Aguas Calientes y para ello hay dos formas. En tren directo pero a precios muy altos, o en  bus hasta la hidroeléctrica cerca de Santa Marta y desde allí caminar dos horas al lado de las vías del tren. El viaje hasta Santa Marta es bien largo, son como unas ocho horas en bus. Pero esta es la única manera barata de llegar al diminuto Aguas Calientes. Un pueblecito muy pequeño y evidentemente muy turístico, que se esconde en la vegetación de las montañas.

Desde allí lo mejor para visitar Machu Picchu es levantarse muy temprano y subir bien en bus o bien subiendo unas escaleras durante dos horas. Es una cuesta quita el aliento pero uno ve como poco a poco la niebla va despenjándose y deja ver las cimas redondeadas.

Y luego viene la recompensa. Si uno ha salido a las cinco de la mañana, llega a Machu Picchu prácticamente vacío, lo cual es perfecto para las fotografías.

Las ruinas de Machu Picchu están rodeadas de las terrazas incaicas, donde los incas cultivaban quinoa, patatas, maiz, hierbas medicinales, etc. No solamente tenía como función proveer a las gentes de alimento, las terrazas, que fueros escarvadas y rellenadas por ellos, protegen a la montaña de la erosión y de los deslizamientos de la tierra.

Fuimos con Albert e Inma, con los que ya estábamos pasando varios días juntos en Cuzco. Pasamos todo el día allá y nos echamos incluso una siesta con la vista de Machu Picchu. Pero al bajar, Nicola y yo nos empezamos a encontrar mal del estomágo. Nos vino una gran urgencia y tuvimos que bajar por patas hasta llegar al hostal. Resultado, viarios días de diarrea y un día entero sin salir del hostal de Aguas Calientes. Todo el día siguiente lo pasamos echados en la cama. Por suerte nos habían dejado una televisión y no se hizo tan aburrido.

Cuzco, la capital de Sudamérica

La misma tarde que volvíamos a Arequipa desde el Cañón del Colca tuvimos que salir disparados a la terminal pues sólo hay buses nocturnos a Cuzco  desde Arequipa y no queríamos pasar otro día en la ciudad. La ciudad que es considerada capital de Sudamérica por haber sido la capital del Imperio Inca nos esperaba. Menos mal que nos habíamos puesto bien cerdos en el buffet de Chivay porque no tuvimos tiempo ni de cenar. El bus fue cómodo y nos pusieron una película cristiana protagonizada por Kirk Cameron.

A las seis de la mañana llegamos a la terminal y una marabunta de personas ofreciendo hostales se nos echó encima, junto con otra marabunta de taxistas oficiales y no oficiales que nos ofrecían el servicio a un precio muy alto. Al final hicimos lo mismo que en Arequipa, pedirle ayuda a un policía y preguntarle cuál debería ser el precio. Al final encontramos a un taxista que nos llevo a un hostal que nos habían recomendado unas chicas que conocimos en el hostal de Arequipa, que también tienen su blog Dirección Mundo. El hostal Pirwa estaba muy bien pero nosotros los buscamos pequeños y tranquilitos y esté era gigantesto y tenía bastante ajetreo. A gustos colores.

Cuzco ha sido para nosotros una ciudad de encuentros. Nos encontramos a Linoi, la chica con la que hicimos la ruta por los valles cachalquíes en Argentina. Se había separado de Yana pues esta ha encontrado un novio por el camino. Y nos encontramos también con Inma y Albert, la pareja de Barcelona que conocimos en el viaje a Rurrenabaque y con los que pasamos todos los días que duró el tour y la vuelta a Coroico. Inma y Albert llevaban ya un tiempo en la ciudad y se la conocían muy bien. Además estaban en un buen hostal por lo que nos cambiamos al suyo. Así teníamos a buen precio habitación con baño privado y televisión, a cambio de tener una dueña del hostal gritona y que montaba dramas familiares cada dos por tres. Pero nos gustaba más que el anterior de todos modos.

