Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Ecuador tiene piel de orquídea

Ecuador es uno de los países con la mayor biodiversidad, tanto en fauna como en flora. En cuanto a la flora, el mayor número de especias lo comprenden las orquídeas. Ecuador alberga miles de diferentes especies por lo que es justo decir que Ecuador es un país de orquídeas.

Si uno visita la ciudad de Quito puede acercarse al modesto pero interesante jardín botánico. Allí hay una gran colección de orquídeas, y si uno va con la calma suficiente se quedará entusiasmado con la belleza que alcanzan algunos ejemplares.

Quito

Después de Puerto López, hicimos una breve visita a Canoa para dirigirnos a la capital del país, Quito. En Canoa estuvimos poco tiempo como para hablar mucho. Pero resulta un pueblo bastante encantador, tranquilo y con una playa bien bonita también. De aquí a unos años será ya como Montañita.

Quito nos ha conquistado con su arquitectura colonial. La verdad es que no lo espérabamos y nos ha sorprendido mucho su belleza y la actividad que transpira. No sé si es porque nuestra llegada ha coincidido con el día de la madre, un día que se vive con mucha intensidad aquí en Ecuador y en el que se le rinde un verdadero homenaje a las madres. Pero el caso es que tiene una magia que atrae.

Nos hemos acercado también a la zona de Mariscal, que no nos ha gustado mucho pues lo hemos encontrado bastante idéntico a otras ciudades. Nos quedamos sin duda alguna con su centro histórico, sus calles empinadas y los volcanes cubiertos de niebla como fondo. La calidez de los quiteños tampoco hace sombra al resto de los ecuatorianos, y siempre hay nuevos platos que descubrir. Nicola se derrite por las humitas y a mí me ha gustado mucho comer lengua de vaca en salsa de cacahuete.

Hemos visitado también La mitad del mundo, un lugar al norte de la ciudad donde se hicieron las mediciones para establecer por donde pasaba la latitud 0º. Allí han erigido un monumento y alrededor de él han surgido unos pavellones y un museo y muchas tiendas de artesanía. No es gran cosa, pero resulta curioso pensar que uno esta justo en el medio de los dos hemisferios.

Explorando el Parque Nacional Machalilla

El Parque incluye desde costa como la Playa de los Frailes, islas como la de Salango y la Isla de la Plata, pero también bosque seco tropical y bosque húmedo. Además de visitar las islas, nos adentramos también en el bosque húmedo en Río Blanco, pues nuestro viaje por Ecuador estaba siendo solamente por la costa y teníamos ganas de ver animales y jungla.

Isla de la Plata

Una de las joyas del Parque Nacional de Machalilla es la Isla de la Plata. Su principal atracción es el avistaje de ballenas, que yo ya hice en la Península de Valdés. Sin embargo, en esta época no hay ballenas. Pero igualmente es interesante ir para ver aves tan extrañas como picudos de patas azules, picudos de nazca, pájaros tropicales y fragatas. Los ejemplares macho de las fragatas, en época de apareamiento cortejan a las hembras inflando una membrana roja de aire que tienen en la gargante, dando la apariencia de un globo rojo.

Nuestra actividad contratada con la agencia comprendía snorkling por la tarde. Este prometía ser mucho mejor que el de Salango. Pero por desgracia no pudimos hacerlo debido al gran número de ¡medusas! Fue todo una decepción pues el otro nos había sabido a poco y con este esperábamos disfrutar mucho.

Como recompensa pudismo avistar delfines de vuelta a Puerto López. Un momento mágico que nos dejo boquiabiertos y nos quitó todas las penas.

Río Blanco

Para contrarrestar con los otros días decidimos hacer una excursión a la comunidad de El Pital, en la comuna de Río Blanco. Aquí nos recibió Gastón, que lleva las actividades turísticas de la comunidad. Junto con el, montamos en unas mulas y recorrimos 21 kilómetros por la selva o el bosque húmedo en busca de monos aulladores, que ya habíamos visto en Rurrenabaque. No es un bosque tropical primario, pues toda esa zona fue una zona cafetera hasta finales de los setenta. A partir de entonces se ha empezado a recuperar pero todavía falta hasta que sea como el bosque amazónico. Aquí había jaguar pero ha desaparecido al igual que los árboles más grandes y viejos. Aún con todo, se parece al bosque amazónico y resulto un paseo bien lindo.

