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Ruta por los valles Cachalquíes

El jueves llegué por fin a Salta, donde me iba a encontrar con Nicola. Y al día siguiente llegaba ya al mediodía. Empieza una nueva etapa del viaje. Ahora iré acompañado hasta que me toque volver a España en junio y tanto la manera de viajar como el tipo de experiencias que voy a tener va a ser muy diferente.

Tras pasar un día por la ciudad, a la que llaman Salta la linda. Es una ciudad arquitectónicamente mucho más interesante que las otras ciudades argentinas que he visitado, pero personalmente tampoco es que nos haya parecido tan bonita. Lo que yo tenía ganas de ver eran los alrededores de la ciudad así que nos dedicamos también a tantear la posibilidad de alquilar un coche por unos días para irnos de paseo por los valles cachalquíes, donde se encuentran los pueblos de Cafayate y Cachi.

En el hostel conocimos a Jana y Linoi, de Israel y les preguntamos si querían venir con nosotros. Dijeron que sí y ya nos preparamos para salir el domingo por la mañana. El viaje iba a ser más barato pero también iba a ser mucho más divertido en su compañía.

Solamente había un problema y es que había llovido mucho en la región, igual que en Ischigualasto y en San Juan. Algunas de las carreteras que queríamos hacer eran más bien caminos de tierra que se podrían hacer impracticables y peligrosos para un turismo tan bajo como el que nos alquilaban. Así que salimos un poco ansiosos con lo que nos íbamos a encontrar y si íbamos a tener problemas.

Día 1. De Salta a Cafayate.

Salimos por la mañana un poco cansados, pues nos habíamos ido todos a dormir un poco tarde. Yo estaba muy expectante con el paisaje que íbamos a ver. Primero nos acercamos a ver el dique de Cabra Corral.

Después nos adentramos ya en la Quebrada de las Conchas, donde nos encontramos con estos paisajes.

La garganta del diablo.

El anfiteatro.

Y más paisajes espectaculares antes de llegar a Cafayate, pueblo muy conocido por sus vinos, especialmente el vino blanco torrontés que pudimos probar esa noche en el hostel.

Día 2. De Cafayate a Cachi.

Antes de dirigirnos a Cachi teníamos intención de ver las ruinas de Quilmes pero nos avisaron que no nos iba a dar tiempo, pues debíamos conducir por una carretera de tierra muy mala. Menos mal que seguía sin llover y no encontramos barro.

En Cafayate me encontraba de nuevo con la ruta 40 y en este caso la carretera estaba en muy peores condiciones que la última vez. De hecho no había transporte público que cubriera ese tramo. El trayecto empezaba con la Quebrada de las flechas. El paisaje resultó ser muy diferente y lo iba a ser también del día siguiente.

Unos paisajes que quitaban el hipo y la carretera atraviesa pueblos muy pintorescos y también hay que decirlo, en algunos casos muy pobres. Uno tenía la sensación ya de estar en Bolivia.

Por el camino paramos en San Carlos, donde hemos comido las empanadas más ricas hasta el momento. ¡Ay qué manjar! Y por la tarde ya descansamos en Cachi, dicen el pueblo más bonito de este valle. A nosotros no nos impresionó y dejamos nuestras energías para el día siguiente.


Día 3. De Cachi a Salta.

El camino empezó recogiendo a una señora que nos pidió que la lleváramos a su pueblo, a unos diez kilómetros de Cachi. La señora no se cortó y enseguida nos empezó a contar su vida y cómo creía fervientemente que el Divino Niño, la había curado de un cáncer. La señora fue muy amable y muy simpática y resultó interesante ver como el catolicismo se mezcla con otro tipo de creencias.

Tras dejarla en su casa atravesamos el Parque Nacional de los Cardones. Un parque nacional que no tiene ni senderos ni centro de interpretación o visitantes, sólo una carretera que lo atraviesa.


Luego llegamos a la Cuesta del Obispo, que a nosotros nos tocó en bajada.

Y a la Quebrada del Escope, antes de volver a Salta donde descansar antes de partir a Jujuy.