Pasamos unos cuatro días en Cuzco, con Inma y Albert. Paseamos por la ciudad y visitamos una feria gastronómica, comimos en el mercados y celebramos el cumpleaños de Inma charlando con un buen vino entre otras cosas.

Antes de partir para Aguas Calientes, el pueblo que está al lado de Machu Picchu queríamos hacer una excursión que se organizaba por Couch Surfing. Pintaba muy bien pues era por pueblos alrededor de la ciudad de Cuzco y se pernoctaba una noche en una aldea con los locales. Sin embargo el señor que la organizaba no se presentó y nos dejó plantados a nosotros cuatro junto con otro chico de Cuzco, Sergio. Y al final el fue nuestra salvación, pues el sale a menudo a pasear y nos llevo de paseo por unas ruinas en las montañas que rodean la ciudad.

Las ruinas más importantes en Cuzco y en el Valle Sagrado se rigen por un sistema de tickets un tanto extraño y que a nosotros nos pareció abusivo. La entrada sólo a Machu Picchu ya es muy cara por lo que nosotros no visitamos nada más. Este paseo junto con el conocimiento de Sergio nos sirvió para hacernos una idea de la grandeza del imperio Inca y los alrededores de la capital.

Después del paseo disfrutamos de una cerveza y de una buena comilona en el mercado. Y ya solo quedaba prepararnos para Machu Picchu.

El cañón del Colca

Arequipa, aunque ya cerca de la costa con el Pacífico, está rodeada de montañas. Y no solamente de montañas altísimas sino que además uno puede visitar los cañones más profundos de toda América. Se pensaba que el cañón del Colca era el más profundo aunque luego se descubrió que el más profundo era su vecino cañón de Cotahuasi.

Visitar el cañón del Colca supone un viaje a pequeños pueblitos y aldeas, donde la gente se viste todavía con sus trajes típicos y trabajan la agricultura en las terrazas que diseñaron los incas quinientos años atrás. Todo el cañón está modelado por este sistema de terrazas, que también estaba en la Isla del Sol, y que permite trabajar la tierra en terrenos tan montañosos. Además de sus gentes y su cultura, la otra estrella son los cóndores que se pueden avistar por la mañana y al atardecer. Nosotros tuvimos la suerte de poderlos ver de cerca, pero en ese momento no tenía la cámara en mano, si no los prismáticos.

Nosotros fuimos hasta Cabanaconde, desde donde es posible adentrarse dentro del cañón. Es un gran desnivel por lo que la bajada te muele las rodillas y la subida te quita el aire por unas tres horas, especialmente con el sol matador que hay por las mañanas. Es un trecking que se puede hacer perfectamente en dos días pero nosotros lo hicimos en tres porque queríamos disfrutar más del cañón.

La primera noche dormimos en la aldea de Malata, en el único alojamiento regentado por Modesto. Modesto es natural del pueblo formado por las aldeas de Malata y Cosñirhua. Aunque no parecen tan chiquitos los pueblos, la verdad es que la mayoría de las casas están abandonadas y sólo quedan 60 habitantes. Solamente para las festividades de febrero el pueblo se vuelve a llenar. Modesto, natural del pueblo, cuando era niño hablaba sólo quechua y el español lo aprendió en la escuela. Ahora la escuela (sólo hay primaria) está a punto de cerrar y los niños ya no hablan quechua aunque todavía lo pueden entender a sus mayores.

Hace cinco años cuando todavía no había electricidad ni señal de móvil Modesto inició una propuesta turística de alojamiento y servicio de comidas a los excursionistas que llegan a Malata. Modesto lo hace prácticamente sólo pues sus hijos están con su señora en Arequipa, algunos estudiando la secundaria y otros ya trabajando. Sus hijas mayores hablan inglés y le han servido de gran ayuda para organizar estancias vivenciales de una semana o diez días en su casa para turistas.

Además ha montado un pequeño museo donde el te explica con mucha ilusión las herramientas que se han usado allí en las casas para moler el maíz, hilar y tejer, los aperos del campo. Tiene animales disecados y muestra trajes típicos que ahora se usan en las festividades del pueblo para los bailes en la plaza.

