Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Tag: cartagena de indias

Lo Struzzo di Cartagena

Puesto que yo me fui a la Ciudad Perdida sólo y Nicola se quedó en Cartagena unos días, he invitado a Nicola a escribir un post en italiano también en honor a todos los seguidores italianos del blog. ¿Qué hizo mientras yo me dejaba las piernas en la montaña? El lo cuenta.

E mentre l’avventuriero Jesús si destreggiava tra tribù Arsarios, Kancuamos e Koguis, l’ impavido Nicola rimaneva a Cartagena a combattere contro un nemico molto, ma molto, ma molto più grande:

I 40° CHE PER VENTIQUATTRO ORE AL GIORNO PIEGANO LA CITTA’.

Ammetto che magari una affermazione del genere potrà sembrare esagerata, ma in questo caso vi assicuro che non lo è. Le strade di Cartagena sono torride e afose, i suoi abitanti resi senza energia passano gran parte del giorno a ripararsi dal sole assassino con conseguente stile di vita lento e senza fretta (cosa che per me, abituato al modus operandi napoletano, non è stata così difficile da accettare).Tuttavia il fascino particolare e decadente della città è strettamente legato proprio al fattore climatico: le antiche case di Getsemaní  si sviluppano tutte attorno a un grande patio centrale, dotato di tavolo, sedie e persino televisione all’aperto (tanto non piove mai) e la rilassatezza dei cartagenesi stremati dal calore diventa così una filosofia di vita per affrontare non solo la quotidianità ma anche la loro stessa esistenza.

Dopo questo presupposto socioambientale, capirete perchè nei cinque giorni che sono rimasto al Mama Waldy Hostel le mie attività turistiche si siano ridotte veramente all’osso: un paio di brevi passeggiate nel centro storico e un tentativo (rapidamente abbandonato) di visitare l’antica fortezza della città sono le attività più dinamiche che mi vengono in mente.Al contrario, mi sono goduto l’ambiente familiare dell’ostello e la piacevole compagnia dei miei momentanei coinquilini e del proprietario Germán; giacchè condividiamo la passione per l’illustrazione, dopo aver visto il mio quaderno di schizzi quest’ultimo mi ha proposto di fare un disegno su una delle pareti dell’ostello: dopo due giorni armato di pennelli e ventilatore, finalmente “è nat’ a criatur” che spero rimarrà per qualche tempo a ricordo del nostro passaggio per quella gran bella città che è per me Cartagena (e che chissà, che magari rivedrò dal vivo entro qualche annetto!)

Approfitto del mio piccolo spazio di Special Guest Writer per ringraziare tutti i lettori italiani del blog, che nonostante la barriera della lingua hanno seguito per tutti questi mesi i racconti di questo viaggio, che confermo essere stato una esperienza unica e speciale che per certi versi mi ha aperto la mente e mi ha cambiato molto.Suggerisco a tutti voi, se tra un impegno e l’altro ne avrete modo, di partire all’avventura almeno una volta nella vita per poter intendere in prima persona il vero senso della parola viaggiare, giacchè la maggior parte delle sensazioni che ho provato sono impossibili da descrivere a parole.Ciò che invece posso dire con sicurezza è che non smetterò mai ringraziare Jesús per aver fatto nascere in me il desiderio di seguirlo e per aver accettato di condidere una esperienza tanto personale con me, perchè non avrei potuto avere persona migliore con cui vivere uno dei ricordi più belli della mia vita.
Mancanza di cucina italiana a parte, ovviamente.
Nicola

Playa blanca, en la isla de Barú

Estábamos en Cartagena y no podían pasar unos días sin ir a la playa. Pero las playas de Cartagena no es que sean las playas que uno se imagina cuando piensa en el Caribe, había que moverse un poco. Queríamos ir a Playa Blanca en la isla de Barú, que formar parte del archipiélago de las Islas del Rosario.

Playa Blanca ha sufrido una gran transformación en los últimos años. Ha pasado de ser un lugar poco conocido y poco explotado a uno de los mayores atractivos turísticos de Cartagena. Por suerte, la mayoría de los turistas paran allí un par de horas, como parte de un tour en barco que los deja al mediodía para comer y bañarse. Todavía no hay grandes servicios pues no llega la luz ni el suministro de agua y eso quizás la salve un poco, aunque ya desde la playa se divisan grandes resorts a poca distancia, y van más en camino. Alojamientos hay pocos pero ya esta lleno de restaurantes que sirven almuerzos a precios bastante caros. A estas horas del mediodía lo mejor que uno puede hacer es retirarse a dormir una siesta o irse a la parte más alejada donde hay chiringuitos y todavía se puede estar tranquilo.

