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Tag: Liquiñe

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La familia arco iris

La nochevieja me supo a poco. No esperaba ninguna gran celebración ni fiestorro, pero tampoco pensaba que me iría a dormir a eso de la una de la mañana. Pero yo no había ido a Liquiñe porque quisiera pasar una gran nochevieja, para eso me habríia quedado en Valdivia, si no que quería estar tranquilo en un lugar apartado.

Y el primer día del año iba a subir con los hippies, lo cual era todo una novedad en mi rutina viajera. Después de un desayuno copioso me puse en camino. Según me habían dicho Emilio y Lolo, tendría como unas dos horas de camino. Seguí sus indicaciones, y a pesar del fuerte sol del mediodía llegué a la casa del señor Noé. El encuentro era en el lago Ankacoigue que estaba en su propiedad. Así que tenía que ir a su casa para preguntar por las indicaciones finales. Tras una hora de confusión en la que estuve delante de una casa abandonada gritando Holaaaaaaaaaaaaaaa! varias veces, gracias a unos turistas vi de nuevo las señales que indicaban el camino y llegué a la bendita casa. Allí me recibió Tere, la esposa del señor Noé, que entre otros quehaceres vende quesos artesanos, huevos y panecillos riquísimos a turistas y a gente del pueblo que sube de propio hasta su casa. Así que tras un último descanso, me encaminé hacia la cuesta final y tras diez minutos más, llegué por fin al encuentro arco iris.

La familia arco iris

¿Qué era un encuentro arco iris? Yo realmente no tenía ni idea. No sabía si estaba llegando a un fiestón o a una reunión espiritual. Los encuentros arco iris se iniciaron en EEUU como hace 30 o 40 años y suelen tener lugar en verano y un encuentro dura el ciclo de una luna, desde que nace hasta que llega la luna nueva, casi un mes. En EEUU es algo más grande y más masivo. En Europa también hay varios y hay encuentros europeos. También los hay mundiales, de hecho ahora en febrero habrá uno en Brasil. Este en concreto era chileno y no se había publicitado mucho porque uno que hubo hace dos años atrajo a mucha gente que sólo quería hacer fiestón.

En el encuentro había un lago como ya he dicho, aunque nadie acampaba cerca de él. Hay también un fuego sagrado, lugar perfecto para reunirse o hacer actividades como bio danza. También había una cocina, pues la comida se comparte y se hacen dos comidas al día para todo el mundo. Un baño seco, un lugar para limpiar los platos, un lugar de reciclaje, un lugar para el compost, etc. Para ser un número tan grande, cuando yo estuve eramos cerca de cincuenta y después iban a venir más, el lugar estaba muy limpio y recogido. La organización funcionaba bastante bien, contando con que no había organización. La máxima era: Si ves una tarea, es tuya.

Pero lo que más destaca de un encuentro así, es que todo el mundo es fantástico. Todas las personas allí eran generosas, calurosas y muy cariñosas. Todos compartían además un gran respeto por la naturaleza y el lugar que había sido prestado para el encuentro. Uno al llegar, se encontraba rodeado de abrazos de bienvenida y personas dispuestas a ayudar. Los momentos de reunión estaban plagados de canciones, bailes, abrazos. Y los brotes espontáneos de amor y cariño eran bastante comunes.

La gente tenía además muchas ganas de compartir y aprender. Así que no era todo el tiempo estar tumbando, bañarse y tomar el té. Se organizaban talleres de permacultura, activiades de circo y teatro, yoga, terapias espirituales, etc

Cuatro días en el arco iris

Mi idea inicial era pasar una noche o dos, pero al final me gustó tanto que me quedé más tiempo, cuatro días. Me habría quedado más pero por un lado había dejado mis cosas en la casa de Israel y por otro lado estaba pasando un poco de hambre. No es que la comida fuera escasa, pero llevaba semanas en los que estaba comiendo mucha más comida de la que acostumbro debido a que estoy haciendo mucho deporte últimamene. Pero amaba el lugar y a la gente, y me sentía muy a gusto con la gente que conocí allí. De hecho cuando me despedí de todos ellos, me dio mucha penita.

Además de disfrutar con el fabuloso tiempo, el lago que tenía un agua fantástica por la noche y de la luz de las estrellas y de la luna creciente a la noche junto al fuego, participé en un taller de permacultura, en el que aprendimos la técnica de cómo diseñar un huerto circular con cama alta. Y lo que más disfruté fue una sesió de bio-danza, con música en vivo en torno al fuego sagrado bajo la luz de las estrellas. Fue un momento realmente mágico.

Durante todo este tiempo no estuve pendiente nunca ni del teléfono (pues no había cobertura), ni del reloj ni usé la cámara fotográfica, pues estar usando la cámara habría estado un poco en contra del espíritu arco iris. Así que solo tomé una foto del paisaje en la casa de Noé, desde donde se veía el volcán Villarrica y el volcán Lanín.

ñ í é ú ó á ¿

Liquiñe y sus aguas termales

Llevado entonces por las indicaciones de un holandés que conocí en el hostal de Valdivia y por mi intuición (en Panguipulli, pueblo donde debía cambiar de bus estuve a punto de irme a otro lugar) acabé en el pequeño pueblecito de Liquiñe, cuyo principal atractivo son sus aguas termales.

