El martes por fin moví un poco el culo y tomé un bus a Valparaíso, capital cultural de Chile y que queda tan solo a dos horas en bus de Santiago. Lo primero que pensé cuando salí de la estación es que Valparaíso es una ciudad mágica y que se mueve a un ritmo muy diferente a cualquier otra ciudad que he visto antes. Era lo más parecido a mi imaginario de lo que sería una ciudad sudamericana. Mucha gente en la calle, muchos puestos de comida, mercado de frutas y verduras al aire libre, cierta decadencia en los edificios antigüos, mercados abarrotados, olores fuertes a carne y a pescado, un ritmo pausado dado por el verano y mucho color.

En Valparaíso he tenido mi primera experiencia con el couchsurfing propiamente dicha. En Buenos Aires ya conocí a gente pero no me quedé en ninguna casa, y hasta ahora todos los contactos habían venido por las relaciones personales. Unos días antes empecé a contactar gente por la página web y tuve la suerte de que Lesly me respondiera. Así que tras mi primer paseo la tarde del martes fui a encontrarme con ella cuando salió de su trabajo en la plaza Victoria. Debo reconocer que estaba un poco nervioso pero enseguida fue bien y Leslie me llevó de bares por el centro y después de tomar varias cervezas en muy variopintos bares, acabamos matando el hambre con una inmensa chorillana. Y es que hay que apuntar que los chilenos son un poco brutos con la comida. La chorillana consiste en un plato gigante de patatas fritas, cebolla, trozos de ternera y chistorra.

No era nuestro caso pero también puede llevar huevo. Y esa tarde había comido un completo gigante (un pedazo de bocata con salchichas frankfurt, un picadillo de tomate, aguacate aplastado y mayonesa. Después de eso estábamos ya para el arrastre así que fuimos para su casa y enseguida caí rendido en la cama que me dejo. Por desgracia Lesly y yo no tuvimos mucho tiempo para pasar juntos, pues al final eran dos noches y ella tiene que trabajar para ganarse el pan. Pero el tiepo que pasé con ella fue muy agradable y me gustó mucho conversar con ella. Yo a cambio cociné para ella una cena y aún pudimos vernos mi último día durante su hora del almuerzo.

El resto del tiempo lo pasé paseando por las montañitas que tiene la ciudad y disfrutando de las vistas y de la gran cantidad de murales que decoran sus calles. Y es que uno percibe el espíritu artístico y bohemio de la ciudad en cada uno de sus rincones. Los tres días pasaron como si nada subiendo y bajando los cerros, tomando los ascensores, mirando a la gente pasar desde los bancos de las plazas y disfrutando de sus bares y cafés.

El último día a pocas horas antes de volver para Santiago conocí a Miguel, sevillano que trabaja en la producción de la compañía de danza Mopa que está de gira por Chile. Miguel se había escapado y dejado su compañía en Santiago para conocer la ciudad y verse con unos amigos que estaban actuando en un festival de teatro de Valparaíso. Fue una gran casualidad que nos conocieramos, pues Miguel había estado leyendo este blog pocos días antes de partir, en concreto la entrada sobre Tierra de Fuego. Al final acabamos comiendo juntos con Lesly y luego me llevó al teatro donde estaban sus amigos. Desde la terraza del teatro se veía la casa de Neruda, y contemplamos las vistas del puerto desde donde Neruda se tomaba los tragos con los amigos.