Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Category: Viajes realizados (page 1 of 2)

Salerno II

En el tiempo que estuve en Italia hay que decir que no todo fue playa. Hubo un pequeñito lugar para la cultura. En el camino de Agropoli a Salerno pudimos parar en Paestum, una antigua ciudad griega. Además ya contaba con que no iba a visitar Pompeya. Con lo que pegaba el sol y el calor que hacía, era una locura visitar las ruinas. Aunque no sea tan espectacular, en Paestum se encuentran algunos de los templos mejores conservados de la civilización griega. Yo que no he estado en Grecia flipé con las ruinas, aunque por el momento nada de lo que he visto ha podido superar a Machu Picchu.

El camino a Salerno estaba lleno de Casificios. Algo así como fábricas de quesos. Allí tienen las búfalas, de cuya leche hacen la famosa mozzarella de buffala. Pero no solamente quesos, también helados y yogur. Yo pude probar el yogur y quedé impresionado con la densidad del yogur y su sabor. Tomabas un par de cucharadas y te quedas llenísimo. Yo que soy un fan del yogur me pegué una buena hartada.

Yo había oído acerca de las búfalas, pero nunca había prestado atención a este tipo de vacas que provienen del sudeste asiático. Las búfalas estan también en África y fueron introducidas en Europa por el Imperio Otomano. Hasta que no me acerqué a ellas no vi lo diferentes que son de las otras vacas “europeas”.

Fue además de un viaje playa, un viaje culinario. Mientras vivía en España no tenía mucho conocimiento de la comida italiana y ahora que puedo comparar, veo que no tenemos tanto acceso a ellos como aquí. Y es que cuando uno llega a Alemania se da cuenta de la gran presencia que la gastronomía italiana tiene. En los supermercados corrientes se pueden conseguir bastantes “productos italianos” como quesos, embutidos, pasta, dulces, etc. Muchos serán quizás productos alemanes pero el hecho de que quieran imitar un producto italiano ya cuenta. Y siempre se podrá encontrar alguna marca italiana en los supermercados mejor surtidos. Eso si, los productos frescos no tienen nada que ver con los que se encuentran en Italia.

Con esto quería decir que hasta que no he vivido en Alemania la comida italiana era una gran desconocida para mí. No es que la haya conocido porque se vendan producots italianos, si no por las amistades italianas claro está. Pero la facilidad de conseguir algunos productos  hace que uno tienda a preparar más recetas italianas. Y este viaje me abrió las papilas gustativas y pude comprobar que los sabores son mucho más ricos e intensos que en su versión alemana. La lista de lo que comí es casi innumerable: pez espada, pasta con marisco, pasta con sepia, parmigiana, ragú al estilo de la Campania, frituras de calamares frescos, pizza napolitana auténtica, etc.

***

Otro de los puntos fuertes de este viaje fue una visita a Nápoles durante un par de días. Había oído muchas cosas de Nápoles, y había oído acerca del tráfico. Incluso se llega a decir que es peligrosa, aunque a mí no me lo pareció tanto. Sí que pasé miedo, pero fue dentro del coche. Y es que los napolitanos tienen un código de conducción diferente al resto del país, un código que sólo entienden ellos. Y si no lo conoces y quieres conducir como la norma indica, estás condenado a sufrir un accidente.

La ciudad esta en algunos aspectos un poco descuidada como en la limpieza de algunas calles. Por el otro lado la ciudad rebosa de vitalidad, energía y juventud. Tiene la verdad muchos parecidos con Buenos Aires. No hice muchas fotos, pues turismo hicimos poco. El objetivo era más ir de compras, encontrarnos con amigos, tomar cafés solos a toda prisa y de pie y disfrutar del aperitivo italiano en una terraza al calorcillo de la tarde. Me llamarán alcohólico, pero aperitivo con Negroni, mucho mejor.

Salerno I

Desde que dí el viaje por terminado en cuanto a la bitácora se refiere he tenido el blog en pausa. El verano pasó rápido con los amigos, la familia y todas mis energías centradas en mi nueva etapa en Berlín. El verano en Berlín pasó rápido entre reencuentros, barbacoas, baños en el lago y búsqueda de un curso de alemán. Todavía no he enncontrado ningún trabajo y sigo buscando, pero no estoy ocioso. Desde septiembre voy a clase de alemán todos los días y tengo que decir que he mejorado bastante creo yo.