La primera noche di con las termas de Trafipán. Había por el pueblo otras termas muy turísticas y por lo tanto más caras, y yo quería buscar unas más rudimentarias. Estas termas consistían básicamente en una piscina al aire libre rellenada por medio de una manguera con agua caliente que brotaba de la montaña. También había unas tinas en una caseta, pero no tenían muy buen aspecto y no parecía muy limpio, así que quedaba sólo la piscina. No parecía gran cosa pero el señor me dejaba acampar al lado y disfrutar de la piscina por muy poco dinero. Y al atardecer, cuando se fue todo el mundo, la piscina estaría sólo para mí. Desde allí tenía vistas al valle, con un aspecto mágico debido a la nube de cenizas que inundaba el valle y por la noche uno podía estar mirando las estrellas mientras se nada en el agua bien calentita.

Después tuve la suerte de conocer al señor Israel, que lleva los circuitos turísticos en Liquiñe. Su casa está al comienzo del pueblo y permite a los viajeros acampar en su terreno por un precio muy economico. Esa noche iba a estar en Trafipan pero acordamos que al dia siguiente iria para su casa.

Y el dia me traería una ultima revelación. También conocí a Emilio y Lolo, dos estudiantes de Santiago que venían de un encuentro arco iris. Algo de lo que creía no haber escuchado antes todavía (luego verificaria que si me habían hablado de ellos). Al parecer la familia rainbow chilena se había reunido en un lago en lo alto de la montaña allí mismo en Liquiñe. Así que me dije, tengo que ir allá arriba a ver qué es eso. Ellos se volvían a Santiago el 30 de diciembre y yo pensé que el sábado podría ser un buen día y celebrar con ese grupo de personas la nochevieja.

En casa de don Israel

Al día siguiente, me fui de las termas de Trafipan a casa del señor Israel. El me llamaba a mí don Jesus, y nos tratamos de usted en todo momento. Me habló de su vida en el valle, de la cultura mapuche (pues el y su esposa son mapuches) y me invitaron a cenar un estupendo asado la tarde del 30 de diciembre. El tiempo fue estupendo y al anochecer nos sentamos alrededor del fuego a contemplar las estrellas mientras terminábamos el vino 120 que tanto le gusta.

Durante un día más disfruté de las aguas termales que brotan de las montañas de ese valle, esta vez sin tener que pagar por ello. Muy cerca de la casa de Israel una corriente de agua caliente desciende por la ladera. Muy al principio el agua salía ardiendo.

Pero un poco más abajo el agua estaba estupenda. Y en esta pocilla que se ve yo cabía perfectamente tumbado y mi cuerpo podía absorver todos los minerales que lleva el agua.

El señor Israel insistió en que me quedara la noche de fin de año con él y su esposa. Iban a celebrarlo con un asado de cordero. Los que me conocen saben que la comida es mi debilidad, así que no pude decir que no y retrasé la salida al encuentro arco iris un día. Los hippies podrían esperar ¿no? La noche de fin de año transcurrió con bastante tranquilidad. Hay que decir que a don Israel le gusta el vino y ya por la tarde empezamos a hincar el codo en compañia de lugarenos a los que me costaba entender. Nos acabamos el vino demasiado pronto y tuvimos que ir a por más antes de empezar con la cena. Israel estaba bastante afectado cuando empezo a preparar el fuego donde se cocinaría la carne y su esposa estaba ya dudando si íbamos a comer asado o no. La carne estaba lista a eso de las once (con la excecpcion del trozo que se quemó y el que no se cocinó) y después de la suculenta cena la modorra se adueñó de mi anfitrión y se quedo traspuesto mientras veíamos DVDs de cumbia chilena. Hablé un poco con su esposa, la senora Maria y me fui a dormir bastante temprano y con ganas de subir al lago y ver lo que me esperaba allí el primer día del año.

Israel y María

Uno pensaría que Israel lleva toda su vida en Liquiñe, pero de hecho no es así. Segun el me contó ya de joven ingreso en el ejército, y lo mandaron al sur, donde se construyó la carretera austral, en la época de Pinochet. Estando en el ejército Israel se formó en varios campos, entre otros tomó un curso de paracaidismo. Mas o menos con mi edad dejaría el ejército y se iría a Argentina a trabajar, a Bahía Blanca. Era la epoca Médem, cuando un peso argentino equivalía a un dolar. Pudo hacer mucho dinero y por suerte lo guardó en pesos chilenos, así que no se vió afectado por el corralito. Volvio a Liquiñe, donde vive en el terreno que ha heredado de la familia, al lado de su hermana y sus padres.  Por cierto, la hermana vende panes caseros, masitas y sopaipillas riquísimas. Y viendo que el futuro de la comarca esta en el turismo, ha dejado en segundo lugar su trabajo con la madera (aunque se sigue dedicando a ella en invierno) y en verano se dedica a realizar circuitos turísticos por la zona, a instalar turistas en su pequeño camping o terreno y a realizar pequeñas obras de artesanía.

María, esposa de Israel no desde hace muchos años, aunque se deberían conocer desde hace mucho tiempo, ha tenido que dejar Liquiñe como muchas otras mujeres del pueblo para ir a trabajar a la gran ciudad pues en el pueblo no se puede hacer nada en invierno. Ella en concreto a Santiago. Así pues ella pasa gran parte del año en Santiago trabajando, lejos de su casa y su marido. Y solo por las vacaciones, cuando la nieve se retira del valle vuelve a casa junto a su esposo. Cada año debe acostumbrarse a dejar su hogar y estar lejos de los que quiere.