 

Tras pasar nuestra primera noche en el cañón nos dirigimos a Sangalle, donde está el Oasis. Se le llama así porque brota de la tierra agua caliente y con ella han instalado unas piscinas en las que circula el agua continuamente. Además se benefician de un microclima por lo que era perfecto para pasar un día de descanso con sol y mucha agua.

 

Tras el descanso en el oasis nos tocó al tercer día ascender el cañón hacia Cabanaconde. La subida se tornó muy dura con el sol, pero recompensaba de alguna manera el bello paisaje. En Cabanaconde pudimos descansar y ver los preparativos de la Semana Santa. Allí hay también un hostal muy bonito y tranquilo, el Pachamamma, donde además preparan unas pizzas bien ricas.

 

Y el cuarto día fue el día de regreso. De nuevo pudimos avistar cóndores, admirar las terrazas incaicas y bañarnos en las termas de Yanque antes de pegarnos una buena comilona en Chivay. Y ya de vuelta en Arequipa.

Arequipa

Nuestra primera etapa en nuestro recorrido por Perú fue la ciudad de Arequipa, la segunda ciudad más grande del Perú. Cuando uno entra en Perú desde Bolivia ya percibe los distintos grados de progreso de cada país. Arequipa que en cierta manera nos ha recordado a Sucre, nos ha gustado muchísimo. Tiene un centro realmente bello y da gusto pasear por la su centro histórico.

 

Los peruanos que hemos encontrado hasta ahora nos han parecido sumamente amables. No es que no lo fueran en los otros países que hemos visitado, pero en Perú nos ha sorprendido. En parte porque muchas personas nos estaban avisando que en Perú le sacan a uno el dinero por todo. A diferencia con Bolivia, tienen muchos más años de turismo masivo y eso se nota en las gentes de los lugares turísticos que intenta sacar buena tajada del turista. A nosotros no nos ha parecido exactamente así. Sí en cambio el nivel de calidad del servicio nos parece algo deteriorado en cuanto a las agencias que ofrecen tours, no ofrenciendo un buen nivel de calidad y tampoco importándoles mucho ante la gran demanda siempre creciente.

Una de las cosas que más ganas teníamos era probar la comida peruana, pues con la boliviana estábamos un poco cansados. La gastronomía peruana goza de mucho prestigio en el resto de Sudamérica y espero que también entre pronto en España. Hasta el momento no nos ha decepcionado y además de haberla disfrutado mcuho las raciones son generosas.

Entre otras cosas nos ha gustado mucho la batida de quinoa, que quiero aprender a cocinar, los rocotos rellenos, el ceviche y los anticuchos. Una especialidad que llama la atención es el cuy, que nosotros conocemos como conejito de indias. La carne es sabrosa, se parece a la del conejo pero es más tierna y jugosa, y tampoco tiene grasa. Dicen que tiener un gran aporte nutritivo, pero hay que saber que lo sirven enterito, enterito, con su cabeza y todo. Lo hacen así para que uno compruebe que está realmente comiendo cuy y no una rata o cualquier otro roedor. Nicola no sabía esto y casi se cae para atrás cuando ve el animal entero en el plato.

El convento de Santa Catalina

Este convento es una de las grandes atracciones culturales de la ciudad. Abarca una gran extensión y dentro de sus muros se presenta como un pequeño pueblo dentro de la ciudad. En un principio este convento albergaba soalmente a monjas provenientes de familias muy ricas de España, que debían pagar una dote y destinaban una suma de dinero a construir la celda de su familiar (entiéndase celda como mini apartamento de la época). Así a más dinero invertido, mayor y mejor la celda. Cada monja contaba con una criada que vivía con ella en la celda o miniapartamento.

No soy muy fan de conventos pero este realmente merece la pena visitar. Cada año lo pintan con colores naturales, así el color rojo que se ve es de arcilla. El otro color predominante es el azul que sinceramente no sé de donde viene. La visita es larga y es literalmente como pasear por un pueblito.