Han pasado tres meses y he sentido de nuevo la inspiración para volver a sentarme a escribir. Y puesto que es un blog de viajes está entrada habla de mi visita a Italia, en julio de este año. Y es que tuve la suerte, a las pocas semanas de volver de Sudamérica de conocer la tierra de Nicola: Salerno.

Doce días en Salerno dieron no sólo para conocer la capital de esta provincia de La Campania si no también para acercarme a otros lugares. Debo decir que saqué pocas fotos, y es que todavía se notaba el cansancio arrastrado de los dos últimos meses en Sudamérica, cuando ya las fotos me daban un tanto igual. Pero aún saqué algunas que pueden ilustrar lo que he visto.

Mi lugar preferido de todos los que ví es este:

Una playita del pueblo de Cetara que se llama Lo Sgarrupo, muy cerquita de Salerno y que se situa en la costa Amalfitana. El pueblo  es muy pequeño pero es una delicia para los ojos pasear por él y por sus calles tan típicas. Cetara como tantos otros pueblos de esta costa están como encajados en las montañas que caen directamente al mar. Esto supone que apenas hay espacio para playa y donde uno puede bañarse es en pequeñas calitas donde el agua es bien cristalina y está bien calentita en los meses del verano. En concreto para esta playa había que bajar por un camino no apto para todas las edades.

Una playa fantabulosa, y bastante tranquila pues al no ser tan fácil bajar hasta ella hace que no vaya tanta gente. Igual en junio o a principios de julio es mejor que en otros momentos del verano, pues pueden llegar demasiados barcos e incluso estos pueden ensuciar el agua. Esta era super clara y limpia, una gozada. Y lo mejor es ir desplazarse en moto, pues las carreteras son estrechas y llenas de curvas, y los coches muchos. Un motorino hace la vida mucho más fácil y siempre es agradable mirar hacia el mar desde el asiento de atrás con toda la brisa en la cara, y si el tiempo da para ello, pararse en medio de la carretera a tomar un granizado casero.

También descubrí un poco más de la costa Amalfitana en barco, para poder llegar hasta el turístico pueblo de Positano. A mí Positano no me gustó. Es un pueblo muy bonito de postal eso sí, pero nada más que eso. Además de caro y muy pijo, me pareció todo muy forzado y falso. Tampoco he visto mucho más pueblos, pero creo que Cetara y Vietri, sin ser tan espectaculares le dan mi vueltas a mi parecer. No serán tan bonitos y son igualmente turísticos, pero el aire que se respira en sus calles es distinto y te entran ganas de quedarte. El agua está más limpia pues no hay tantos barcos como en Positano y se está más a gusto en la playa. En todo el caso, el viaje en barco desde Salerno a Positano es bien bonito, y las vistas de los pueblos desde el mar, bien merece la pena.

Detras de estos pueblos tiene que haber unas excursiones en la montaña increibles, pero no se puede hacer todo. Quizás la próxima vez que vaya se puede hacer alguna excursioncita por la montaña.

***

Pero la provincia de Salerno tiene mucho más. Yo en concreto pude ver también un poco la costa de Cilento y el maravilloso pueblo de Agropoli. En Agropoli parece que la vida discurra muy tranquila y la gente resulta ser encantadora. Tiene una atmósfera particular, en la que parece que el tiempo no pasa. Se podría estar en los años 2010 o en los 70.

En Agropoli el mar también es claro y transparente. Es una delicia poder bañarse en sus playas. De hecho, lo he visto más parecido a Croacia y a la isla de Hvar. Un lugar donde quedarse y olvidarse del largo invierno alemán.

Fiordos noruegos III

El primer glaciar que he visto fue en Noruega (sé que tiene delito que todavía no haya visto el glaciar de Marboré en Huesca). Si no recuerdo mal es el glaciar de Jodestal, situado en un parque nacional al norte de Bergen y al que se accedía tras un paseo no muy largo. Era realmente bonito aunque espero que en el sur de Argentina y Chile pueda ver glaciares mucho más impresionantes. .

