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Ischigualasto y el Valle de la Luna

Jorge volvía a su casa en San Juan el domingo y se ofreció a llevarme con él. El paisaje desde la carretera fue espectacular, pero lo siento, no hay fotos. Son esos paisajes y momentos que sólo quedarán en mi memoria y en los libros. Jorge además me invitó a pasar la noche en su casa, antes de que partiera a San Agustín del Valle Fértil y me llevó a casa de un amigo suyo, que nos ofreció un asado increible en una bonita casa de adobe a las afueras de la ciudad.

Así tras llenar bien la panza de carne y descansar bien en el apartamento de Jorge me dirigí a San Agustín del Valle Fértil. Esta es una localidad en el norte de la provincia de San Juan y que sirve de entrada a muchos viajeros y turistas para visitar los parques nacionales de Ischigualasto y Talampaya. Mi intención era visitar los dos parques, pero por azar del verano pillé días de lluvia en un lugar donde nunca llueve. Días atrás los parques habían cerrado, pues son terrenos tan arenosos que al poco que llueva ya se hacen impracticables para los vehículos (los dos parques se ven con vehículo, no es posible hacer excursionismo en ellos). Por suerte ya se habían secado y salí en una excursion organizada hacia los dos parques pues no tenía otra alternativa.

El primero era el Parque de Ischigualasto, más conocido por el Valle de la luna, una parte del mismo que le ha dado la fama. En el parque, además de disfrutar de formas geológicas partículares y de un paisaje que recuerda a la luna, se hallán cientos de fósiles de dinosaurios, que todavía siguen encontrando e investigando. Allí se ha encontrado el dinosaurio más antigüo.

Lo normal hubiera sido que hiciera una temperatura de unos 40 grados, pero estaba nublado y casi hacía frío. Con sol seguro que hubiera sido todo mucho más espectacular pero aún así había unos paisajes que quitan el hipo.

El lugar es realmente muy especial y tal como decía el guía hay una energía muy particular. Es una pena que la única manera de visitar el parque sea en vehículo y con un guardaparques a la cabeza de la caravana y escuchando sus explicaciones. Es realmente un lugar para estar sólo o con poca gente y disfrutarlo con mucha calma. Yo personalmente con el tour no lo he disfrutado mucho, en parte por esta frustración que he sentido, pero tampoco tenía otra alternativa.

El nombre del Valle de la Luna viene evidentemente del aspecto lunar que tiene el paisaje.

En el Valle de la Luna se encuentra una particularidad geológica, la cancha de bochas. Son granos de arena cementados en forma circular, en algunos casos unidos y que no se ha llegado a entender plenamente cómo han sucedido.

Al mediodía empezó a llover muy fuerte, por lo que se canceló la excursión al parque de Talampaya, y probablemente iba a estar cerrado por un día o dos más con todo lo que había caído. Así que no quedaba otra que volver a casa, lo cual nos costó como unas tres horas por los torrentes de agua que estaban cruzando la carretera de vuelta al pueblo. La furgoneta y decenas de coches tuvimos que esperar por unas dos horas a que el agua remitiera y poder cruzar la carretera. Todo un panorama.

Como no habíamos hecho las dos excursiones, la agencia Vesa nos tenía que devolver parte del dinero. En cuanto a mí no hubo ningún problema y me reintegraron lo que tenían que devolver. Pero con nosotros había un grupo de dos parejas de Buenos Aires, a los que realmente les sacaron mucho dinero y luego no les quisieron devolver el dinero que deberían. Tuvieron una fuerte pelea y aunque se quejaron a la oficina de turismo e hicieron una denuncia, no sirvió de nada. Pero claro en estos pueblos tan pequeños uno nunca sabe cuales son las relaciones entre ellos y sus intereses.

Todo el asunto me dió que pensar, y es que en el pueblo sólo hay dos agencias oficiales que hacen las excursiones. Cuando uno pregunta en la oficina de turismo sólo recomiendan estas dos. Sin embargo, hostales y otras personas organizan en cierta manera las excursiones, de manera un poco clandestina clandestina. Pero estas dos agencias oficiales no emiten facturas y tampoco tienen una lista oficial de precios (con la disputa nos encontramos que a cada uno le cobraron cantidades diferentes) y yo me pregunto, ¿qué de oficial tiene esta agencia y que la diferencia de cualquier otra persona que se ofrece a hacer la excursión? Todo apunta a que hay muchos intereses personales involucrados. Y es que este es un problema de Argentina, que no se emiten facturas en muchos lugares y no hay tarifas oficiales, por lo que ocurre que en muchos lugares según la cara que tengas te ponen un precio u otro.

Y de aquí a mi siguiente etapa: a Salta, donde el viernes me voy a encontrar con Nicola, mi compañero de viaje por los siguientes meses.

Barreal

Tras resolver el problema de cómo llegar a Barreal en el valle de Calingasta, me dirigí al camping municipal del pueblo. Me querían cobrar una burrada por lo que me largué de allí y me fui al hostel, que me cobraba lo mismo que el camping y encima iba a estar mucho más cómodo. No fue ninguna mala idea pues lo pasé genial los tres días que estuve allí y me relacioné con mucha gente.

Entre otros conocí a Jorge, que aunque se estaba encargando del hostel solamente por un par de días, ya que su amigo el dueño se había tenido que ausentar. Jorge había vivido en España y según sus palabras quería recibirme bien por lo bien que le habían tratado a él los españoles. Me llevó de paseo con su coche por el pueblo, me enseñó la casa en la que había vivido y donde solía sentarse a ver los atardeceres.

Me llevó también a la pampa de El leoncito, una superficie totalmente plana que debió ser el fondo de un lago o de un mar.

Allí se practica el carrovelismo, algo que sólo se puede hacer allí y en Australia. Aunque parece muy excitante desde afuera luego realmente no iba tan rápido, pero podría haber sido porque ese día no hacía suficiente viento.

Por mi cuenta visité también el cerro Alkazar, una montaña que parece un castillo y toma su nombre del palacio de origen árabe de Sevilla. Tuve la buena idea de hacerlo al mediodía, por lo que casi muero en el intento del calor que hacía.

Y también visité los escalones, desde donde se tenía una bonita vista del valle.

Gracias a Jorge y los demás que pararon por el hostel disfruté de un suculento asado y de unas empanadas muy ricas. Y el sábado salí de “joda” con Jorge, que era la fiesta de los enamorados. Una fiesta que el pueblo se ha sacado de la manga porque tienen un paseo que en un tiempo estuvo todo cubierto de sauces y que se llama El paseo de los enamorados.

Los ajos confitados de Barreal, son también una verdadera delicia.