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Tag: torres del paine

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Torres del Paine II

Los Andes son unas montañas bastatne jóvenes en comparación a los Alpes o a los Pirineos. De allí que unas montañas tan escarpadas como Las Torres del Paine estén en el extremo sur de la cordillera, tan cercanas al mar y a la llanura, y sean de tan fácil acceso.

El trecking que realicé era un “paseo” alrededor de estas montañas. Para explicarlo un poco mejor, era como hacer un semicírculo, y además uno se adentraba en dos valles para tener una mejor vista de las paredes rocosas. De allí que se le llame el circuito de la W. También es posible dar una vuelta completa, pero el nivel es ya más avanzado y se tarda entre siete y nueve días.

El desnivel y la dificultad del camino era poca, pero se hacía complicado cargar con tanto peso, sobre todo los primeros días. Además yo no estoy acostumbrado a caminar tantos días eguidos, y eso mis piernas también lo notaron.

Había mucha gente realizando el trecking al mismo tiempo. Uno aunque fuera sólo siempre estaba acompañado. Además los caminos estaban perfectamente señalizados y es imposible perderse. Personalmente tenía la sensación de estar en los Alpes pues la gran mayoría eran suizos, alemanes, franceses, estadounidenses y holandeses. Todos hablaban alemán o inglés pero uno al cruzarse siempre se saludaba con un “hola”, “grasias” y “de nahda”.

Yo conocí a Sarah, de Suiza, e hice con ella el trecking y refresqué un poco mi alemán. Cuando íabamos con la mochila caminábamos al mismo ritmo pero cuando no ella era mucho más rápida que yo. Pero siempre me esperaba donde acordábamos y comíamos y cenábamos juntos. El útlimo día lo compartimos también con un japonés que lleva siente meses de viaje or el mundo y ha vistado ya como 20 países: Shin, o algo así.

En cuanto a la comida, mi idea inicial era comer todo frío y no llevé conmigo ningún camping gas. Así fue mi primera cena:

Luego por suerte, al adjuntarme con Sarah, me procuró comida caliente y agua para hacer té a la noche. Juntábamos su comida y la mía y hacíamos cenas mucho más sustanciosas. El té por la tarde, justo antes de ir a dormir es lo que más triunfaba, especialmente si se acompañaba de vistas como esta:

La mayoría de la gente había alquilado la mayor parte del equipo de montaña. Todo el mundo había conseguido su tienda de campaña o en el hostel o en sitios dedicados a alquilar el material. Yo sin embargo, cuando preparé mi mochila tomé la decisión de llevar mi tienda de campaña. No solamente para esta ocasión claro está, si no para hacer camping en Argentina y Chile y abaratar los costes de alojamiento. Era la primera vez que usaba la tienda de campaña, y justamente en una zona donde el tiempo puede ser muy agresivo, por lo que no podía quitarme cierto temor de encima de que iba a quedar más mojado que una sopa alguna noche. Por suerte todo fue bien, no pasé frío y tampoco me mojé (aún tiene que pasar la prueba de fuego de sobrevivir a un buen chaparrón). Mi tienda ultraligera y unipersonal, se ha comportado a la altura.

Además de disfrutar de los paisajes que subí en el anterior post disfruté mucho contemplando la vegetación formada principalmente por lengas, notros y calafates, totalmente nuevos para mí y algunos animales como zorros y águilas.

Tras descansar la primera noche de vuelta en Puerto Natales, volví el domingo a Punta Arenas con Oskarina y Pepe. La verdad es que me han tratado como a un rey, y depués de cinco días como los vividos, llegar a una casa y que te den tan bien de comer y una cama tan confortable es una bendición. Después de pasar un par de días de descanso, mañana martes parto hacia Ushuaia, en La Tierra del Fuego. Allí acaba el mundo, o como algunos dicen, allí empieza.

Torres del Paine I

Durante esta semana he estado en el Parque Nacional de Torres del Paine, en la cercanía de Punta Arenas. El lunes tomé el bus que me llevaba a Puerto Natales desde donde los visitantes al parque se preparan para sus excursiones. Allí compré todos los víveres que me hacian falta y me informé sobre la famosa ruta de la W, que se realiza normalmente en unos cinco días.

El martes bien temprano por la mañana nos recogía a mí y a unas chicas holandesas que estaban en mi mismo hostel un autobús que nos llevaba al parque que estaba al ladito (digamos unas dos horas de transporte) y nos dejó junto con una gran horda de europeos ávidos de jartarse a caminar por la montaña  en la Laguna Amarga, a la entrada del parque. Allí tomábamos un minibus que nos llevaba al Refugio Torres, desde donde empezábamos la gran mayoría nuestro ansiado trecking de cinco días. Y es que las vistas que nos esperaban iban a ser de infarto:

Día 1

Lleno de emoción uno empieza a caminar hacia el refugio chileno, donde yo iba a hacer noche. Cargaba con mi gran mochilón en el que se incluía mi tienda de campaña, saco y esterilla además de la comida para los próximos cinco días. Un camino bastante fácil se hacía harto pesado debido al peso. Pero las ganas y la expectación podían con todo.

Tras poder dejar mi mochila y montar mi tienda de campaña en el campamento podía subir sin dificultad hasta el mirador de las Torres del Paine. Primero había que caminar por un bonito bosque donde la luz se filtraba por las hojas y el verde relucía brillante.