 

 

Una elemento que me encantó del paisaje noruego eran las iglesias de madera blanca de los pueblecitos. Más o menos todas eran bastante parecidas pero destacaban entre las casas de colores marrones oscuros y rojas. Normalmente tenían también los cementerios al lado. Esta en concreto estaba a orillas de un fiordo.

Esto es lo que se veía con la iglesia a la espalda.

El último día estábamos en el fiordo de Geiranger, a unos 450 kilómetros de Oslo y teníamos que volver con un límite de velocidad de 80 Km/h y por carreteras de montaña. Habíamos ido hasta allí siguiendo las indicaciones de los chicos que nos habíamos encontrado en el camping de Bergen. Nos habían recomendado además un alojamiento concreto donde además se podía pedir al dueño alquilar una lancha y adentrarse en el fiordo. Total que optamos por cogerla a las 7 de la mañana, de manera que a las 8 u 8.30 podíamos estar ya en la carretera de vuelta a Oslo.

El viaje de vuelta fue una odisea. Tras pegarnos una gran paliza conduciendo  llegamos a la oficina de la compañía de alquiler de coches en las afueras de la ciudad. Luego teníamos que tomar el transporte público que no entendíamos para la estación de autobuses. Evidentemente nos perdimos y estabamos en medio de la calle, de noche y muertos de frío. Y con el estrés de que perdíamos nuestro autobús de vuelta a Copenhague. Por suerte apareció una chica de Granada en medio de la nada que nos indicó como llegar a la estación de autobuses y por fin vuelta a casa.

Fiordos noruegos II

Viajar no resultaba barato e íbamos con el presupuesto bastante ajustado de estudiantes Erasmus en Escandinavia. Comíamos siempre comida fría de picnic en cualquier lugar: pan con cosas, huevos cocidos, zanahorias, galletas. Los noruegos nos miraban bastante asombrados de los sitios en los que hacíamos los picnics. La gastronomía noruega no la pudimos explorar mucho tampoco. Además estaban los ferries. Hay que embarcar en muchísimos para recorrer la costa y en cada uno hay que pagar un peaje por el coche y las personas. Podían costar más o menos, dependiendo del tiempo que podía variar entre diez minutos a una hora casi

No es algo de lo que me sienta muy orgulloso pero tratamos de colarnos en todos los posibles. En algunos funcionó, en otros no, en otros conseguimos que solamente la mitad de nosotros pagara. El truco estaba en quedarse en el coche o en que la mitad se quedara en el coche y la otra mita anduviera por dentro del barco, así cuando venían a cobrar decíamos que éramos menos. Otro truco estaba en salir corriendo del ferrie a toda mecha, parece mentira pero nos funcionó una vez.

Estas son vistas que tuvimos desde alguno de los ferries.

 

Los paisajes eran siempre impresionantes. Y gracias a a luz de la luna llena había una gran claridad por la noche. Se podía ver practicamente todo. Evidentemente no se podían sacar fotos, pero la siguiente foto que la saqué al atardecer se acerca a como se veían los valles por la noche.

La foto de abajo muestra lo que podíamos ver desde una de las cabañas en las que nos alojamos. Por la noche se veía todo con un filtro azulado muy intenso. Estuvimos un buen rato fuera contemplando el paisaje y la luna, eso sí con mil mantas encima.

 

Fiordos noruegos I

Ya he hablado de mi viaje a Bornholm cuando estuve viviendo en Copenhague. Un viaje del que no esperaba mucho y que a pesar de la sencillez de sus paisajes me impactó y disfruté mucho. Sin embargo, el viaje del que tengo mejores recuerdos fue una ruta fugaz por los fiordos noruegos. Fueron tres días de muchas horas en la carretera y de contemplación de la costa noruega a través de la ventanilla del coche. Tres días en los que iba apretado en la parte trasera de un coche mientras escuchábamos los grandes éxitos de Alaska y en los que dormíamos en camping semidesiertos.

