Pingüino mochilero

Relatos de viajes

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Tag: mar

Salerno I

Desde que dí el viaje por terminado en cuanto a la bitácora se refiere he tenido el blog en pausa. El verano pasó rápido con los amigos, la familia y todas mis energías centradas en mi nueva etapa en Berlín. El verano en Berlín pasó rápido entre reencuentros, barbacoas, baños en el lago y búsqueda de un curso de alemán. Todavía no he enncontrado ningún trabajo y sigo buscando, pero no estoy ocioso. Desde septiembre voy a clase de alemán todos los días y tengo que decir que he mejorado bastante creo yo.

Han pasado tres meses y he sentido de nuevo la inspiración para volver a sentarme a escribir. Y puesto que es un blog de viajes está entrada habla de mi visita a Italia, en julio de este año. Y es que tuve la suerte, a las pocas semanas de volver de Sudamérica de conocer la tierra de Nicola: Salerno.

Doce días en Salerno dieron no sólo para conocer la capital de esta provincia de La Campania si no también para acercarme a otros lugares. Debo decir que saqué pocas fotos, y es que todavía se notaba el cansancio arrastrado de los dos últimos meses en Sudamérica, cuando ya las fotos me daban un tanto igual. Pero aún saqué algunas que pueden ilustrar lo que he visto.

Mi lugar preferido de todos los que ví es este:

Una playita del pueblo de Cetara que se llama Lo Sgarrupo, muy cerquita de Salerno y que se situa en la costa Amalfitana. El pueblo  es muy pequeño pero es una delicia para los ojos pasear por él y por sus calles tan típicas. Cetara como tantos otros pueblos de esta costa están como encajados en las montañas que caen directamente al mar. Esto supone que apenas hay espacio para playa y donde uno puede bañarse es en pequeñas calitas donde el agua es bien cristalina y está bien calentita en los meses del verano. En concreto para esta playa había que bajar por un camino no apto para todas las edades.

Una playa fantabulosa, y bastante tranquila pues al no ser tan fácil bajar hasta ella hace que no vaya tanta gente. Igual en junio o a principios de julio es mejor que en otros momentos del verano, pues pueden llegar demasiados barcos e incluso estos pueden ensuciar el agua. Esta era super clara y limpia, una gozada. Y lo mejor es ir desplazarse en moto, pues las carreteras son estrechas y llenas de curvas, y los coches muchos. Un motorino hace la vida mucho más fácil y siempre es agradable mirar hacia el mar desde el asiento de atrás con toda la brisa en la cara, y si el tiempo da para ello, pararse en medio de la carretera a tomar un granizado casero.

También descubrí un poco más de la costa Amalfitana en barco, para poder llegar hasta el turístico pueblo de Positano. A mí Positano no me gustó. Es un pueblo muy bonito de postal eso sí, pero nada más que eso. Además de caro y muy pijo, me pareció todo muy forzado y falso. Tampoco he visto mucho más pueblos, pero creo que Cetara y Vietri, sin ser tan espectaculares le dan mi vueltas a mi parecer. No serán tan bonitos y son igualmente turísticos, pero el aire que se respira en sus calles es distinto y te entran ganas de quedarte. El agua está más limpia pues no hay tantos barcos como en Positano y se está más a gusto en la playa. En todo el caso, el viaje en barco desde Salerno a Positano es bien bonito, y las vistas de los pueblos desde el mar, bien merece la pena.

Detras de estos pueblos tiene que haber unas excursiones en la montaña increibles, pero no se puede hacer todo. Quizás la próxima vez que vaya se puede hacer alguna excursioncita por la montaña.

***

Pero la provincia de Salerno tiene mucho más. Yo en concreto pude ver también un poco la costa de Cilento y el maravilloso pueblo de Agropoli. En Agropoli parece que la vida discurra muy tranquila y la gente resulta ser encantadora. Tiene una atmósfera particular, en la que parece que el tiempo no pasa. Se podría estar en los años 2010 o en los 70.

En Agropoli el mar también es claro y transparente. Es una delicia poder bañarse en sus playas. De hecho, lo he visto más parecido a Croacia y a la isla de Hvar. Un lugar donde quedarse y olvidarse del largo invierno alemán.