Si todavía merece la pena ir a esta playa es por los momentos que uno puede disfrutar por la mañana temprano y al atardecer, cuando la playa está casi vacía y se puede disfrutar casi como se disfrutaba hace unos veinte años, cuando sólo estaba el restaurante y alojamiento de Mamma Ruth. Alojamiento entre comillas pues lo que ofrecen son unas hamacas a pie de playa. No hay muchas comodidades pero pero cuando uno se despierta sólo tiene que andar unos metros y ya estás en el agua calentita y cristalina. Y por suerte este alojamiento está un poco más apartado y lejano de las marabuntas, por lo que incluso al mediodía se puede estar un poco más tranquilo

Y es que por la mañana el agua está super tranquila, apenas hay olas y se ven muchos pececitos alrededor de los pies. Todavía no han llegado los barcos ni los vendedores ambulantes. El agua es azul turquesa y tienes toda la calma del paisaje para ti mismo.

 

Por la tarde sucede el mismo momento mágico de la mañana. Los turistas se han retirado y los trabajadores locales aprovechan un momento de descanso antes de que llegue la hora de cocinar las cenas para relajarse y tomar un baño. Las gentes cambian y la atmósfera también. El agua están bien calentita, como si fuera la de una bañera.

Y por la noche llega el momento mágico. Bañarse a la luz de la luna en Playa Blanca es un momento inolvidable. Además el plancton del agua crea un efecto mágico, pues al mover el agua se crea un efecto de luz que sigue a tus extremidades en movimiento como una estela. Pero de eso sí que no se puede sacar fotos.

¡Objetivo cumplido!

Mi objetivo del viaje incluía ya la idea de recorrer el continente sudamericano de sur a norte. Desde Buenos Aires partí a uno de los puntos más australes del mundo, a Ushuaia en la Tierra del Fuego. Y desde allí he conseguido llegar hasta el punto opuesto, al mar Caribe con sus aguas paradisiacas y cargadas de historias de bárbaros conquistadores españoles, expólios a pueblos indígenas y románticas historias de piratas. Un trayecto que me ha llevador alrededor de seis meses: mucho tiempo pero al mismo tiempo nada comparado con lo que se necesitaría para conocer los países andinos que forman el continente. El viaje lo empecé sólo pero he llegado al final acompañado. Y aunque en un principio fue una idea sólo mía los sueños e ilusiones son mucho más bonitas y llenan más cuando se comparten con una persona tan importante.


Cartagena de Indias

Llegar a la costa caribeña supone empaparse de colores, de un ritmo de vida totalmente diferente al del interior  y sobre todo de muchísimo calor. La humedad en esta parte del Caribe es muy alta por lo que nosotros nos sentíamos totalmente anulados hasta el final de la tarde, cuando ya nos sentíamos capaces de salir del hostal e ir a pasear por la ciudad vieja.

Nosotros llegamos al hostal Mama Waldy, un hostal bastante nuevo en el barrio de Getsemaní llevado por Germán y su familia. Son muy simpáticos y muy hospitalarios, y a uno le entran ganas de quedarse más tiempo por el buen rollo y la familiaridad que se respira en el hostal. El barrio donde se situa forma parte del casco histórico de Cartagena, aunque está fuera de la zona restaurada. Hasta hace unos años era un barrio peligroso aunque ya ha dejado de serlo gracias a la gran presencia de hostales y pequeños restaurantes. Y todavía se puede ver vida de barrio en el lugar, algo que se ha perdido totalmente en la parte colonial restaurada.

La parte colonial no nos gustó mucho pues nos ha resultado bastante impersonal. Está llena de hoteles y restaurantes caros, las artesanías también están infladas de precios y las tiendas de marcas de lujo tienen una gran presencia. Es muy bonito pasear y perderse, especialmente al atardecer y principio de la noche, cuando la gente disfruta de sus plazas y las terrazas de los restaurantes están llenas. Sin embargo, a nuestro parecer esta joya colonial no ha dado tanto como esperábamos.

Cartagena tiene otro lado, la que nosotros bautizamos como Miami beach. Y es que cerca de la parte colonial, hay una península que da a la bahía llena de edificios horribles de apartamentos y hoteles de dudoso gusto arquitectónico. Y encima la playa allí no es que sea muy bonita y limpia. Nosotros lo visitamos de paso, pero vamos que no se nos había perdido nada allí.

Sin embargo, por estas palabras podría parecer que Cartagena no nos has gustado mucho, todo lo contrario. Lo que nos cautivó de Cartagena no han sido sus “atractivos turísticos” si no su gente, la simpatía, el ritmo de vida tropical que se respira. Hay una magia allí que te atrapa. A mí solamente me sacó las ganas de ir a la montaña en la sierra de Santa Marta pero Nicola se quedó unos días más para un proyecto artístico. La verdad es que el podría decir mucho más de la ciudad, a ver si lo convenzo para que escriba algo.