Fuimos a finales de marzo, un año en el que la Semana Santa había caído bastante pronto. Tuvimos mucha suerte con el tiempo ya que nos hizo sol, no llovió y por la noche una gran luna llena iluminaba las montañas con una luz muy azulada, quizás por el reflejo en la nieve y el hielo. Las montañas tenían nieve en las cumbres y algunos fiordos estaban cubiertos por una gran capa de hielo. Pero el frío no era excesivo y se podía pasear sin guantes, bufanda y gorros durante el día.

Así eran los campings en los que nos alojábamos. Cabañitas monas y bien calientes por dentro. Y ese es el coche que alquilamos. Y la banda sonora era “Quiero ser un bote de Colón” que sonaba por lo menos cada vez que arrancábamos el coche.

Justamente en el primer camping que nos alojamos conocimos a un grupo de españoles que nos explicaron su ruta. Nosotros no habíamos planeado prácticamente nada, solamente que cogíamos un coche de alquiler en Oslo por la mañana y conducíamos hasta Bergen. Ellos venían del norte así que copiamos su ruta pero en el sentido inverso.

 

Nuestra primera parada fue Bergen, ciudad mucho más bonita que Oslo y que merece mucho más la pena visitar. Las fotos lo dicen todo.

Y esto es Bryggen, las famosas casas de madera de Bergen, que tienen cerca de trescientos años de antigüedad.

Continuará…

Amsterdam

Hace poco más de un año planeé una escapada a Amsterdam en uno de los pocos puentes que existen en Alemania. Al final fui sólo pues nadie podía venir conmigo y yo tenía ganas de salir de Berlín y de conocer la ciudad. Además tuve la suerte de que dos chicas se portarían fenomenalmente conmigo y me abrirían la puerta de su casa además de dedicar parte de su poco tiempo libre a un visitante novato como yo. Sin ellas mi experiencia de la ciudad habría sido totalmente diferente y seguro que no tan buena como lo fue.

Antes de llegar tenía ganas de visitar un montón de museos, de no perderme ninguna atracción turística y de patearme la ciudad. Sin embargo cuando llegué no hice apenas nada de lo planeado. No sé si fue por lo bien que me recibieron, por el buen tiempo que hacía o porque llegué con cansancio acumulado. Total que al final no entre en ningún museo y el tiempo que estuve sólo lo dedique a vagar por la ciudad y a sentarme en bancos a ver los botes y lanchas pasar. De lo que más me gustó, quizás porque no lo esperaba fue descubrir la arquitectura de algunos edificios al oeste de la ciudad, por los alrededores de Ooster Park y la isla de Java y KNSM.

Esta escapada me hizo pensar en las expectativas que uno se hace de los viajes antes de realizarlos y en ciertas imposiciones social que existe a la hora de visitar un sitio nuevo o hacer turismo. Como si el hecho de ir a una ciudad en otro país es casi de obligación pasar por los mejores museos y los monumentos más importantes. Una imposición que yo mismo me imponía antes aunque cada vez menos. Ese fin de semana en Amsterdam me enseñó que se puede disfrutar igualmente mucho y tener la sensación de hacer algo nuevo o diferente (en parte uno busca esto cuando viaja ¿no?) simplemente relajándose en un entorno nuevo y paseando por barrios menos concurridos.

En este sentido parto de la idea de que cuando este viajando por tanto tiempo tengo que ir con la mente abierta y relajado. Una ciudad tiene muchas caras, y la turística es sólo una. Si llego a una ciudad con ganas de fiesta pues a tratar de descubrir la vida nocturna, o si estoy interesado en relajarme puedo dormir mucho,dar pequeños paseos o hacer excursiones sin preocuparme por si estaré viendo todo lo que tendría que ver o no. Al fin y al cabo lo que quiero es disfrutar de hacer lo que me gusta a mi ritmo, conocer gente nueva y distintas maneras de enfocar la vida, y patearme una ciudad para conocer todo de ella no entra en mis planes.