Para llegar finalmente al mirador donde uno podía quedarse horas contemplando la magnificencia de estas paredes gigantescas.

Día 2

Tras haber bajado de nuevo al campamento chileno y haber descansado a la lumbre de la chimenea uno se despertaba con el día más duro de todos por delante. No tanto por la dificultad del camino sino porque había que cargar con todo el peso durante todo el día. Todavía quedaba bastante comida por consumir, por lo que el peso seguía siendo demasiado.

Durante todo el camino uno podía contemplar un maravilloso lago turquesa a la izquierda.

Y parte de las hermosas Torres del Paine a la derecha.

Día 3

El segundo día culminaba en el campamento italiano. Desde allí partía el tercer día con la mochila pequeña a recorrer el Valle del Francés.

El camino ya era más abrupto pero recompensaba poder ver las torres que se avistaron el primer día desde el otro lado.

Y a la izquierda nuevamente un impactante paisaje de nuevas paredes verticales colosales.

Tras comer en el mismo lugar donde uno había acampado, había que cargar de nuevo con todo el equipaje para llegar hasta el siguiente refugio, Paine Grande. Mientras caminaba lentamente debido al dolor que había aparecido en mi rodilla derecha, si uno echaba la mirada atrás podía ver lo siguiente.

Día 4

Partiendo ya desde el Refugio Paine Grande uno remontaba de nuevo para cumplimentar el final de la W, en dirección al Refugio Grey, que toma su nombre del glaciar que lo acompaña. La mochila pesaba ya mucho menos pues quedaba poca comida ya, el dolor en mi rodilla no era tan problemático si caminaba despacito y la vista inicial ya indicaba que el glaciar que se divisaba a lo lejos no era un trocito de hielo.

Si no un buen trozaco del que no se divisaba el fin. Subiendo más arriba del refugio Grey se puede llegar al Campamento Los Guardas, donde iba a pasar mi cuarta noche. Allí me quedé para contemplar el atardecer y el amanecer, que debido a las nubes no se pudo observar con toda la espectacularidad que merecía.

Este es el barco que acerca a los turistas para que puedan ver de cerca el glaciar. Yo me quedo con la vista que tenía desde la montaña, pero que sirva para apreciar las dimensiones que tienen las paredes de hielo.

Día 5

El último día amanecía y aunque todo era precioso y los bosques donde se acampa me encantaban, uno empezaba a tener ya ganas de comer un buen filetaco de carne. También tocaba la parte más ligera de todo el trecking, volver al Refugio Paine Grande para tomar un barco y luego el bus a Puerto Natales.

La vista igualmente era bonita pero nada en comparación a lo visto antes.

La verdad es que he acabado bastante cansado. Nunca había caminado tantos días seguidos ni con tanto peso a la espalda. Pero sin duda que merece la pena todo el esfuerzo. Eso sí, ¡me hacen falta días para recuperarme!

Desde el catamarán se tenía mejor perspectiva de todas las peñas. Un buen broche final para los cinco días de esfuerzo y goce en el parque. ¡Aunque nada como estar cerca de ellas!

Las cámaras siempre se quedan cortas para reflejar los paisajes que representan, especialmente cuando las hace un aficionado como yo con su camarita compacta, pero espero que se perciba en estas fotos lo espectacular del paisaje y la unicidad que caracteriza a esta joya de Chile.


Punta Arenas

Este fin de semana lo he pasado en Punta Arenas, la ciudad más importante de la región magallánica y antártica chilena.

He sido acogido por Oskarina y Pepe, los tíos de mi amiga Tania. Se han portado increiblemente bien conmigo. Son unas personas fabulosamente amables, generosas y hospitalarias. Además de haberme acogido en su casa y llevado de paseo, me están ayudando a planear mi ruta y a prepararme para la aventura que me espera esta semana en Las Torres del Paine.

Viven en una linda casita junto al mar, el Estrecho de Magallanes, y a lo lejos se divisa La Tierra del Fuego.

Además de ellos dos, en la casita viven con sus dos hijos de tres y cinco años, un poco revoltosillos pero los dos muy divertidos. Como dice Oskarina, uno se puede agotar pero nunca aburrir con ellos. Uno no para de reír, por lo que además de haber conversado con Oskarina y Pepe, haber visto la ciudad y algo de sus alrededores he jugado con ellos.


La ciudad de Punta Arenas, que vivió tiempos de oro cuando vivían de la lana, vive ahora principalmente de la petroquímica y del turismo. Y es que la ciudad está cerca del Parque Nacional de las Torres del Paine, al que me dirigiré el martes para pasar varios días. Y este es sólo uno de los atractivos de la zona.

De alguna manera, al pasear por las calles sus casas me recordaban al norte de Alemania o a pueblos daneses y noruegos. Con sus casitas bajas de madera y pintadas de colores.

Además de haber estado viendo pingüinos, de los que hablaré en otra entrada, he estado en un fuerte que construyeron los primeros españoles que trataron asentarse aquí. Hubo mucho muertos entre los primeros colonos, pues las tierras son inhóspitas y no producen mucho alimento. Lo que extraña es que siendo gallegos la mayoría, ¿cómo es que no pescaban marisco siendo que aquí hay tanto? Se trata del Fuerte Bulnes, en el Parque Rey Don Felipe.

La construcción no es gran cosa y tampoco se podía esperar mucho, pero el lugar donde está es bien bonito y uno siente que los andes están llegando a su fin para dar paso al mar.