Tras mucho buscar pudimos encontrar los monos aulladores, aunque mi cámara no es tan buena como para haberlos captado bien. Durante el paseo Gastón nos habló mucho de su pueblo, de él y de su familia, lo que resultó bastante interesante. Al final comimos en su casa, donde conocimos a sus simpáticos padres que nos invitaron además a dulces caseros hechos en el pueblo. Es una pena que el mototaxi nos viniera a buscar tan pronto pues nos habría gustado quedarnos a charlar con Gastón.

Puerto López

Nos habría gustado quedarnos en Ayampe mucho más tiempo pero ahora tampoco es que tengamos todo el tiempo del mundo. Apenas queda poco más de un mes para nuestra vuelta. Así que continuamos hasta Puerto López, puerta al Parque Nacional Machalilla, el único parque nacional de Ecuador, pues el resto son Reservas.

Puerto López es un pueblecito con más vida, pero un tanto decadente. A mí me resultó sucio y poco cómodo, y cuando llueve mucho el pueblo se colapsa. Aunque resulta de interés acercarse a la playa temprano por la mañana, cuando llegan los pescadores de faenar. Además de muchas cantidades de marisco se pueden ver tiburones, tiburones martillo y peces espada.

Lo que salva al pueblo es su proximidad a la Playa de los Frailes, dentro del parque nacional. Es una playa increible, preciosa. Un lugar paradisiaco. Y si uno tiene ganas de caminar puede subir hasta unos miradores y bajar hasta dos playas impresionantes.

 

Este es el mirador a la Playa de los Frailes.

Esta es la playa de las tortugas, donde ellas entierran sus huevos bajo la arena. El lugar es impresionante, el problema es que es peligroso bañarse.

Y la playa prieta, donde uno puede retirarse si quiere estar solo.

 

Pingüino XLVI

Siguiendo la Ruta del Sol

Tras Montañita nos dirigimos a uno de los pueblos en lo que dicen es el trozo de costa más bello en Ecuador, aquella que se encuentra entre Montañita y Puerto López. Así al azar elegimos el tranquilo y rústico pueblo de Ayampe, en el que queríamos pasar sólo un par de días y al final estuvimos toda una semana.

 

Tras dar una pequeña vuelta nos inclinamos por quedarnos en las cabañas de La Iguana (¡y vimos iguanas en el jardín además de colibrís!). No solamente la habitación estaba muy bien, tienen cocina en el bonito jardín y el trato es estupendo. Nos traían además las papayas y maracuyás de los árboles del jardín.

El alojamiento junto con otros pocos que se encuentran contiguos se situa muy cerquita de la playa. Y Ayampe disfruta de una playa increible. Agreste pero apta para el baño. El agua está como no, calentita y no hay basura en la playa. Un paraíso al que nos gustaría volver algún día.

No hay mucho más que decir. El viaje ha adquirido un ritmo mucho más tranquilo y placentero. Todos los días pescado y marisco (gambas o calamares), siestecita en la hamaca, baño y paseito por la playa. Sólo un día nos escapamos al pueblo de Salango y cruzamos hasta la isla con el mismo nombre, e hicimos un poco de snorkle, aunque este no fue nada espectacular.

Clases de surf en Montañita

Máncora nos quedaba ya muy cerca de Ecuador y era momento de cambiar de país. Llevábamos casi un mes en Perú y contando el tiempo que nos queda, sólo podemos dedicar un mes a cada uno. Lo que sí teníamos claro es que queríamos playa. Ecuador es un país pequeño en comparación a sus vecinos y disfruta de costa, montaña y amazonia pero es imposible ver todo. Nosotros para compensar con los meses anteriores en el altiplano y en los Andes, nos decidimos por la costa.