 

 

Bornholm II

La isla de Bornholm que en un principio puede parecer una provincia totalmente anodina esconde mucha historia. Hay vestigios de los pueblos que habitaban la isla durante la Edad del Bronce, dólmenes y se tiene constancia de cómo hacían sus enterramientos. En 1985 se hizo un gran hallazgo en un prado. Se encontraron más de 2.000 figuritas de personas labradas en oro y en otros metales hechas con moldes. Había varios patrones que se repetían numerosas veces que definían principalmente figuras de personas. Aunque ha dado bastantes pistas a los arqueólogos sobre los habitantes de esta zona de escandinavia de hace siglos todavía no se ha podido explicar la naturaleza de este tesoro ni el por qué de su origen.

En cuanto a naturaleza, uno de los mejores lugares de la isla son los acantilados de Hvidkleven donde se encuentra la Jons Kapel, un hueco en las rocas con forma de púlpito en el que vivió un sacerdote irlandés llamado Jon (o eso dice la leyenda).

 

 

El castilllo Hammershus es otra muestra de la importancia que debió de tener en el pasado la isla, ya que diferentes naciones como Dinamarca y Suecia se disputaban continuamente su control, que se ejercía principalmente desde esta fortaleza.

Al ir en bici por los bosques y por los acantilados no podía evitar acordarme de la afición que tenía de pequeño por todo lo medieval y la fantasía. Me imaginaba recorriendo el escenario en el que podrían haber ocurrido tantos de los libros que había leído cuando tenía 13 o 14 años. Este sentimiento ya no lo tengo tanto, quizás porque ya me he acostumbrado más a este tipo de paisaje o porque me he hecho más mayor pero hay que decir que cuando estaba de viaje por allí tenía la época adolescente mucho más cercana.

 

Bornholm I

Hace unos años viví en Copenhague durante unos diez meses, mi primera experiencia en Europa del norte. Antes de marchar apenas conocía nada del país y de la ciudad pero siempre había tenido mucha curiosidad por conocer el norte y Escandinavia. Quizás por sus paisajes tan verdes y pueblecitos de cuento de hadas, o por esos idiomas tan raros y desconocidos. Pasado ese año aprendí mucho más de Dinamarca y los daneses y sus relaciones con los otros países escandinavos. Por suerte mantengo amistades con daneses y al vivir en Berlín los puedo ver más a menudo lo cual me permite mantener todavía contacto con su cultura.

Durante ese año intenté explorar distintos puntos de los paises nórdicos aunque mis posibilidades no eran muchas y si viajaba tenía que ajustar bastante el presupuesto. Uno de los sitios más únicos según mi punto de vista fue Bornholm donde fui con mi padre, cuando vino a visitarme por segunda vez. Compañeros daneses de la universidad me habían hablado de esta isla danesa situada frente a la costa sueca y que se puede recorrer en bici sin problema alguno. Mi padre ya conocía Copenhague bastante bien así que decidimos acercarnos a la isla para hacer otro tipo de actividad.

Nos alojamos en un hostel de Rønne, la localidad más importante de la isla. Allí pudimos alquilar unas bicicletas a precio aceptable. Era principios de junio y todavía no había empezado la temporada alta. Toda la isla está repleta de pistas perfectamente señalizadas para bicicletas. En ocasiones van al lado de la carretera y otras por medio de los campos y bosques. Hacerse con un mapa de la isla  era facílisimo y la orografía no presentaba problemas de orientación ni físicos.

Fue una gozada recorrer pequeños poblados, bosques y salir de repente de nuevo a la costa. Era un gran contraste de paisajes. Igualmente el tiempo variaba muchísimo. Pasábamos de un cielo super despejado, a uno totalmente gris acompañado de diluvios y volver de nuevo a un solazo que picaba. La isla respira nordicidad por todos sus poros, con sus casitas típicas, un verde super intenso y esa luz pálida que hace que la atmósfera de los paisajes sea tan diferente del Mediterraneo. Aunque había algunas playas estas eran escasas y la mayor parte de la costa era de piedras con hierba a los pocos metros (como en casi todos los sitios costeros de Dinamarca en los que estuve).

