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El cañón del Colca

Arequipa, aunque ya cerca de la costa con el Pacífico, está rodeada de montañas. Y no solamente de montañas altísimas sino que además uno puede visitar los cañones más profundos de toda América. Se pensaba que el cañón del Colca era el más profundo aunque luego se descubrió que el más profundo era su vecino cañón de Cotahuasi.

Visitar el cañón del Colca supone un viaje a pequeños pueblitos y aldeas, donde la gente se viste todavía con sus trajes típicos y trabajan la agricultura en las terrazas que diseñaron los incas quinientos años atrás. Todo el cañón está modelado por este sistema de terrazas, que también estaba en la Isla del Sol, y que permite trabajar la tierra en terrenos tan montañosos. Además de sus gentes y su cultura, la otra estrella son los cóndores que se pueden avistar por la mañana y al atardecer. Nosotros tuvimos la suerte de poderlos ver de cerca, pero en ese momento no tenía la cámara en mano, si no los prismáticos.

Nosotros fuimos hasta Cabanaconde, desde donde es posible adentrarse dentro del cañón. Es un gran desnivel por lo que la bajada te muele las rodillas y la subida te quita el aire por unas tres horas, especialmente con el sol matador que hay por las mañanas. Es un trecking que se puede hacer perfectamente en dos días pero nosotros lo hicimos en tres porque queríamos disfrutar más del cañón.

La primera noche dormimos en la aldea de Malata, en el único alojamiento regentado por Modesto. Modesto es natural del pueblo formado por las aldeas de Malata y Cosñirhua. Aunque no parecen tan chiquitos los pueblos, la verdad es que la mayoría de las casas están abandonadas y sólo quedan 60 habitantes. Solamente para las festividades de febrero el pueblo se vuelve a llenar. Modesto, natural del pueblo, cuando era niño hablaba sólo quechua y el español lo aprendió en la escuela. Ahora la escuela (sólo hay primaria) está a punto de cerrar y los niños ya no hablan quechua aunque todavía lo pueden entender a sus mayores.

Hace cinco años cuando todavía no había electricidad ni señal de móvil Modesto inició una propuesta turística de alojamiento y servicio de comidas a los excursionistas que llegan a Malata. Modesto lo hace prácticamente sólo pues sus hijos están con su señora en Arequipa, algunos estudiando la secundaria y otros ya trabajando. Sus hijas mayores hablan inglés y le han servido de gran ayuda para organizar estancias vivenciales de una semana o diez días en su casa para turistas.

Además ha montado un pequeño museo donde el te explica con mucha ilusión las herramientas que se han usado allí en las casas para moler el maíz, hilar y tejer, los aperos del campo. Tiene animales disecados y muestra trajes típicos que ahora se usan en las festividades del pueblo para los bailes en la plaza.

 

Tras pasar nuestra primera noche en el cañón nos dirigimos a Sangalle, donde está el Oasis. Se le llama así porque brota de la tierra agua caliente y con ella han instalado unas piscinas en las que circula el agua continuamente. Además se benefician de un microclima por lo que era perfecto para pasar un día de descanso con sol y mucha agua.

 

Tras el descanso en el oasis nos tocó al tercer día ascender el cañón hacia Cabanaconde. La subida se tornó muy dura con el sol, pero recompensaba de alguna manera el bello paisaje. En Cabanaconde pudimos descansar y ver los preparativos de la Semana Santa. Allí hay también un hostal muy bonito y tranquilo, el Pachamamma, donde además preparan unas pizzas bien ricas.

 

Y el cuarto día fue el día de regreso. De nuevo pudimos avistar cóndores, admirar las terrazas incaicas y bañarnos en las termas de Yanque antes de pegarnos una buena comilona en Chivay. Y ya de vuelta en Arequipa.

Arequipa

Nuestra primera etapa en nuestro recorrido por Perú fue la ciudad de Arequipa, la segunda ciudad más grande del Perú. Cuando uno entra en Perú desde Bolivia ya percibe los distintos grados de progreso de cada país. Arequipa que en cierta manera nos ha recordado a Sucre, nos ha gustado muchísimo. Tiene un centro realmente bello y da gusto pasear por la su centro histórico.

 

Los peruanos que hemos encontrado hasta ahora nos han parecido sumamente amables. No es que no lo fueran en los otros países que hemos visitado, pero en Perú nos ha sorprendido. En parte porque muchas personas nos estaban avisando que en Perú le sacan a uno el dinero por todo. A diferencia con Bolivia, tienen muchos más años de turismo masivo y eso se nota en las gentes de los lugares turísticos que intenta sacar buena tajada del turista. A nosotros no nos ha parecido exactamente así. Sí en cambio el nivel de calidad del servicio nos parece algo deteriorado en cuanto a las agencias que ofrecen tours, no ofrenciendo un buen nivel de calidad y tampoco importándoles mucho ante la gran demanda siempre creciente.

Una de las cosas que más ganas teníamos era probar la comida peruana, pues con la boliviana estábamos un poco cansados. La gastronomía peruana goza de mucho prestigio en el resto de Sudamérica y espero que también entre pronto en España. Hasta el momento no nos ha decepcionado y además de haberla disfrutado mcuho las raciones son generosas.

Entre otras cosas nos ha gustado mucho la batida de quinoa, que quiero aprender a cocinar, los rocotos rellenos, el ceviche y los anticuchos. Una especialidad que llama la atención es el cuy, que nosotros conocemos como conejito de indias. La carne es sabrosa, se parece a la del conejo pero es más tierna y jugosa, y tampoco tiene grasa. Dicen que tiener un gran aporte nutritivo, pero hay que saber que lo sirven enterito, enterito, con su cabeza y todo. Lo hacen así para que uno compruebe que está realmente comiendo cuy y no una rata o cualquier otro roedor. Nicola no sabía esto y casi se cae para atrás cuando ve el animal entero en el plato.

El convento de Santa Catalina

Este convento es una de las grandes atracciones culturales de la ciudad. Abarca una gran extensión y dentro de sus muros se presenta como un pequeño pueblo dentro de la ciudad. En un principio este convento albergaba soalmente a monjas provenientes de familias muy ricas de España, que debían pagar una dote y destinaban una suma de dinero a construir la celda de su familiar (entiéndase celda como mini apartamento de la época). Así a más dinero invertido, mayor y mejor la celda. Cada monja contaba con una criada que vivía con ella en la celda o miniapartamento.

No soy muy fan de conventos pero este realmente merece la pena visitar. Cada año lo pintan con colores naturales, así el color rojo que se ve es de arcilla. El otro color predominante es el azul que sinceramente no sé de donde viene. La visita es larga y es literalmente como pasear por un pueblito.