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El circuito del Azul

Los últimos días en El Bolsón los dediqué a hacer una excursión de tres días durante los cuales acampé de nuevo en la montaña, en medio del bosque. La noche antes de mi partida conocí a Abdel y Geraldine, dos simpáticos franceses. Abdel vive en Argentina desde algo más de un año y Geraldine vive en Canadá y está de viaje por Argentina más o menos un mes. Ninguno de nosotros nos conocíamos pero enseguida me sentí muy a gusto en el grupo. Fue muy interesante hablar con ellos además de que practiqué bastante mi francés durante los tres días que pasamos juntos.

Estaba bastante emocionado de nuevo con la excursión, y aunque mi idea inicial era la de dormir en los refugios, me uní a la idea de acampar de nuevo, tal como hice en las Torres del Paine. De alguna manera me confié, pensé que el tema de la mochila no sería ningún problema después de haber pasado lo que pasé, pero no contaba con que esta vez el sendero podría ser más difícil, por lo que no me preocupé mucho en hacer la mochila ligera, además eran sólo tres días.

1º Día: Hielo Azul

El camino no era difícil, pero era en subida todo el tiempo y era más largo de lo que pensaba. Yo llevaba mucha comida conmigo, además de todo el equipo de camping. Hacía calor y un ejército de tábanos disfrutaba del maravilloso olor que despedía el protector solar. Al final la espalda me dolía mucho y moría de ganas por llegar al Refugio del Hielo Azul.

Igualmente como ocurre al principio de estas cosas la ilusión y las ganas pueden con todo, lo único que había algo de ceniza, que están despidiendo un par de volcanes chilenos y que afecta bastante a Argentina. La zona de El Bolsón no se ve realmente afectada pero algún día se enturbia un poco la vista.

Al final de la tarde llegamos por fin al refugio donde a uno le reciben con una gran amabilidad. El lugar era muy bonito y al final acampamos en un bosque, al pie del Cerro Hielo Azul y el glaciar Hielo Azul. Cocinamos una rica pasta e hicimos un fuego para calentarnos.

2º Día: Glaciar Hielo Azul y Lago Natación

Nos levantamos bastante temprano pues teníamos un largo día por delante. Antes de continuar con la ruta queríamos subir a ver el glaciar Hielo Azul, que menos mal lo podíamos hacer sin mochila. Había que hacerlo temprano además, pues había nieve en el camino y había que aprovechar las primeras horas de la mañana cuando no estuviera muy resbaladiza. Por suerte además, no había cenizas.

Tras bajar de nuevo al campamento donde habíamos dormido, desmontamos la tienda de campaña y nos pusimos de nuevo en marcha hacia el próxio refugio donde haríamos noche. Por suerte, tras la copiosa cena la mochila pesaba mucho menos y ya era llevadera. Había que subir bastante poco pero por el contrario teníamos por delante muchas horas en bajada, algo no muy agradable para las rodillas.

Pasamos por el Refugio Natación, que toma su nombre del lago que tiene enfrente.

Después del lago empezaba la bajada dura. Los cruces en algunos arroyos no estaban tan bien habilitados como otros. De hecho, había que cruzar por algunos troncos un tanto estrechos, que sin barandilla y  con una gran mochila en la espalda, yo me veía chapoteando en el agua.

Luego las vistas sobre el valle quitaban el tembleque:

Una vez habíamos descendido al fondo del valle, por el que discurre el río Azul, empezaba la garganta conocida como El Cajón del Azul. Las aguas eran super claras y a uno le apetecía bañarse aunque estuviera super fría el agua.

Al final llegamos al Refugio del Cajón Azul, un lugar fantástico donde uno se quedaría todo el verano. Te reciben con un mate o con un té, venden pan casero, mermeladas, queso… todo hecho por ellos. Disponen de su propia huerta y el lugar de acampe es fantástico.

Esa noche hizo su aparición Mario, un amigo de Abdel que tendría que haber venido pero como llegó tarde a El Bolsón hizo una ruta alternativa para llegar al refugio. Esa noche hicieron un fuego mejor que el que yo había hecho la noche anterior, y aunque cayeron algunas gotas pudimos cenar ricamente y tomar al lado del fuego un poco de fernet y chocolate.

