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Tag: el chalten

Ocho meses y medio por Sudamérica

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En la carretera

En estos dos meses que llevo de viaje no sé cuantas horas habré pasado sentado en un bus. Cuando fui de Buenos Aires a Trelew y de allí a Punta Arenas, pase como unas 20 horas seguidas en cada trayecto. No fue tan mal como pensaba pues los asientos cama eran cómodos y pasaban muchas películas. Además estaba fascinado por el paisaje patagónico estepario.

De Punta Arenas a Ushuaia también pasé de nuevo todo un día en el bus contando que esperamos más de una hora por el ferry y luego perdimos mucho tiempo en el puesto fronterizo chileno. Además la isla de la Tierra de Fuego es inhóspita, no tiene nada. Solo pampa desértica con corderos magallánicos. Solamente hacia el final donde los Andes se levantan el paisaje cambia tomando este aspecto. Pero el peor viaje de todos fue desde Ushuaia a El Calafate. Había que pasar cuatro puestos fronterizos: el bus sale de Argentina, cruza un poco de Chile con ferry y su espera incluida, para volver a entrar en Argentina. La burocracia más inútil del mundo.

Al dirigirme a El Calafate estaba entrando en la legendaria ruta 40 argentina, casi tan legendaria como la estadounidense 🙂

Es una carretera que recorre Argentina de norte a sur al costado de la cordillera de los Andes. Por algunos tramos no está asfaltada, es sólo una pista de tierra, aunque poco a poco hay más tramos asfaltados y especialmente en verano, hay más circulación de buses. Igualmente uno tiene la sensación de estar en medio de ninguna parte. Son kilómetros y kilómetros sin poblados, con solamente pampas alrededor. Un paisaje realmente inhóspito.

(Para ir a El Chaltén había que desviarse, pero se podría decir que el paisaje es más o menos el mismo e igualmente se tenía sensación de estar muy lejos de la civilización)

 

Esquel

El sábado por la noche llegué a Esquel, después de haber estado viajando 20 horas por la ruta 40 desde El Chaltén. Había recorrido el tramo de la carretera que estaba sin asfaltar y que estaba más aislado, pues apenas pasamos por unos pocos pueblos en todo ese tiempo.

Esquel es una bonita localidad en la provincia de Chubut, todavía en la patagonia. Sin embargo en esta región se produce un punto de inflexión en el paisaje. Se pasa de la estepa patagónica al bosque andino propiamente dicho.

Aquí estoy haciendo una parada de un par de días para descansar y retomar fuerzas. Me alojo en un hostel en el que soy el único cliente, así que tengo la cocina y el ordenador sólo para mí. En la habitación estoy sólo por lo que es el lugar perfecto para descansar y retomar fuerzas. El martes me dirigiré al Parque Nacional de los Alerces, donde tengo intención de acampar algunos días y hacer varias excursiones, por lo que el parón está justificado.

 

El Chaltén

Después de haber podido descansar ocho horas en varios días, desayuné y me levanté de nuevo temprano para ir a la estación de buses de El Calafate. Había comprado un bus desde El Chaltén a Esquel (donde estoy ahora) para dentro de dos días, lo cual sólo me dejaba dos días en El Chaltén. Quería cambiar la fecha del billete pero no tenía la seguidad de poderlo hacer, por eso tenía que ir de todas maneras a El Chaltén cuanto antes. Por suerte pude cambiar la fecha, lo cual ya me dejaba tranquilo, iba a poder disfrutar de la capital del treking argentina unos cuatro días.

Llegué a El Chaltén por la tarde y me instalé en uno de los campings. Mis ganas e ilusión eran tales que no me importaba no estar tan cómodo como en un hostel y además es un pueblo caro, pues está bastante aislado de todo. Igualmente pensaba dormir en los campamentos de la montaña como una o dos noches y así me iba aclimatizando de nuevo.

El tiempo era estupendo y desde el pueblo se divisaban los picos Fitz Roy y Cerro. Dos montañas imponentes por sus paredes verticales rodeadas de glaciares que son uno de los mayores desafíos para los escaladores de todo el mundo. El Chaltén se encuentra también en el Parque Nacional de los Glaciares, pero en el otro extremo. Hay que decir que el parque es gigantesco pues cuenta con 7.240 kilómetros cuadrados.

Ingenuo de mi no les saqué muchas fotos. Mal hecho, al día siguiente amaneció nublado. Una gruesa capa de nubes formadas por los vientos húmedos del Pacífico ocultaban toda la vista. ¿Cómo era posible? Fui al centro de visitantes del parque a informarme de las excursiones y daban mal tiempo para los próximos días, y lluvia para ese. Así que me quedé en El Chaltén el primer día, viendo pasar las horas en el camping casi vacío.

Por suerte me encontré por la tarde a Or, un israelita que había conocido en el hostel de El Calafate. Queríamos hacer el mismo treking y decidimos hacerlo juntos al día siguiente. Amanecimos de nuevo con un cielo gris y nos dirigimos hacia la Laguna de los Tres, frente al pico Fitz Roy.

Evidentemente no veíamos la montaña que había que ver tras el lago, sólo vemíamos roca, agua y hielo. ¡Qué gran frustración!

El tiempo fue inclemente con nosotros y cuando llegamos al lago un viento helado nos venía de frente y mientras bajábamos al campamento donde íbamos a hacer noche, empezó a caer nieve.

Esta vez había alquilado un camping gas por lo que pudimos hacer té caliente y un arroz con legumbres que nos sentó estupendamente. A las 21 ya nos estábamos yendo a dormir, era imposible estar fuera, aunque el campamento estuviera en el bosque, al refugio de los árboles. Cuando nos despertamos el jueves, el segundo día del treking, seguía nevando y las montañas seguían cubiertas. No se podía ver absolutamente nada.

Así que tristes y resignados cambiamos de valle para dirigirnos a la Laguna Torre, a los pies del monte Cerro. Tampoco pude verlo ese día y volví a El Chaltén apesadumbrado, cansado y con frío.

Me cambié del camping a un hostel, era mi última noche y quería descansar. Además mi saco y mi tienda estaban mojados y quería secarlos. Coincidía que el jueves era el día de Acción de Gracias estadounidense, y había unas chicas californianas que cocinaron un montón de comida y me invitaron a su pequeño banquete. Hice un poco de vida social, que necesitaba tras la solitud en el camping y dormí como un bendito.

El último día en El Chaltén, el viernes, me lo tomé más tranquilo y junto con un compañero de habitación, un policía de Buenos Aires, hicimos una pequeña excursión a una cascada cercana y a una pequeña loma para tener una vista de la zona. ¡Además pudimos ver cóndores!

Y entonces por fin el cielo se abrió, de despejaron las nubes y las dos fabulosas montañas se mostraron. Las había tenido bien cerca y no las había podido ver, sólo entonces desde la lejanía que brindaba la posición del pueblo las podía mirar por última vez.

Esa noche no iba a dormir mucho, el bus a Esquel salía a las 3 de la madrugada, por lo que tenía que esperar en el hostel y en la estación hasta el momento de partir. El viaje iba a ser de nuevo muy largo.