Lo más característico de la isla son unas iglesias redondas típicas de Bornholm y de algunas partes de Suecia. Son Iglesias de estilo románico con una planta totalmente redonda que no hay que confundir con otras iglesias que pueden tener una torre redonda pero no la planta. En Bornholm hay cuatro en concreto que en algunos sitios relacionan con los templarios debido a su geometría y a las relaciones históricas de la isla con los Borgoña. Iglesias con esta forma no son muy comunes y tampoco es normal que haya cuatro tan cercanas geográficamente, de allí que circulen muchas leyendas y teorías alrededor de estas construcciones.

 

 

 

 


 

 

Croacia V: Plitvice y Zagreb

Con esta viene ya la última entrada del viaje a Croacia. Después de la paliza que nos dimos con la excursioncita en Paklenica nos fuimos hacia Zagreb donde un par de días después cogeríamos el avión de vuelta a casa. Sin embargo no podíamos dejar de lado el parque natural más famoso de toda Croacia: Los lagos de Plitvice.

Se trata de otro parque en el que se puede contemplar paisaje karstico. Consiste en una gran red de diferentes lagos conectados entre sí por saltos de agua y cascadas. Las aguas cambian de color desde el azul turquesa al verde oscuro y estan rodeadas de frondosos bosques. Para recorrer el parque se camina por pasarelas y se toman barcos y/o autobuses.

Cascada en el parque nacional de Plitvice

Lago turquesa en Plitvice

El día estaba nublado e incluso llovió un poco. Aquí ya notamos la gran diferencia de temperatura que había entre la costa y el interior y es que al mediodía había que estar abrigadillo.

Parque nacional de los lagos de Plitvice en Croacia

Según la guía en este parque sí que había osos y lobos pero evidentemente no vimos ninguno. El parque es bastante grande y enteramente boscoso, por lo que hay igualmente una gran oferta de excursiones. Sí que hicimos un pequeño bollo al coche, pero por suerte en Zagreb no lo vieron y no nos lo cobraron.

Ese mismo día llegamos a Zagreb. Ciudad que visitamos brevemente y de la que aunque no esperábamos mucho tampoco nos llevamos una gran sorpresa. Excepto de que hacía más frío del que pensábamos para ser mediados de septiembre, ¡y es que se estaba a la misma temperatura en Berlín!

Calle del centro de Zagreb

Pequeña y bonita pero no encontramos mucho por hacer. Quizás porque estábamos cansados o porque necesitábamos de un local que nos dijera donde ir. Intentamos entrar en el jardín botánico pero estaba cerrado. Sí que hicimos dos cosas:

  • Probamos uno de los mejores cafés de Zagreb en Eli’s café. El café estaba muy bueno pero el sitio era pequeño y estaba en medio de la calle comercial. Parecía una cafetería para pararse por unos minutos y continuar de compras.
  • Visitamos el Museo de Arte Naive de Croacia. Un museo muy pequeño y con pocas obras pero que nos parecieron muy interesantes. Descubrí lo que era en realidad el arte Naive y lo pude apreciar, además a ser pequeño el museo no quedé sobresaturado como me ocurre en otros . Me quedé con las obras del artista Ivan Generalić.

Ivan Generalic

Ésta al igual que otras obras no son cuadros sino que estan pintados en cristal por la parte de atrás. Es decir el artista pinta primero los detalles y las cosas más cercanas y al final pintaba los fondos.

Esto es todo lo que puedo contar sobre mi andadura por Croacia. Espero que sea de utilidad si alguien va para allá pronto. Puedo decir que la gente es muy amable con los turistas y aunque viven del turismo la costa no está tan estropeada como en España. Los precios casi los mismos pero todavía se encuentran restaurantes y alojamientos mucho más baratos.

Croacia IV: Paklenica

Además de ser uno de los mejores momentos del viaje, aquí viví una de las aventuras más interesantes que he vivivo hasta ahora viajando. ¡Aunque espero que cuando vuelva de Sudamérica esto sea solamente moco de pavo!

Después de haber visitado la isla de Pag nos dirigimos hacia el Parque Nacional de Paklenica. Este sería el último lugar en la costa que visitaríamos. Paklenica es un buen parque para hacer senderismo y a mi amigo y a mi nos encanta. Es una pena que en Berlín no haya montañas. Justo enfrente del mar se levantan unas montañas de alrededor de 1.500 de altitud, por lo que os podéis imaginar el desnivel que hay.