3º día: Vuelta a casa

El tercer día por la mañana subimos hacia el refugio de el Retamal. Por el camino pudimos ver la formación de El Cajón Azul, realmente muy impresionante.

Una vez llegamos al refugio tomamos unos mates con la encargada de mantener el refugio, una berlinesa que vive en El Bolsón. De allí subimos al mirador de los vientos. El tiempo no era tan bueno como los días anteriores por lo que las vistas no eran tan buenas tampoco.

Una cosa que me ha llamado la atención, es la carterlería en los lugares de montaña en Argentina. De alguna manera son más humanos de los que tenemos en España. No se limitan sólo a indicar las direcciones si no que te dicen cuando falta poco para llegar a algún sitio o te invitan a disfrutar de la naturaleza.

Luego ya tocaba la retirada. Aún nos llevó horas llegar hasta la cervecería Warton, donde terminaba el camino. Mientras esperábamos a que un remis nos viniera a buscar para llevarnos a El Bolsón disfrutamos de un zumo de manzana natural.

Luego por la noche al llegar al camping nos pegamos un buen asado que se alargó hasta las 3 de la madrugada. ¡Mi cuerpo estaba cansadísimo pero al menos tenía el estómago bien lleno de carne asada!

El Bolsón

Después de El Parque de los Alerces tomé un bus hacia la famosa localidad El Bolsón, una ciudad calificada de hippy, muy cerquita de San Carlos de Bariloche. El Bolsón goza de un microclima que la hace propicia para el cultivo de fresas, frambuesas y cerezas, por lo que son grandes productores de mermeladas. Sus heladerías artesanales, son también increibles y abundan los sabores de diferentes frutos del bosque. Aquí ya hace mucho más calor que el que hacía en El Chaltén y en Ushuaia por lo que los helados son mucho más apetecibles y ¡también me estoy poniendo bueno de fresas y cerezas!

Por la zona ha tenido mucho auge la permacultura y es evidente que cuando uno pasea por las calles cuanto valorar el preservar el entorno natural del valle. También hay un mercado de artesanías y productos caseros, y en general, se ve más perroflautas que la media.

El paisaje en los alrededores de El Bolsón es increible. Está rodeado de montañas, ríos y cascasdas, por lo que las posibilidades de excursionismo son enormes.

Esta es la cascada escondida, a pocos kilómetros de El Bolsón.

Tampoco he tardado en lanzarme a subir algunos de los picos. En concreto he subido al pico Piltriquitrón desde el que se disfrutan estupendas vistas.

En el refugio que queda cerca al pico conocí a Yolanda, Nicolás y Martín. Yolanda es una española que ha vivido ya por un tiempo en Argentina y que está de viaje por Sudamérica también, y se vino acompañada a El Bolsón por su amigo de Buenos Aires Nicolás, que va a formarse en parmacultura. Venían acompañados de Martín, un francés-argentino que siempre está contanto bromas y con el que es imposible aburrirse. Me reí mucho con ellos y al final me uní con ellos para cenar en un restaurante donde comí algo típico de aquí: trucha.

Así se ve el pico desde el camping donde me alojo:

He sido de nuevo afortunado con el tiempo. Al volver de El Parque de los Alerces paré en Lago Puelo, un famoso lago al lado de El Bolsón. Me habían recomendado encarecidamente ir allá, y que acampara. Al final no fue tan gran cosa, es un sitio muy bonito para ir cuando hace sol y calor y a uno le apetece bañarse, o para hacer un asado. Yo pillé mal tiempo y era bastante deprimente. Por suerte en El Bolsón sonrío el sol, y mañana jueves subiré de nuevo a la montaña para hacer una excursión de tres días.

No era gran cosa, pero el bosque que había al lado del camping era como el de un cuento de hadas.

Espero que las cenizas de los volcanes no lleguen estos días, el martes taparon todo el cielo y era imposible de divisar las montañas que rodean a la ciudad.