Siguiendo la Ruta del Sol

Tras Montañita nos dirigimos a uno de los pueblos en lo que dicen es el trozo de costa más bello en Ecuador, aquella que se encuentra entre Montañita y Puerto López. Así al azar elegimos el tranquilo y rústico pueblo de Ayampe, en el que queríamos pasar sólo un par de días y al final estuvimos toda una semana.

 

Tras dar una pequeña vuelta nos inclinamos por quedarnos en las cabañas de La Iguana (¡y vimos iguanas en el jardín además de colibrís!). No solamente la habitación estaba muy bien, tienen cocina en el bonito jardín y el trato es estupendo. Nos traían además las papayas y maracuyás de los árboles del jardín.

El alojamiento junto con otros pocos que se encuentran contiguos se situa muy cerquita de la playa. Y Ayampe disfruta de una playa increible. Agreste pero apta para el baño. El agua está como no, calentita y no hay basura en la playa. Un paraíso al que nos gustaría volver algún día.

No hay mucho más que decir. El viaje ha adquirido un ritmo mucho más tranquilo y placentero. Todos los días pescado y marisco (gambas o calamares), siestecita en la hamaca, baño y paseito por la playa. Sólo un día nos escapamos al pueblo de Salango y cruzamos hasta la isla con el mismo nombre, e hicimos un poco de snorkle, aunque este no fue nada espectacular.

Máncora


El altiplano ha quedado atrás. Tantas horas en bus nos ha dejado exhaustos y no queremos ya más bulliciosas ciudades. El tiempo de viaje restante es una cuenta atrás y tenemos ganas de descansar, sol y playa. Máncora, al norte de Perú, muy cerquita de Ecuador es un lugar perfecto para ello. Recomendamos el hostal La Casa Naranja y no recomendamos para viajar la compañía Cifa.

Imagino que no hace falta explicar qué hemos estado haciendo en Máncora. La foto lo sugiere todo.


Rügen

Rügen es una isla donde impera una luz brillante y blanca como la arena de sus playas. El mar es azul y los bosques son de color verde intenso. En verano la brisa sopla suave y el mediodía es el mejor momento para tomar el sol y escuchar el sonido del mar.

Es la mayor isla de Alemania. Situada en la costa báltica muy próxima a Polonia. Dentro de Alemania es uno de los mejores destinos túristicos para el verano y uno de los favoritos para los alemanes. ¡Es raro estar en la playa y ser el guiri!

Aprovechando que tengo un mes de “vacaciones” en Berlín y que la primera semana de agosto pintaba buena en la costa báltica o en el Ostsee como lo llaman los alemanes, nos cogimos un tren a la costa aprovechando la oferta que hace la compañía de trenes alemana a los berlineses con el ostsee-ticket: ida y vuelta por sólo 40 €. Como ya he contado aquí, ya había estado en una isla del Báltico pero mucho más pequeña y realmente diferente.

Viendo el verano que estamos teniendo en Berlín que más que verano parece un otoño, unos días de playa y sol han venido bien para relajarse y tomar algo de color. Fuimos con la idea de hacer mucha bicicleta y paseo pero al final el tiempo fue mucho mejor de lo esperado y lo pasamos casi todo el tiempo en sus bonitas playas. Eso sí, siempre en bicicleta. Alquilarlas resultaba bastante barato, por menos de 10 € se tenía una bicicleta para todo un día.

Esta foto es haciendo el tonto en momento Nouvelle Vague: viento en la cara, jersey a rayas, pantalones cortos y pies descalzos en la arena blanca. Realmente la playa con esa luz tan blanca parecía una escena de película.

Si alguien va a la isla no se puede perder el Parque Nacional Jasmund o Jasmund Nationalpark. Está al noreste de la isla y sin minusvalorar el bosque que lo compone, lo que realmente destaca son sus acantilados de tiza. Nosotros por desgracia no tuvimos mucho tiempo para verlos pero merece la pena pasearse por debaje de ellos durante horas.

Y finalemente los famosos acantilados

En esta ocasión no he tomado yo las fotos. Fue la cámara de Nico la que captó todas estas instantáneas deRügen. Un lugar mágico, donde todo tiene distintos puntos de vista…