Nuestra primera parada decidimos que fuera Montañita. Un pueblo particular por la gran cantidad de extranjeros que atrae gracias a su playa, sus olas y sus bares. Dicen que no es realmente Ecuador por el ambiente que se respira y quizás hay algo de razón en ello. Durante la semana pocos ecuatorianos vimos y sí muchísimos argentinos. También vimos muchos argentinos regentando o trabajando en locales.

A nosotros nos cautivó la hermosa playa que tiene, lo caliente que estaba el agua, la amabilidad de los ecuatorianos y el marisco barato. Además nos animamos a probar clases de surf. Todavía estamos en un nivel muy bajo y tenemos que aprender todavía a ponernos de pie en la tabla, pero resultó muy divertido y si aprendemos, ¡algo que tenemos para futuros viajes!

Pingüino XLV

Máncora


El altiplano ha quedado atrás. Tantas horas en bus nos ha dejado exhaustos y no queremos ya más bulliciosas ciudades. El tiempo de viaje restante es una cuenta atrás y tenemos ganas de descansar, sol y playa. Máncora, al norte de Perú, muy cerquita de Ecuador es un lugar perfecto para ello. Recomendamos el hostal La Casa Naranja y no recomendamos para viajar la compañía Cifa.

Imagino que no hace falta explicar qué hemos estado haciendo en Máncora. La foto lo sugiere todo.


Lima

De nuevo un día entero para volver a Cuzco y allí nos quedamos una noche más, con Inma y Albert que se habían adelantado. Aprovechamos la última mañana para hacer alguna compra, correos y comer un poco de caldo y arroz, pues todavía andábamos finos del estomágo, y de nuevo a un autobús por unas veinte horas dirección a Lima.

Lima nos recibió con un golpe de calor y con mucho sol. Algo bastante inusual pues la ciudad suele estar cubierta siempre de una niebla que encapota todo el cielo aunque eso no significa que haga fresco. El uniforme era camiseta y pantalones cortos todo el tiempo. Nos instalamos en el barrio de Barranco, el barrio más bohemio de la ciudad, lleno de restaurantes y bares.

Durante los cuatro días que hemos pasado en la ciudad no solamente hemos paseado por Miraflores y el centro, hemos comido también de las mejores comidas hasta ahora. La comida peruana tiene fama de ser una de las mejores comidas de Sudamérica. Junto con la mexicana, es la gastronomía latinoamericana más rica y con técnicas propias. La gastronomía peruana, tal como es hoy día es un producto que proviene de la mezcla de la comida precolombina con la española, añadiendo una fuerte influencia asiatica (del Cantón chino y de Japón) con toques franceses e italianos.

El ceviche y el tiradito, pescado fresco cocinado en limón ha resultado ser toda una delicia. Hemos probado la comida china peruana, el chifa y resultó ser excelente. Y lo que me ha sorprendido mucho fue probar el sushi a la peruana, hasta el momento el mejor sushi que he probado nunca.

Los días en Lima fueron mucho más especiales porque pude reencontrarme con Micaela y Hernán. Micaela es una amiga de Barcelona, con la que perdí el contacto al irme al extranjero. Después de haber vivido mucho tiempo en España se ha vuelto con su marido y su hija a su ciudad natal. Aunque ha sido breve me ha alegrado mucho volverla a ver y haber conocido a su hermana. También he vuelto a ver a Hernán, a quien conocí en Santiago de Chile. El nos llevó al japonés que estaba de muerte y espero que podamos verlo de nuevo en Bogotá, antes de volvernos a Europa.

El último día, antes de irnos dimos un paseo por el barrio de Rimac. Fuimos por el día y me sorprendió mucho. De hecho fue uno de los barrios que más me gusto. No teníamos mucho tiempo para explorarlo por lo que me quedé un poco con las ganas de conocerlo mejor. Es un barrio que se encuentra al norte del centro, un poco descuidado pero con mucha vida y mucho color en sus casas.