Bien temprano por la mañana, dejamos el camping a pie de playa en el que dormíamos y fuimos con el coche a la entrada del parque. Estaba bastante cerca y no costaba nada llegar aunque sí que costaba dinero entrar. Nosotros cogimos la ruta más transitada. Un camino que va entre una garganta (Velika Paklenica)y que acaba en un refugio. Desde allí ya se pueden hacer los distintos picos que hay en el parque. Al principio había mucha gente que venía a hacer escalada, y parecía ser un buen sitio para ello.

Senda por el parque natural de Paklenica

 

Después de llegar al refugio preguntamos como subir al pico más alto, el Vaganski que está a unos 1.757 m. Nada mal siendo que habíamos empezado a 300 m sobre el mar. Empezamos a subir por unos hayedos frondosos y bien verdes y si uno echaba la vista atrás podía ver el mar y las islas cercanas. Desde allí en concreto se podía divisar la isla de Pag. Ese paisaje era un poco chocante porque cuando uno está en la costa o en las islas y mira para la tierra central, uno no se imagina que hay esos bosques tan verdes.

Isla de Pag desde el parque de Paklenica

Los problemas empezaron a venir al mediodía cuando vimos que nos habíamos equivocado de camino y que estábamos más lejos del pico que queríamos subir. Después subimos un pico pensando que era nuestro objetivo cuando no lo era. Así que bajamos y subimos el que realmente tocaba. Después para volver, queríamos hacerlo por otro camino que nos habían dicho que era muy bonito. Lo único que había que coronar dos picos más. Total, si ya habíamos hecho dos, que más daba hacer otros dos más.

Quién nos iba a decir que cuando estabamos entre estos dos picos yo iba a ver a un “pastor”. Y es que en un momento en el que no sabíamos como continuaba la senda (el pico lo teníamos delante pero no había paso despejado hasta él) pensé pues mira, si allí hay una persona a la que le podemos preguntar. La gracia era que mi vista no es muy buena y que no era una persona, y mi amigo me lo dijo en el momento. A unos 200 ó 300 m. teníamos un gran oso pardo que se movía entre las rocas y los arbustos como Pedro por su casa y que era seguido por un pequeño osezno. En ese momento se nos heló la sangre y nos quedamos paralizados. ¿Qué hacíamos? ¿Y si venía el oso para nosotros? No podíamos correr. Por suerte para nosotros el oso y el cachorro empezaron a correr en la otra dirección. Eso sí, parando cada 20 metros para girarse y ver qué movimientos hacíamos nosotros.

Al final perdimos de vista el oso pero no se nos fue el susto del cuerpo hasta un rato después y aún estuvimos un buen par de horas bastante intranquilos. Y es que mi amigo y yo hacemos montaña solamente por el Pirineo aragonés donde a lo sumo uno se encuentra con jabalíes y no tenía interiorizada la idea de que cuando uno hace montaña en otros lugares hay animales que pueden llegar a ser peligrosos. Según en que partes del mundo encontrarse con osos u otros animales igualmente peligrosos puede ser medio normal pero a nosotros nos dio una gran sorpresa y me hizo pensar que cuando uno va por la naturaleza hay pequeñas probabilidades de encontrarse con estos peligros de los que no era consciente.

Cuando el tembleque ya se fue de nuestras piernas pudimos continuar y bajar por el paso que nos habían recomendado. Eso sí nos perdimos un poco y nos costó un ratillo encauzar la senda, pero tras el encuentro con el oso ya nada nos asustaba.

Parqu Natural en el norte de Dalmacia

 

Cuando estuvimos de vuelta en el refugio comentamos nuestro avistamiento del oso y los del lugar se sorprendieron mucho ya que era algo bastante insólito en ese parque. Igualmente nos recordaron lo peligroso que es un oso cuando va con la cría, ya que entonces lo que les preocupa es protegerla  y pueden atacar a las personas. Nos invitaron a un buen grappa de nueces y cuando llegamos de vuelta al pueblo de Starigrad de nuevo en la costa era ya de noche. Estábamos molidos y nos pegamos una buena parrillada de pescado y marisco. ¡La mejor en todo el viaje!